¿Será el Girondins de Burdeos el primer club francés que despoje al Olympique de Lyon del título liguero tras seis conquistas consecutivas? Es una cuestión digna de ser planteada, ahora que el Girondins se mantiene a cuatro puntos del líder, el conjunto lionés. Paradójicamente, los de Burdeos han vuelto a entrar en la puja cuando David Bellion, máximo goleador del club, atraviesa por un periodo de sequía, y cuando Marouane Chamakh se ha marchado a disputar la Copa Africana de Naciones. Aun así, los hombres de Laurent Blanc están completando un formidable mes de enero gracias a un deslumbrante Fernando Cavenaghi, un nombre que el mundo del fútbol casi había olvidado tras una larga travesía del desierto.
Sin embargo, hubo un tiempo en el que Cavenaghi brillaba como el
sol, al comienzo de esta misma década, defendiendo los colores de
River Plate al lado de superdotados como Ariel Ortega, Esteban
Cambiasso o Andrés D'Alessandro. Con la camiseta de los
Millonarios, el delantero marcó la friolera de 55 tantos
en 88 partidos entre 2001 y 2004. Tras ganar tres Torneos Clausura
(2002, 2003 y 2004) y proclamarse máximo goleador argentino de la
Copa Mundial Sub-20 de la FIFA 2003,
El Torito parecía tener reservada una carrera brillante.
Los seguidores argentinos, incluso, veían en él al sucesor de
Mario Kempes o Gabriel Batistuta. Por entonces, todos los grandes
clubes de Europa, cautivados no sólo por su talento sino también
por su pasaporte italiano, ponían los ojitos tiernos a este jugador
de área provisto de un extraordinario bagaje técnico pero, sobre
todo, de un olfato de gol innato. Ante la sorpresa general, en la
temporada 2004/2005, Cavenaghi fichó finalmente por el Spartak de
Moscú, donde iba a pasar dos años y medio inmerso en un relativo
anonimato.
"El Girondins no se ha equivocado"
A pesar de sus modestos números en el cuadro moscovita (12
goles en 51 partidos), lejos de sus estadísticas en River, el
argentino no lamentó su elección. "Pese a todo, esta
experiencia no deja de ser positiva", afirmó el ganador y
máximo artillero del Campeonato Sudamericano Sub-20 de 2003.
"Me sirvió para mi vida personal, pero también para mi carrera
de futbolista profesional".
"Ahora hay que pasar página. Para mí era muy importante venir a Europa occidental. ", añadió por entonces.
Así, en enero de 2007, Cavegol llegó a Burdeos con una sólida reputación de goleador, pero totalmente fuera de forma por culpa del desajuste con la liga rusa, que había terminado hacía dos meses. A pesar de su buena voluntad y de su trabajo en los entrenamientos (donde consiguió que se apreciara su toque de balón), le costó mucho hacerse con un puesto de titular en un combinado rico en delanteros. Sólo disputó 9 partidos y marcó 2 goles escasos, pero, en cualquier caso, enriqueció su palmarés con una Copa de la Liga.
La temporada 2007/08 comenzó con una tónica similar, por culpa
de una pubalgia estival y de una feroz competencia en ataque. Pero
Cavenaghi no dijo ni pío. Contuvo su contrariedad y redobló el
trabajo en los entrenamientos, contentándose con los partidos de
Copa de la UEFA (4 goles en 5 encuentros) y de la Copa de Francia
(1 gol). Por fin le llegó su momento el 12 de enero con la visita
del Auxerre, donde Laurent Blanc le otorgó la titularidad tras
apenas 196 minutos de juego en liga desde el comienzo de la
campaña.
Toro desbocado
Sus dos goles, sus ayudas en ataque de espaldas a la
portería, su visión de juego y su sutileza técnica cautivaron
inmediatamente a los 30.000 espectadores del estadio Chaban Delmas,
todavía nostálgicos del portugués Pauleta (autor de 65 goles con el
Girondins entre 2000 y 2003).
Esta vez, el Toro se desbocó por fin y, una semana más tarde, marcó un gol en Le Mans con una preciosa vaselina. Tres días más tarde, se repitió la historia contra el Saint-Etienne. El argentino fabricó un cóctel explosivo al mezclar una dosis de entrega con una pizca de acierto: marcó el gol de la victoria tras bregar como un "torito" entre una maraña de defensas del conjunto visitante.
Una eficacia que hace las delicias tanto de sus seguidores como de sus compañeros de equipo. "Es un magnífico jugador. Tiene un toque de balón excepcional", analizó su colega en ataque David Bellion. "No ha jugado mucho en la liga, pero cada vez que juega, hace cosas que demuestran su enorme clase".
Su entrenador comparte el mismo parecer. "Es un estilo de jugador que no teníamos dentro de la plantilla, un jugador de área buenísimo. Lo que me gusta de este chico es que sirve de referencia para hacer jugar al equipo; mucho más interesante si cabe teniendo en cuenta que en torno a él hay jugadores buenos técnicamente, que pueden sacar partido de ello", explicó Blanc.
Y los bordeleses no se están haciendo de rogar a la hora de sacarle partido: ahí los tenemos pujando por su descabellada apuesta de apear al Olympique de Lyon de su pedestal nacional. El punta argentino, por su parte, ya ha ganado una apuesta: la de relanzar su carrera. Ahora, espera subir un nuevo peldaño para volver a situarse al nivel de los prodigios de su generación, que se han ganado un puesto en los clubes más importantes, así como en la selección albiceleste.
