La Universidad de Chile resultó, casi unánimemente, el equipo sensación de América del Sur en 2011. Entre junio y diciembre, la U logró dos campeonatos nacionales y su primer título internacional, la Copa Sudamericana, que ganó invicta. Detrás de su gran temporada hubo otras estadísticas contundentes, como los 36 partidos que totalizó sin perder o aquel arranque récord del Torneo Clausura con nueve victorias consecutivas. Lo que más impresionó, sin embargo, fue su irrenunciable vocación ofensiva, estilo que le permitió marcar una clara superioridad sobre la mayoría de sus rivales.

En el segundo semestre, por ejemplo, sufrieron su poderío tres colosos como Nacional de Uruguay, Flamengo de Brasil y Liga Deportiva Universitaria de Ecuador, a quienes les ganó con autoridad como visitante en la competencia regional. Su dominio fue tal que, en Brasil, calificaron al equipo como el Barcelona de Sudamérica

En este punto, entonces, resulta inevitable presentar formalmente a Jorge Sampaoli, su entrenador, cuya historia es cada vez conocida en la región. A los 51 años, el técnico es considerado el autor intelectual de un equipo que gusta a propios y extraños. FIFA.com dialogó en exclusiva con él.

Señor Sampaoli, usted arribó a la Universidad de Chile a fines de 2010. ¿En qué momento se dio cuenta que el equipo estaba para grandes cosas?
Sampaoli: Desde el inicio sentíamos que con este grupo de jugadores seríamos un equipo competitivo. A partir de ahí, el tiempo nos fue demostrando que, cuando estaba bien, establecía una amplia diferencia con los rivales. En cualquier escenario, sabía que tenía que jugar de la misma forma, y así lo reflejó tanto en Chile como en la Copa Sudamericana.

Si tuviera que mencionar la principal razón de este ciclo exitoso, ¿cuál sería?
El habernos encontrado con futbolistas que siempre manejaron la convicción del ataque como el argumento principal de juego. Mire, uno no puede potenciar lo que no existe, y aquí había jugadores rebeldes, a los que buscamos inculcarles el ir en contra de preceptos como ‘no se puede jugar igual de local y visitante’; ‘no se puede atacar a los equipos brasileños’; ‘no se puede salir a ganar en la altura’… Acá no sólo fue importante el éxito, sino la forma.

Uno de los paradigmas de esta fórmula es el Barcelona de España. ¿Cómo contextualiza las comparaciones que surgieron en los últimos meses?
En la generalidad, la comparación es imposible, lo sé yo y lo saben todos. Ahora, y repito lo que dije hace un mes: en ciertos partidos, la U tuvo un volumen de ataque incluso superior al del Barcelona en sus mejores momentos. Le doy un ejemplo: al Flamengo, por la Copa Sudamericana, le ganamos 4-0 en Brasil, pero era para ganar por seis o siete goles. Ese encuentro es comparable a cualquiera que haya jugado el Barcelona en lo que marcar diferencias sobre el otro se refiere.

O sea que no hay puntos de contacto…
Es que el Barcelona además se mantiene en el tiempo: hace tres años que es superior a todos y sigue ganando títulos. Nosotros llevamos recién un año haciendo algo similar, ni siquiera igual. Si lo nuestro se extiende temporalmente, quizás ahí podría haber algún punto de contacto... Sí reconozco que, con jugadores de muchísimo menor presupuesto, hemos logrado un funcionamiento que atrae incluso a simpatizantes de otros clubes, algo que también ha logrado el Barcelona.

¿Es ese el modelo a seguir?
Es un modelo a seguir por cómo somete a los rivales con su juego, con la presión constante, con el ataque… Establece una diferencia tal con algunos equipos que ni siquiera otras potencias pueden marcar. Ahora, si usted me dice cuál es el quipo que más me ha sorprendido en el corto plazo, es el Bilbao, porque (Marcelo) Bielsa, recién llegado y con un presupuesto infinitamente inferior, ha logrado cambios notorios en el club.

Esa admiración por Bielsa es una de las cosas que lo define a usted. ¿Qué es lo que lo identifica tanto con él?
Yo tengo una relación casi mítica con Bielsa. A través de su excelencia, defiende una postura de ataque con la siempre me sentí identificado. Yo comparto la idea y la filosofía que están detrás de esa manera de jugar. Además, Marcelo evoluciona constantemente, y jamás perdió su capacidad de convencer a cada uno de sus dirigidos que no es menos que nadie, haciéndolo protagonista aún sin el respaldo de los resultados. Eso también es admirable.

Es extraño que sea considerado uno de sus principales discípulos sin haber trabajado o jugado para él…
Nunca fue un problema. Casilda, mi lugar de nacimiento, quedaba cerca de Rosario, y yo casi ‘convivía’ con él, porque sus grupos de trabajo siempre colaboraron conmigo, aun en la selección. ¡Si hasta tenía charlas suyas grabadas en casetes que oía cuando salía a correr!

Más allá de su dialéctica, su vestimenta o el histrionismo que muestra al dirigir, también parece haber heredado algo de su locura. Lo menciono por aquella fotografía que le valió su primer trabajo rentado…
¡Es cierto! Fue en 1995: yo entrenaba a un equipo amateur en Casilda y me echaron el partido anterior. Al siguiente, como no había tribunas, me subí a un árbol para dar instrucciones. La foto apareció en un diario de Rosario, la vio el presidente de Newell’s, que gerenciaba a un club de tercera, y me ofreció trabajo allí.

Sin embargo, en Argentina no tuvo posibilidades de dirigir, y como otros tantos colegas suyos, encontró el éxito en el exterior. ¿Por qué pasa eso?
Porque en Argentina hay un círculo muy cerrado… Los dirigentes buscan al ex jugador que les evita la crítica al corto plazo, y yo soy todo lo contrario. De hecho, soy casi un entrenador peruano, donde dirigí seis años. Y a pesar de que me fue bien con O’Higgins aquí en Chile y con Emelec en Ecuador, recién ahora me conocen un poco más en mi país.

Momentos atrás hablábamos de romper preceptos. Uno de ellos es que no se pueden ganar la Copa Libertadores y el torneo local durante el mismo semestre. ¿Apostará entonces al torneo internacional?
La idea es concientizar a todos de que uno puede jugar cada tres días con lo mejor que cuenta. El año pasado jugamos 73 partidos y tenemos la convicción de que podemos repetirlo. No estoy de acuerdo con priorizar ahora porque ambas son importantes.

¿Son el gran candidato a ganar la Copa?
No. Lo fuimos en algún momento el año pasado porque alcanzamos un nivel importante, aunque volveremos a serlo si logramos reflejar ese juego otra vez. Pero tenga en cuenta que la Copa es súper competitiva, y que todos se preparan para jugarla. De hecho, la mayoría se refuerza muy bien para este semestre, lo que hace que la calidad de equipos en general sea menor en la segunda mitad del año.

Por último, ¿qué deseo tienen para 2012?
Disfrutar con el equipo lo mismo que en 2011, no sólo en los resultados sino en el juego.