Mahamadou Diarra llegó al Real Madrid con una impecable hoja de presentación: cuatro veces campeón de la Liga francesa y dos de la Copa de Francia con el Olympique de Lyon. A pesar de las buenas referencias, el exigente público madridista, de refinado gusto futbolístico, desconfiaba de un centrocampista de corte defensivo. Después de tres años sin éxitos deportivos, y tras despedir a Zinedine Zidane, el aficionado fue muy crítico con el proyecto del nuevo entrenador Fabio Capello en el que Diarra era una pieza clave en el entramado de contención. La actual situación del equipo en la tabla ha hecho olvidar los difíciles comienzos y ahora el madridismo rebosa optimismo.
Diez meses después de cambiar los colores del OL por la camiseta blanca madridista, FIFA.com se reunió con el jugador maliense para repasar su carrera y analizar su nueva etapa profesional.
Una vez superados los duros meses de adaptación, que coincidieron con la mala racha de juego y resultados del equipo, Diarra es feliz en el Madrid y disfruta de la apasionante situación de la Liga.
"Cuando decidí venir a Madrid ya sabía que el público era difícil. Ya había jugado en el Bernabéu con el Lyon. Pero yo quería cambiar de aires después de haber sido cuatro veces campeón en Francia. Todos los jugadores del mundo quieren venir a este equipo. Yo tuve la oportunidad y me dije, ¿por qué no?", explica a FIFA.com recordando sus primeros partidos ante su nueva afición.
La aventura española
"El fútbol español es de los más difíciles del mundo. Me
hizo falta algún tiempo adaptarme, y también para aprender el
idioma. Ahora estoy en un buen momento, muy feliz", asegura
con una amplia sonrisa.
Y es que la actual situación del equipo invita al optimismo. En el mes de mayo recuperaron el liderato y aunque están empatados a puntos con el Barcelona, el balance de enfrentamientos directos les favorece en caso de igualdad. Restan dos jornadas y la Liga vive su recta final más apasionante de los últimos años. "Hemos trabajado duro esta temporada y luchamos cada día por ganar el título. Ahora mismo somos líderes del campeonato y espero que terminemos de la misma manera".
"Tuvimos un comienzo de temporada difícil, nos costó arrancar. Había muchos jugadores nuevos, importantes bajas, se hablaban muchos idiomas diferentes dentro del vestuario y eso se notó en el terreno de juego. Pero poco a poco hemos conseguido cambiar la mentalidad, crear un buen ambiente. Ahora hay más ganas y hemos alcanzado una forma de trabajar que ha hecho progresar al equipo, como se ha visto en los últimos partidos. Con esta mentalidad y estas ganas de ganar espero que podamos conseguir algo grande", asegura con determinación.
Diarra se acostumbró a ganar en Lyon y no quiere renunciar a las sensaciones de levantar un nuevo trofeo aunque sabe que en España el éxito es más caro. "Hay mucha diferencia entre jugar en el Lyon y el Real Madrid. El OL es el mejor de la Liga francesa pero el nivel es mucho más alto en España. El campeonato es más fuerte en todos los aspectos: físico, técnico, táctico... Si quieres ganar tienes que tocar muy bien el balón y no dejar de correr en los 90 minutos. El nivel es más parejo y no importa contra qué equipo juegues, cualquiera te puede ganar", analiza.
La ruta hacia el éxito
Diarra vive un momento dulce en el club merengue después de
haber acallado las críticas y de hacer con la confianza de Capello
(es el sexto jugador con más minutos de toda la plantilla). Sin
embargo, el camino desde Bamako a Madrid no fue fácil. "Cuando
empecé a jugar al fútbol no me planteaba cómo podría cambiarme la
vida. Me dedicaba al balón por puro placer. Después tuve también
suerte, y hoy estoy orgulloso de lo que he logrado".
En las calles de la capital de Malí era simplemente Djila; así le llamaban sus amigos por compartir nombre y estilo de juego con ese otro gran jugador maliense. Su trabajo en el CSK Bamako, con el que ascendió a la primera división, le valió una prueba con el OFI de Creta, por el que fichó con tan sólo 17 años y cuatro meses. Un año más tarde se comprometió con el SBV Vitesse holandés.
"El primer año en Holanda fue muy duro. Sufrí mucho para adaptarme. Llegaba de un país caliente y allí hacía muchísimo frío, no comprendía la lengua, la alimentación era muy diferente a lo que estaba acostumbrado, y también la mentalidad. Además mi familia estaba muy lejos", recuerda.
"El segundo año llegó Ronald Koeman y me ayudó muchísimo: me aconsejaba sobre comida, en el entrenamiento, me corregía errores... me hizo un seguimiento muy individual. Me ayudó a tomar confianza y a descubrir que yo sí podía hacer algo en el mundo del fútbol. Puedo decir que Koeman es mi padre en Europa. Tengo mucho que agradecerle", asegura emocionado.
Con todo ese apoyo, el tercer año en la Eredivise fue sobre ruedas, y en 2001 el OL llamó a su puerta. "Mudarme a Francia no fue difícil porque es el país colonizador de Malí. Ya hablaba la lengua y allí tenía muchos compatriotas. Los años cruciales fueron los que pasé en Holanda. Allí aprendí cómo funcionaban las cosa en Europa y me adapté".
Pasión por las
Águilas
A sus 26 todavía tiene mucho que aprender y que ganar en el
mundo del fútbol. Pero si hay una asignatura pendiente que pesa más
que las demás es su selección. "La gente ama el fútbol en
Malí, es pura pasión. Cada partido que la selección juega allí, el
estadio se llena y la gente se apasiona, pero nosotros, hasta
ahora, no hemos logrado satisfacerles", dice Diarra, que nunca
se olvida de enfundarse la muñequera con los colores de su país
cada vez que salta a un terreno de juego.
La actual selección tiene calidad ya que reúne en la misma concentración a Diarra, Frédéric Kanouté, Seydou Keita y Mohamed Sissoko, entre otros, pero ¿qué falta? "Hace falta lo mismo que en el Real Madrid", nos dice Djila. "Un cambio de mentalidad y de actitud, quizá. Los jugadores debemos ser combativos y mostrar más arrojo para lograr algo por el país. Creo que en ocasiones se nos olvida cómo representar bien a nuestra bandera, a nuestro país".
"Sobre el papel tenemos tanta calidad como la de Nigeria de 1998, o como Costa de Marfil. Tenemos muchos jugadores en Europa, pero tenemos que aprender a jugar todos juntos como un equipo. No nos conocemos bien, no tenemos ocasiones de entrenar mucho juntos y nos falta esa conexión sobre el campo que se consigue con el tiempo y los entrenamiento", reflexiona.
El objetivo a corto plazo es la clasificación para la Copa Africana de Naciones 2008. De momento son segundos del Grupo 9 a un punto del líder, Togo. Pero en la mente, al fondo, está el constante deseo de hacer historia y llevar a las Águila a su primera Copa Mundial que la FIFA. ¡Y cuál sería mejor que la primera que se celebrará en suelo africano en 2010!.
"¡Es fantástico! Estamos felices de que la Copa llegue a África. Aquí hay auténtica pasión por el fútbol y devoción por el Mundial. Esto ayudará al desarrollo del fútbol en nuestro continente. Estoy seguro de que será una edición muy bien organizada", remata a modo de invitación.
