Se dice que un solo jugador no hace un equipo. Pese a la gran verdad que esconde esta máxima, los frenéticos trueques y contrataciones que se han registrado durante el mercado de traspasos del mes pasado responden al convencimiento de que un individuo puede influir en los resultados y cambiar drásticamente las cosas.
Por eso, mientras muchos clubes optaron por aplazar las compraventas hasta el siguiente mercado, otros dedicaron el mes de enero a hacerse con nuevos jugadores, con la esperanza de obtener recompensas inmediatas. Justifican esta aspiración los muchos ejemplos que nos brinda la historia: desde fichajes de mitad de temporada que aportaron la motivación necesaria para conquistar trofeos, hasta aquellos que salvaron a sus nuevos clubes de un descenso seguro.
El rey Eric conquista Inglaterra
De todos, el caso de Eric Cantona es el mejor ejemplo. No en vano, el carismático francés protagonizó dos fichajes decisivos a mediados de curso, ambos en el espacio de un año natural. En febrero de 1992, después de que lo rechazara el Liverpool, firmó por el Leeds United, al que ayudó inmediatamente a ganar su primer título de primera división desde 1974.
Nueve meses después, Alex Ferguson (quien se había quedado sin sus objetivos anteriores: Brian Deane, David Hirst y Matthew Le Tissier) preguntó sin grandes esperanzas sobre la disponibilidad de Cantona. Para su sorpresa, el Leeds estaba dispuesto a hacer un trato y, por la módica suma de 1,2 millones de libras, el entrenador adquirió para el Manchester United a uno de los grandes de todos los tiempos. La influencia de Cantona en el equipo fue fulminante. El Manchester, descolgado de la carrera por el título y sin haberse adjudicado un campeonato desde 1967, cambió espectacularmente de rumbo a última hora y terminó en lo alto de la tabla, con diez puntos más que su inmediato perseguidor. Cuando cinco años después se despidió del club, Cantona había alzado nueve máximos trofeos con los Diablos Rojos. Posteriormente fue elegido mejor jugador extranjero de la década en la Premier League.
Aunque resulte difícil superar el impacto de los contratos del “rey Eric” en 1992, dos décadas antes nos encontramos con otro ejemplo impresionante de las consecuencias que un fichaje puede tener para un club. El protagonista de tan especial traspaso fue Johan Cruyff, quien fichó por el Barcelona en 1973 por una cifra récord en la época, un millón de libras, tras una pelea del jugador con el Ajax por la capitanía del equipo. Cuando el holandés llegó, el Barça se encontraba en la última posición de la clasificación; al final de aquella temporada, el conjunto blaugrana se proclamó campeón de liga por primera vez desde 1960. No es de extrañar, pues, que los culés apodaran al maestro holandés “El salvador”. Para el Ajax, campeón de Europa en las tres temporadas anteriores, el traspaso marcó el final de una edad dorada.
Un error de bulto
Pese a que resultó beneficiario de tan importante contrato, el Barça no siempre ha salido ganando en los traspasos de mitad de temporada. En septiembre 1953, quedó como gran perdedor de una enconada disputa con el Real Madrid, saldada con una decisión que lo atormentaría durante décadas. Ambos clubes aseguraban que habían acordado el fichaje de Alfredo di Stéfano con los Millonarios, y las autoridades futbolísticas españolas, para zanjar el asunto, fallaron que el jugador integrara las filas del Madrid durante la temporada 1953/54 y las del Barça durante la siguiente.
Al Barcelona, sin embargo, no le satisfizo esta solución. Cuando recibió informes sobre el escaso rendimiento de Di Stéfano en sus primeros partidos en el Bernabéu, el conjunto blaugrana vendió su parte de los derechos de traspaso al Real Madrid por su valor nominal. La temeridad de tal decisión quedó clara de inmediato, pues pocos días después, el Barça cayó a manos de su eterno rival, especialmente como consecuencia de una tripleta de Di Stéfano. Lo demás, como dicen, es historia. La “Saeta rubia” lideró al club blanco en una era de éxitos sin parangón, durante la que el propio Di Stéfano ganó con el equipo merengue ocho títulos de liga y cinco Copas de Europa.
