Fue uno de esos momentos en los que la emoción te embarga. Todos y cada uno de los 42.100 espectadores presentes en el estadio se levantaron de sus asientos. A continuación, el público rompió a aplaudir. Corría el minuto 81 del duelo entre el Werder Bremen y el Hamburgo, dos rivales acérrimos del norte de Alemania, y todos quisieron enviar al protagonista de la tarde un mensaje unánime: "De todo corazón, bienvenido a casa". Sucedió el 1 de diciembre del año pasado y el protagonista se llamaba Ivan Klasnic.
Para el futbolista croata, aquel momento supuso mucho más que una muestra de cariño por parte de los aficionados. De hecho, el ariete nunca olvidará aquellos segundos. De pie al lado de la línea de banda, Klasnic pudo oír, a través de los potentes altavoces del Weserstadion, la canción Killer, que la afición del Werder solía entonar en su honor. Los acordes de la música de Adamski inundaron el estadio durante unos instantes conmovedores. El ariete pisaba el césped del campo del Werder por primera vez después de someterse a un trasplante de riñón.
"Nunca imaginé que todo pasaría tan
rápido"
Una semana antes, Klasnic celebraba su regreso a la
Bundesliga en terreno del Energie Cottbus. Quince días más
tarde, en su primer encuentro como titular en casa tras su vuelta
al equipo, frente al Bayer Leverkusen, el ariete croata anotaba dos
goles, que se celebraron por todo lo alto, y daba el pase de un
tercero. Tres partidos, nueve puntos y un arranque perfecto para
esta segunda etapa en la brillante carrera de este jugador de 28
años. "Siempre supe que volvería. En cualquier caso, nunca
imaginé que todo pasaría tan rápido", declaró el delantero,
que no ha perdido ni un ápice de su sangre fría ante el marco
rival, en una entrevista para
FIFA.com en la que transmitió una mezcla de
seriedad, agradecimiento y orgullo.
No hacía ni doce meses que la pesadilla había comenzado. En enero de 2007, el abogado de Klasnic reveló en rueda de prensa que el delantero sufría una insuficiencia renal. La noticia causó conmoción: "En aquel momento sólo pensaba en que tenían que trasplantarme un riñón. Después ya se vería. De todas formas, mi meta siempre fue volver", recuerda el futbolista internacional, que por aquel entonces tenía 26 años.
Su mayor triunfo, con la ayuda de su familia
Lo ha conseguido. Klasnic se enfrentó al mayor
desafío de su vida y ha logrado su objetivo. Sin embargo, el camino
no ha sido fácil. De hecho, una primera donación, en la que el
ariete recibió el riñón de su madre, fracasó debido a que el
organismo de Klasnic rechazó el órgano. Las cosas no empezaron a
marchar hasta marzo de 2007, cuando el jugador recibió un riñón de
su padre y, esta vez sí, la operación resultó un éxito. Ante la
pregunta de a quién tiene que dar las gracias, este croata nacido y
criado en Hamburgo responde con brevedad, pero con total
convicción: "¡Está claro: sobre todo a mi familia!".
Durante su primera etapa en la máxima categoría del fútbol alemán, en la que anotó 42 goles en 135 partidos, Klasnic estaba considerado un jugador avispado, que se las sabía todas, pero que se mostraba poco generoso en el esfuerzo y prefería reservar sus energías para el momento adecuado en el que rematar con frialdad ante la portería rival. Pocas veces se le describía como un gladiador sobre la arena. Tan pronto como recibió el nuevo riñón, el jugador mostró a todos su capacidad de lucha.
Mediante un trabajo diario de extraordinaria intensidad, una voluntad inquebrantable y una ambición inflexible, el futbolista peleó hasta regresar a los terrenos de juego. Los responsables del Werder no contaban con su regreso hasta 2008, pero Klasnic se ha puesto a disposición de los técnicos antes de lo previsto. De hecho, lo ha conseguido tan rápido que en Bremen ya no lo llaman "Killer", sino "Fenómeno". Un caso único en el fútbol de élite.
"Una sensación de enorme alivio"
El jugador, que disputó la Copa Mundial de la FIFA 2006,
sigue medicándose para garantizar que su sistema inmunitario no se
resista a aceptar el nuevo riñón. El ariete croata ha aprendido a
preocuparse más de su cuerpo. Sin embargo, eso no es todo. Klasnic
se ha vuelto más tranquilo y prudente. Quienes lo conocen dicen que
el año 2007 lo ha cambiado. Durante la entrevista que concedió a
FIFA.com llamó la atención la forma que tiene
Klasnic de meditar durante unos segundos todo lo que va a
decir.
En cualquier caso, el croata no ha perdido su olfato de antaño sobre el terreno de juego. Ni tampoco su calidad. "Fue una sensación maravillosa, de enorme alivio", asegura acerca del momento en el que anotó el primer gol de esta nueva etapa de su carrera, un tanto típico de él, de delantero oportunista. Tras la diana, como pudieron comprobar los telespectadores y todos los presentes en el estadio, Klasnic quiso saborear en solitario aquellos instantes de alegría.
Tranquilidad ante las viejas preocupaciones
La historia más increíble del año futbolístico 2007 tuvo así
su "final feliz". Justo nueve días antes de Navidad. Casi
once meses después de que se hiciera pública la enfermedad del
jugador. Y algo más de dos años después de que, tras una operación
del apéndice, se detectasen por primera vez los problemas renales
de Klasnic. El anhelado momento llegó por fin. La normalidad, sin
embargo, todavía no ha vuelto.
Junto al marfileño Boubacar Sanogo, el sueco Markus Rosenberg y el portugués Hugo Almeida, Klasnic pelea por uno de los dos puestos de ataque del equipo que entrena Thomas Schaaf. Muchos reclaman su presencia en el once titular. Con ellos coincide el seleccionador de Croacia, Slaven Bilic, que ya ha dejado entrever que le gustaría contar con Klasnic para la Eurocopa 2008.
No obstante, el "Fenómeno" del Werder mantiene la calma: "Eso ya se verá. En todo caso, aún falta mucho", declaró a FIFA.com el croata, escogiendo con cuidado sus palabras. Sin duda, el ariete sabe de lo que habla. En pocos meses pueden pasar muchas cosas.
