Después de haberte presentado a las estrellas de la gran pantalla y de la canción, FIFA.com se interesa en esta segunda entrega por los políticos (ellos... ¡y ellas!) y por los deportistas que tienen puesto un ojo en su disciplina y el otro en el equipo de fútbol de su corazón.
El corazón, precisamente, los pilotos de Fórmula 1 deben de tenerlo a prueba de bomba cuando ruedan a más de 300 km/h. Y cuando no están sobre la pista, vibran en los estadios animando a su equipo de fútbol. Así, las discusiones se avivan cuando se juntan Giancarlo Fisichella, seguidor del AS Roma, y Fernando Alonso, admirador del Real Madrid, mientras que los pilotos brasileños podrían organizar un caldeado "clásico paulista" en el paddock entre Felipe Massa, con la camiseta del São Paulo, y Rubens Barrichello, luciendo la del Corinthians. El triple campeón del mundo Ayrton Senna también profesaba una intensa pasión por el Timão, y los torcedores se la devolvían con creces. Al anunciarse su muerte, en pleno partido, corearon con toda su alma el nombre del campeón.
Eso ocurrió en 1994, un año en el que el título mundial iba a recaer en Michael Schumacher. Además de un talento fuera de serie, el alemán posee un punto en común con el brasileño: el amor por el balompié y por su club, el Colonia. Desde su más tierna edad, Schumi tenía un buen motivo para animar a los Geißböcke. "Admiraba locamente a ‘Toni' Schumacher, nuestro guardameta de la selección, ¡y les hacía creer a mis amigos que era mi tío!", admitió el piloto ya retirado. En la actualidad, Michael, después de haberse labrado un nombre, ha encontrado una nueva forma de apoyar a su club. En efecto, ha hecho un donativo de 900 euros al Colonia para ayudar a financiar el fichaje de otro ídolo local, Lukas Podolski, que dejará el Bayern de Múnich para volver al redil a final de temporada.
Cuando Guga encontró a Lula
A imagen de la F1, los tenistas no dudan en hacer públicos sus colores futbolísticos cuando dejan guardada su raqueta. Permanezcamos en Alemania, donde Boris Becker, como Schumacher, está muy implicado en la vida de su equipo de fútbol, en este caso el Bayern de Múnich. El triple campeón de Wimbledon calculó habérselo pensado "alrededor de tres segundos" cuando Franz Beckenbauer le pidió incorporarse al consejo de administración del cuadro bávaro. El español Rafael Nadal, mientras tanto, es una muestra de que el amor por un club puede ir más allá de los valores familiares. El actual nº 1 mundial es un hincha declarado del Real Madrid, pese a ser el sobrino del ex futbolista Miguel Ángel Nadal, leyenda del FC Barcelona...
El brasileño Gustavo Kuerten, a su vez, es un especialista de la tierra batida pero también un incondicional de la hierba del Estadio da Ressacada, en su ciudad natal de Florianópolis. Allí juega el Avai FC, modesto club del Estado de Santa Catarina que regresa esta campaña a la primera división, un resultado al que Kuerten no es totalmente ajeno. "Guga nos ha estado apoyando todo el año", señalaba a FIFA.com el entrenador del Avai, Paulo Silas, tras consumar el ascenso. "Venía al final del entrenamiento todas las semanas para jugar al dominó con los jugadores". Además de su proverbial buen humor, Guga aporta también su respaldo financiero al Leão da Ilha ("León de la isla").
Entre sus actividades de deportista recientemente retirado, Kuerten se ha convertido en asesor del presidente Luiz Inácio "Lula" da Silva. Sin duda, ambos tendrán muchas cosas que decirse cuando el Avai se enfrente al Corinthians. No en vano, el jefe de estado brasileño es un incondicional del Timão y no desaprovecha ninguna ocasión para gritarlo a los cuatro vientos. Tras haber recibido una camiseta que llevaba estampado su nombre cuando se convirtió en miembro honorífico del club, Lula hizo lo propio a la atención del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, con motivo de una cumbre que reunió a varios líderes políticos sudamericanos.
Evita de Banfield, Angela del Cottbus
En Argentina, los más ancianos recuerdan la historia de amor entre el matrimonio presidencial, Juan y Eva Perón, y el fútbol. El presidente argentino, hincha acérrimo de Racing de Avellaneda, tuvo que resignarse a ver cómo su esposa, en un principio simpatizante de Estudiantes, se encariñaba con Banfield. Para añadir más morbo al ambiente entre la pareja, el campeonato de 1951 deparó que Banfield y Racing se disputasen el título. Los dos clubes, incapaces de despegarse al concluir la campaña liguera, tuvieron que entablar un desempate. A pesar del apoyo de Evita, El Taladro acabó siendo derrotado por La Academia, animada por su presidencial marido.
Medio siglo más tarde, al otro lado del Atlántico, otra dama política aparece como una gran amante del deporte rey. La alemana Angela Merkel es, desde luego, la primera seguidora de la selección nacional, llegando incluso a confesar una pequeña debilidad por Bastian Schweinsteiger. Pero en el fútbol de clubes, su corazón late por el modesto Energie Cottbus. La canciller germana, originaria de la Alemania del Este, se ha convertido en miembro honorífico del único club de la antigua RDA presente en la máxima categoría. "El Cottbus debe permanecer en primera división", deseó Merkel al recibir su camiseta personalizada. "Como nueva miembro de honor, cruzo los dedos para que así sea".
Al otro lado del Rin, el presidente francés Nicolas Sarkozy acude regularmente al Parque de los Príncipes para animar al París Saint-Germain, mientras que en Italia, el jefe del gobierno, un tal Silvio Berlusconi, es nada más y nada menos que el presidente del AC Milan. Y si el presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, no oculta su simpatía por el FC Barcelona (en contraposición al madridismo de su predecesor José María Aznar), en Inglaterra, cuando el primer ministro Gordon Brown sucedió a Tony Blair, era un seguidor del modesto Raith Rovers escocés el que sustituía a un hincha de las Urracas del Newcastle inglés. En cuanto al West Ham londinense, su aficionado más célebre se encuentra... ¡en la Casa Blanca! En efecto, el nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, es seguidor de los Hammers desde que hizo un viaje a Inglaterra en 2003.