Aproximadamente en la misma época, en diciembre de 1961, se produjo otro fichaje histórico. El Tottenham Hotspur abanó el récord nacional de 99.999 libras esterlinas para poner fin a la breve estancia de Jimmy Greaves en el AC Milan. Los tres tantos que anotó en su debut ofrecieron una buena muestra de lo que estaba por llegar: el soberbio delantero centro marcó en total 266 goles, con los que estableció un récord del club que nadie ha batido hasta la fecha.
Mientras Di Stéfano y Greaves constituyen magníficos paradigmas del pasado, un club alemán ofrece uno de los más modernos ejemplos de la importancia que puede llegar a tener un buen fichaje a mediados de temporada. En enero del año pasado, el Borussia Monchengladbach era el farolillo rojo de la Bundesliga y, a todas luces, parecía destinado al descenso. El club había ganado únicamente dos de los 17 partidos disputados hasta el momento y había encajado 47 goles, más que nadie en la división. Pero no sólo sobrevivió: actualmente se encuentra a un punto del líder, con la mejor defensa de Alemania. Esta situación se puede atribuir a varios factores, aunque ninguno de ellos más decisivo que la llegada el pasado mes de enero de los defensas Martin Stranzl y Havard Nordtveit.
Descensos y regresos heroicos
Otros muchos traspasos a mediados de temporada han conseguido mantener a sus clubes en la máxima división. Por ejemplo, los goles de Ivica Olic en 2007 fueron decisivos para la supervivencia del Hamburgo en la Bundesliga; y los seguidores del Birmingham City recuerdan con cariño a Christophe Dugarry por su aportación al éxito de su equipo en la lucha contra el descenso en 2003. El papel que desmpeñó David Unsworth en el indulto del Wigan Athletic durante la ultimísima jornada del campeonato de 2007 resultó cuanto menos irónico. El defensa anotó el gol que salvó a su nuevo equipo y además relegó al Sheffield United, el club que lo había vendido, al temido descenso.
Sufrir un duro revés durante el lucimiento de uno de los jugadores descartados no sólo les pasa a los Blades. En China, por el ejemplo, el Bayi FC tuvo que lamentar profundamente la venta de Hao Haidong al Dalian Shide en 1996. Mientras el Bayi, tercero la temporada anterior, emprendía la caída inexorable que lo abocó al descenso, Hao rayaba muy alto hasta conquistar cinco títulos nacionales con el Dalian y proclamarse máximo goleador de liga en cuatro ocasiones. También el actual campeón del país, el Guangzhou Evergrande, debe buena parte de su éxito a la llegada de un revulsivo a mediados de temporada. En su caso se trata de Darío Conca, autor de nueve tantos en los 14 partidos que ha jugado con el equipo en la segunda vuelta de la triunfal e histórica campaña del club en la Súper Liga.
En Sudamérica, los regresos a antiguos clubes suelen arrojar resultados memorables. Raí ya era un gran héroe en el Sao Paulo cuando volvió al club procedente del París Saint-Germain entre los dos partidos de la final del Campeonato Paulista de 1998 contra el Corinthians. Llevaba tiempo sin entrenarse, y algunos temían que su leyenda se empañara. Sin embargo, cumplida la media hora de juego, y con el marcador global en 0-0, Raí remató de cabeza el primer gol, que encarriló al Sao Paulo a una victoria por 3-1 y a su primer título estatal en cuatro años.
Todas estas gestas han adquirido ya categoría de leyenda. Si bien se producen con poca frecuencia y de forma muy espaciada en el tiempo, proporcionan buenas dosis de esperanza a aquellos entrenadores y directivos que salen cada mes de enero en busca de héroes.

