En el fútbol, hay multitud de historias bonitas, y el Olympique de Marsella parece ser un terreno propicio para las grandes epopeyas. Desde la eclosión de Fabien Barthez hace 15 años hasta la revelación de Franck Ribéry en 2006, pasando por la meteórica ascensón de Didier Drogba a la categoría de héroe en el estadio Vélodrome (en una temporada), algunos de los mejores jugadores del planeta se han visto tocados por la gracia de los dioses al recalar en el cuadro marsellés.

La campaña 2007-2008 también ha traído su parte importante de milagros, aun cuando había adoptado tintes de pesadilla tras dos meses de competición. Hoy, el Olympique de Marsella está de regreso a la parte alta de la clasificación gracias a un trío por el que nadie habría apostado en los albores de la temporada: Eric Gerets en el banquillo, Matthieu Valbuena como centrocampista ofensivo y Steve Mandanda como guardameta.

El cuadro marsellés, segundo en la pasada liga, encaraba el nuevo ejercicio con la condición de aspirante a la corona nacional. Sin embargo, un comienzo de campaña desastroso, donde los malos resultados se sucedieron y los nuevos fichajes defraudaron, llevó al equipo de proclamarse subcampeón tras el Olympique de Lyon a ocupar el 19º puesto al final del verano. Como de costumbre, la cuerda se rompió primero por el entrenador, Albert Emon, destituido del cargo. Se barajaban los nombres de Deschamps, Tigana o Metsu para su sucesión, pero, ante la sorpresa general, fue el belga Eric Gerets, relativamente desconocido en Francia, quien ocupó el banquillo.

Primer partido y primera gesta: el Marsella se impuso al Liverpool en la Liga de Campeones y se convirtió en el primer club francés que vencía en Anfield. Suficiente para tranquilizar a sus exigentes aficionados, que empezaron a descubrir a un hombre con autoridad para quien trabajo y rigor constituyen su lema. "Lo esencial es la disciplina. Los jugadores no pueden olvidarse de ello; de lo contrario, se trataría de una grave falta profesional", avisó el que fuera capitán de los Diablos Rojos de Bélgica tras el triunfo histórico en Liverpool.

"Lo importante es convencer a los jugadores de que, para salir de una situación desastrosa en la liga, hay que jugar de la misma forma que en Liverpool. Cuando veo la calidad de los equipos mal clasificados, me digo a mí mismo que el fútbol francés no te permite dormirte". El mensaje caló y el cuadro marsellés inició así su fantástica remontada. En 15 jornadas, escaló otras tantas posiciones en la tabla, marcándose el lujo, de paso, de vencer en el campo del Olympique de Lyon (defensor del título) y del Niza (que llevaba más de un año invicto en su feudo), y de imponerse al París Saint-Germain en el principal clásico de la liga francesa.

Valbuena, el gran "bajito"
Además de a la confianza recobrada por Djibril Cissé, al insolente éxito de Mamadou Nang, a una infatigable pareja de medio centros defensivos (Lorik Cana-Benoit Cheyrou) y a un Samir Nasri por fin liberado de sus molestias físicas, el Olympique de Marsella debe la recuperación de la buena forma al olfato de Gerets. El técnico belga confió las llaves del juego del equipo a un desconocido en la primera división gala, el joven Mathieu Valbuena, llegado el año anterior procedente del Libourne Saint-Seurin (un modesto conjunto de la categoría inferior).

Una semana después de su 23º aniversario, su nuevo entrenador lo puso como titular por primera vez... ¡en Anfield! En su bautismo de fuego, Valbuena marcó el único tanto del partido con un disparo ajustado a la escuadra, desde unos 20 metros. Su magnífica actuación, sellada con esa genialidad, le valió la condición de titular de pleno derecho en el once del Olympique, así como la de nuevo preferido del fútbol francés.

Algunos ya le vaticinan un destino semejante al del hombre que lo precedió en la banda derecha del ataque marsellés, un tal Franck Ribéry, convocado para la Copa Mundial de la FIFA 2006 sin haber vestido nunca la camiseta de los Bleus con anterioridad. "Quizás ahora se me mira de una forma diferente. Estoy en el buen camino, pero no me emociono demasiado y no me tomo por quien no soy", aseveró "el bajito" (1,64 m), como lo llama cariñosamente su entrenador. "Trato de hacerme un sitio manteniendo los pies en el suelo y sin dejar de ser humilde. Ya hemos visto a muchos jugadores muy buenos embriagarse de éxito y luego desaparecer".

Mandanda, en otro mundo
En la otra punta del campo, tampoco estaba prevista una eclosión tan rápida de Mandanda bajo la portería marsellesa. El guardameta nacido en Kinshasa (RD del Congo), fichado del Le Havre (de la segunda división) para ser el sustituto de Cédric Carasso, no tuvo tiempo de acostumbrarse al banquillo. Como no hay mal que por bien no venga, el recién llegado se encontró bajo la luz de los focos tras la lesión del titular, seis meses apartado de los terrenos de juego por una rotura del tendón de Aquiles. Mandanda, recomendado a sus directivos por Nasri (que se había codeado con él en la selección de Francia sub-21), justificó la confianza depositada en él encadenando las grandes actuaciones, hasta el punto de conservar su puesto pese al regreso al grupo de Carasso.

Por alto o bajo los palos, en los disparos lejanos o en el mano a mano con el delantero, con el balón en los pies... Mandanda desplegaba todo su repertorio en cada compromiso. Ante una prensa que especulaba con su llamada a la selección desde otoño, el interesado se mostró tan modesto frente a las alabanzas como impermeable a la presión. "Estoy contento. Siempre es agradable escuchar cumplidos, pero esto no ha acabado aún. Lo vivo todo con tranquilidad", aseguró al día siguiente de la victoria en Lyon, donde los Juninho, Govou y Benzema se estrellaron contra un muro. "Todo está marchando muy deprisa, he ingresado en otro mundo; primero, al venir aquí; después, con la Liga de Campeones".

A sus 22 años, el mayor de cuatro hermanos (¡todos guardametas!) podría incluso descubrir muy pronto una parte nueva de ese ancho mundo: Suiza y Austria. El joven cancerbero, convocado por Raymond Domenech con la selección absoluta en enero, se postula ya para un puesto entre los 23 que acudirán a la Eurocopa 2008; aun cuando, como él reconoce, "ya hay gente y una jerarquía en este puesto, y yo apenas tengo algunos partidos en primera división".

Algunos partidos en primera división es lo que han necesitado Gerets, Valbuena y Mandanda para devolver la esperanza a la afición marsellesa, que, hace apenas unos meses, se preparaba para luchar por la permanencia. Hoy, el Olympique de Marsella ocupa la 4ª plaza de la Ligue 1, a tres puntos del tercer puesto, clasificatorio para la próxima Liga de Campeones. O, lo que es lo mismo, un milagro. ¿Pero resulta eso realmente asombroso en un club protegido por la Virgen de Notre-Dame de la Garde?