El cántico " Come on you boys in brown" brotó de miles de gargantas, lleno de fuerza y entusiasmo. A pesar de la lluvia y el molesto viento, ni siquiera las fuerzas de la naturaleza fueron capaces de detener el estruendoso espectáculo que invadía las gradas. Imposible no tener la carne de gallina en un momento así. La magia flotaba en el ambiente. El pasado viernes, los 17.800 incondicionales que llenaban hasta la bandera el Millerntor Stadion del FC St. Pauli, un club de culto dentro del fútbol alemán, dieron una vez más toda una lección de lo que significa identificarse al máximo con unos colores.

Pues bien, ¿qué tiene esto de especial? Unos segundos antes, Axel Bellinghausen, mediocampista de 24 años que milita en las filas del Kaiserslautern, clásico del fútbol germano que en la actualidad disputa la segunda categoría de la Bundesliga, acababa de anotar el tanto que daba la victoria a su equipo por 4-3 justo delante del fondo donde están situados los hinchas locales más apasionados. Un tiro lejano en semifallo que debería haber enmudecido definitivamente a los voluntariosos incondicionales del recién ascendido equipo local y haber aguado la fiesta en St. Pauli, el animado barrio hamburgués célebre por su vida nocturna.

St. Pauli es sinónimo de fútbol. Pero es también mucho más que eso. La fiesta siguió su curso durante toda la madrugada en la vecina Reeperbahn, célebre en todo el mundo, donde las luces de neón de color rojo crean esa atmósfera tan especial. Al despertar al día siguiente, seguramente ninguno de los aficionados dedicaba ni el más mínimo pensamiento a los tres puntos perdidos, que a la postre podrían resultar cruciales en la futura lucha por evitar los puestos de descenso. Para ellos es mucho más importante haber demostrado una vez más el apoyo incondicional a sus colores que el éxito o el fracaso cosechado por los Marrones sobre el césped. Además, la atención se desplaza inmediatamente a otro terreno de juego situado a muchos kilómetros de allí. Es sábado al mediodía, y todas las miradas están puestas en Escocia: ¿cómo le van las cosas al Celtic en el estadio del Heart of Midlothian?

La amistad entre el clásico de la gran ciudad de Glasgow y el modesto del barrio hamburgués de St. Pauli, con apenas 27.000 habitantes, es probablemente uno de los hermanamientos entre aficiones más peculiares que existen. A simple vista, el equipo escocés, que acumula 41 títulos de liga, poco tiene que ver con un club cuyo mayor éxito deportivo pasa por haber sido líder de la Bundesliga en la primera jornada de la temporada 1995/1996, y que pasó a conocerse cariñosamente como "el equipo que derrotó al mejor equipo del mundo" cuando en la temporada 2002, siendo farolillo rojo, consiguió vencer por 2-1 al Bayern de Múnich, que poco tiempo atrás había cosechado impactantes éxitos internacionales. Pero Sven Brux, de 41 años, responsable organizativo del FC St. Pauli, lo dejó muy claro en una entrevista concedida a FIFA.com: "Nuestro hermanamiento con el Celtic se centra sobre todo a nivel social".

Brux causa en el interlocutor una impresión muy similar a la del propio barrio de St. Pauli: abierto, vital, amplio de miras y, sobre todo, muy poco interesado por el qué dirán. Él fue el primero que viajó a Escocia a finales de los años 80 como representante del FC St. Pauli. También fue uno de los primeros que se esforzó por fomentar el intercambio de experiencias con el Celtic, y asistió a varios partidos disputados por el club de Glasgow en competiciones europeas. "Este martes, algunos hemos tenido de nuevo la oportunidad de asistir al partido contra el Milan", relata con efusividad el representante del St. Pauli, que parece más un aficionado de a pie que un empleado del club. Por otra parte, algo que es muy típico de este equipo.

Las visitas mutuas forman ya parte de la programación habitual del Celtic y el St. Pauli. Además, cabe destacar que los dos equipos disputaron ya en 1995 un primer encuentro amistoso que acabó simbólicamente en tablas. Sin embargo, el alma de esta profunda vinculación es la manera de pensar de sus hinchadas. Los aficionados de ambos conjuntos no sólo representan un ejemplo inigualable de apoyo incondicional, independientemente de si el equipo atraviesa una racha de éxitos o está sumido en una crisis. Ambas aficiones son un vivo ejemplo de cómo es posible identificarse con unos colores sin emplear la fuerza y la confrontación, respetando siempre al máximo al rival.

"Cuando asistí por primera vez a un partido del Celtic en Colonia, me sorprendió mucho la atmósfera amistosa que creó el público", comenta Heiko Schlesselmann, delegado de los aficionados del St. Pauli. "Lo normal para un seguidor es que lo más importante sea el éxito de su equipo. Pero el mayor deseo de los hinchas del Celtic es simplemente que su equipo lo dé todo en el campo. Están orgullosos cuando sus jugadores ponen toda la carne en el asador, independientemente del resultado final. No abuchean jamás al adversario". Detrás de ello hay toda una mentalidad social, y eso es precisamente lo que une a ambos clubes.

La simpatía del equipo hamburgués por el Celtic es un amor correspondido. Se ha convertido ya en algo habitual ver prendas marrones o negras del St. Pauli en las gradas de los partidos del Celtic. Igualmente, los colores verdiblancos son ya frecuentes en el estadio de Millerntor. No se trata simplemente de algo relacionado con el deporte. Va mucho más allá. Sobre todo, demuestra la manera en que el fútbol une a las personas y a sus ideas y permite relacionarse con los demás de forma pacífica. "Y, naturalmente, ambas hinchadas sabemos muy bien cómo se debe celebrar una fiesta con todas las de la ley", comenta Sven Brux con un guiño.