En el fútbol se han escrito multitud de epopeyas que narran historias de superación y el triunfo de los más humildes. Una de las más recientes, la conquista del campeonato de la MLS 2009 que ha protagonizado el Real Salt Lake, pertenece al grupo de las más fantásticas. En la recta final de la temporada regular, los hombres de las Montañas Rocosas no poseían más que un registro de derrotas, pero se las ingeniaron para pasar con lo justo a las eliminatorias y labrarse el camino hacia el éxito. En ellas, representaron el papel de víctimas ante el defensor del título, el Crew de Columbus, un Fire de Chicago cuajado de estrellas y, por último, en el partido decisivo, ante la constelación del Galaxy de Los Ángeles, el club galáctico de la liga estadounidense.
Al final de la batalla, el humilde representante de Utah, el contendiente al que todos los rivales habían puesto en evidencia desde su debut en el campeonato en 2005, enarboló como estandarte el trofeo más codiciado del fútbol nacional, mientras hombres de la talla de Landon Donovan o David Beckham mordían el polvo. El triunfo daba testimonio del espíritu combativo y de la cohesión de esta formación en todas sus líneas, de su entrega al ideal compartido y, por encima de todo, de los sobrios valores, esfuerzo, trabajo y tesón, que ha inculcado al equipo su entrenador, Jason Kreis.
“En nuestro caso, se trata de una gran gesta”, ha declarado a FIFA.com el ex capitán y actual técnico del Real Salt Lake, de 36 años, el primer jugador al que fichó el club. “Muchos nos habían descartado completamente, mucha gente estaba segura de que no teníamos ninguna posibilidad. Cuando, hace dos años, empecé a trabajar como entrenador del equipo, planeamos al detalle el camino que queríamos seguir y la forma de recorrerlo. Este título demuestra que el plan nos está saliendo muy bien”, añade Kreis.
Cambio de filosofía
Ahora todo está saliendo bien en Sandy (Utah), pero no fue así durante las primeras tres temporadas que disputó el club. El Real Salt Lake terminó último o penúltimo de la tabla en 2005, 2006 y 2007, con un Kreis cargado de años y de lesiones como su principal artillero y figura. El equipo se había convertido en el blanco de las bromas de las aficiones rivales. “Cuando accedí al cargo, adoptamos una filosofía muy sencilla: el equipo era la gran estrella”, revela Kreis, quien por primera vez clasificó al Salt Lake para la fase eliminatoria en 2008, durante su primera temporada como entrenador. “Decidimos que no compraríamos jugadores de gran renombre. En lugar de eso, nuestros propios jugadores conquistarían gran renombre con los triunfos del equipo. No fichamos a los mejores futbolistas, sino a futbolistas muy buenos, e hicimos que compitieran semana tras semana por la titularidad”.
Después de haber visto cómo derrotaba el equipo a la élite de la MLS en la angustiosa y desgarradora batalla por el primer título de la historia del club, las teorías y métodos de entrenamiento que defiende Kreis adquieren tintes de genialidad. Excelente preparación física, cohesión inquebrantable y combatividad son sus bazas ganadoras. Hombres como Kyle Beckerman, el bajito guardameta Nick Rimando, Nat Borchers y Clint Mathis, el ex creador de la selección estadounidense, han probado juntos las mieles de un éxito que jamás habrían podido alcanzar individualmente. “Estábamos muy cómodos en el papel de cenicienta que nos adjudicaron en la fase eliminatoria”, añade Kreis, el primer futbolista nacido en Estados Unidos que recibió el premio al mejor jugador del año de la MLS. “Para meternos en las eliminatorias nos vimos obligados a ganar tantos partidos al final de la temporada regular, que ya nos sentíamos tan a gusto con la tensión de la lucha por la supervivencia. Nos traía sin cuidado que los rivales nos dieran por muertos. Al contrario, dejábamos que siguieran pensándolo. Acabó gustándonos la etiqueta de aspirantes sin posibilidad ni esperanza”.
“Para cuando llegó el momento de enfrentarnos al Galaxy, sabíamos que estábamos a su altura. Ellos tenían multitud de estrellas; nosotros, mejor equipo”, comenta el joven técnico que ha conquistado para Utah el primer título del deporte profesional que se adjudica el estado desde la liga ABA de baloncesto en 1971.
Kreis, autor de 91 goles en las ocho temporadas que pasó en el Dallas Burn (actual FC Dallas), era el hombre perfecto para conjuntar una banda tan variopinta. Sus cualidades como jugador fueron de lo más prosaico: velocidad, una zurda mortífera, poderío físico y un fino olfato de gol. Los seleccionadores Steve Sampson y Bruce Arena pasaron por alto sistemáticamente a este oriundo de Omaha (Nebraska), que tan sólo jugó 14 partidos con el combinado nacional y jamás participó en una Copa Mundial de la FIFA. Kreis perteneció a ese tipo de futbolistas combativos que, por regla general, acaban convertidos en grandes entrenadores. “Siempre supe que quería ser entrenador”, manifiesta el técnico que estableció un récord en la MLS cuando accedió al cargo a la edad de 34 años. “Para conseguirlo trabajé con ahínco durante mis últimas temporadas en activo, antes de colgar las botas, y me saqué los correspondientes títulos. Siempre me fijaba con mucha atención en lo que hacían mis entrenadores y me planteaba qué habría hecho yo en su lugar”.
La conquista del huidizo trofeo
Su cita con el destino se produjo la noche del 22 de noviembre en la fría Seattle. Tras una maratoniana tanda de penales contra el Galaxy, Kreis levantó por fin el trofeo que le había sido esquivo durante sus once años de jugador: la Copa de la MLS. “Cuando jugaba, ni siquiera llegué a la final”, comenta, consciente de que su sagacidad e ingenio han prevalecido sobre las del entrenador del Galaxy, Bruce Arena, aquel seleccionador que tantas veces había borrado su nombre de la lista de convocados. “Es sensacional ganarlo como entrenador. La emoción es maravillosa. Indescriptible”.
El ambicioso Kreis, que ya está pensando en la defensa del título e incluso ha visitado Argentina para ojear talentos, no se conformará con un único triunfo. Con la misma resolución con la que antaño quebraba defesas y armaba su zurda letal, el entrenador se ha propuesto alcanzar un viejo objetivo. “El sueño de todo futbolista es jugar con la selección nacional. Yo lo logré, pero nunca fui a un Mundial”, confiesa a modo de conclusión. “Ahora tengo otro sueño: entrenar a la selección absoluta de Estados Unidos. Puede que así consiga llegar algún día a la Copa Mundial”.
Conociendo el estilo que se gasta Kreis a ambos lados de la línea de banda, el actual seleccionador, Bob Bradley, haría bien en guardarse las espaldas.
