Sin estridencias ni oropeles, el fútbol italiano está cambiando. Los cambios afectan a los clubes, pero también a la selección nacional. Marcello Lippi está probando nuevas fórmulas con la Nazionale, con el objetivo de incorporar nuevos talentos, sobre todo ofensivos, y clasificar a los campeones del mundo para la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010.
En cuanto a los clubes, eliminados la temporada pasada en los octavos de final de la prestigiosa Liga de Campeones de la UEFA, parecen inspirarse cada vez más en la filosofía de Josep Guardiola. El anuncio de esquemas tácticos más ofensivos rompe con la tradicional imagen estereotipada del rigor defensivo que el calcio lleva adherida a su piel.
Nueva hornada de entrenadores
La eclosión de una nueva generación de entrenadores ha favorecido este cambio precisamente ahora que los técnicos más reputados del país ya no se ocupan de los asuntos de la liga nacional. Giovanni Trapattoni, Fabio Capello y Marcello Lippi dirigen respectivamente las selecciones nacionales de la República de Irlanda, de Inglaterra y de Italia, mientras que Carlo Ancelotti ha comenzado una nueva etapa de su carrera en el Chelsea londinense.
El golpe maestro que dio el FC Barcelona la pasada campaña, con el estreno triunfal de Guardiola en el banquillo, ha inspirado con fuerza al AC Milan, que esta temporada hace debutar como técnico profesional a su ex jugador Leonardo, de casi 40 años. El Juventus, por su parte, ha confirmado en su puesto a Ciro Ferrara, de 42 años, una decisión altamente valorada por su ex compañero de equipo en el Nápoles, un tal Diego Armando Maradona.
Por su parte, el portugués José Mourinho inicia una nueva campaña en el banquillo del Inter con un objetivo muy definido: reencontrarse con la victoria en la Liga de Campeones, 44 años después del último triunfo nerazzurro, es decir, dos años después de que naciera Mourinho.
Luciano Spalletti, de 50 años, emprenderá a su vez su quinta temporada al frente del Roma, al igual que Cesare Prandelli, de 52 años, en el Fiorentina (dos técnicos que abogan por un juego volcado en ataque). Hay que destacar asimismo la confirmación en el Nápoles de Roberto Donadoni, de 45 años, con una disposición de su equipo muy ofensiva, en un 3-5-2.
Una liga prolífica
Al mencionar la palabra calcio, se asocia generalmente la rima de catenaccio ('cerrojo'). A semejanza de Helenio Herrera con el Inter de los años 60, los Azzurri siempre se han apoyado en sólidas bases defensivas, para golpear mejor a la contra. Sin embargo, desde hace varias temporadas, el fútbol italiano ya no tiene nada que envidiar a otros campeonatos en cuanto a espectáculo, como demuestran las estadísticas. En el ejercicio 2008/09, se marcaron nada menos que 988 tantos en la Serie A; es decir, a una media de 2,60 goles por encuentro. Entre las cinco grandes ligas del Viejo Continente, la italiana ocupa la tercera posición por detrás de la alemana (894 tantos marcados en un campeonato con 18 equipos) y de los 1.101 goles de la española (lo que supone un promedio de 2,90).
Contrariamente a las ideas preconcebidas, la Serie A, por consiguiente, es más prolífica que las ligas de Inglaterra (942 goles, con una media por partido de 2,47) y de Francia (858 dianas; a un promedio de 2,25).
Competencia en ataque
Varios aspectos pueden explicar esa evolución. El hecho de que jugadores y entrenadores italianos salgan al extranjero mucho más que antes ha influido, sin lugar a dudas, en las elecciones tácticas del balompié nacional. Pero sobre todo, el fútbol italiano ha tenido que lidiar con la eclosión de una generación de delanteros de gran talento mientras, al mismo tiempo, tenía dificultades para sustituir a los "monumentos" de su defensa, como Franco Baresi y, entre otros, Paolo Maldini.
En el ataque de la Squadra Azzurra, Marcello Lippi tiene actualmente el bendito problema de que hay mucho donde elegir. Tras ser titular indiscutible durante mucho tiempo, el potente Luca Toni, de 32 años, debe hacer frente a una competencia cada vez más fuerte, con, entre otros, Alberto Gilardino, Vincenzo Iaquinta, Fabio Quagliarella o el benjamín de todos, Giuseppe Rossi. Y lo mismo pasa en la medular, donde encontramos una mayor cantidad de centrocampistas ofensivos que de recuperadores, entre los que Gennaro Gattuso casi pasa por un caso aislado.
Así, el fútbol italiano se va transformando con tranquilidad, sin perder nada de su eficacia. No en vano, especialmente entre los clubes, a veces los viejos reflejos vuelven a aflorar a la superficie. Por lo demás, es probable que el Juventus de Ferrara, quien fuera un defensa algo brusco, no se lanzará al abordaje a toda vela. Pero Marcello Lippi es el primero que sabe que la época del catenaccio ya pasó, y que ahora hace falta marcar más goles que el rival, y ya no encajar menos, si se quiere revalidar el título mundial en Sudáfrica.
