Los brasileños son famosos por su fascinante habilidad con los pies. Giros, trucos, pases que destrozan defensas y potentes tiros con efecto son algunas de las cosas que ejecutan a menudo y de forma magistral en los campos de fútbol de todo el planeta.

Luís Eduardo Schmidt, en cambio, recurre a un atributo por el que resulta extraño que sus compatriotas acaparen titulares. Con siete goles de cabeza en sus ocho últimos partidos con el Betis, Edu, como es más conocido, se ha labrado un nombre en una breve lista de especialistas brasileños en el juego aéreo en la que figuran Baltazar, Pelé, Dadá Maravilha o Jardel.

"Edu es el mejor cabeceador de balones de la liga", declara Mariano Pavone, compañero suyo en el Betis. "Mis centros le proporcionan goles, pero lo más importante son el salto y el testarazo".

Y la sensacional racha de Edu tampoco es flor de un día. Después de todo, fue un remate suyo el que evitó al conjunto andaluz un humillante descenso de la máxima categoría española en el año de su centenario. Cuando el equipo estaba a sólo diez minutos de bajar el pasado mes de julio, Edu cabeceó el tanto que abrió el marcador en el minuto 80 -y logró una segunda diana luego-, dando al Betis un triunfo imprescindible ante el Racing de Santander, que le valió permanecer en la elite a costa del antiguo club del centrocampista, el Celta de Vigo.

Los béticos, únicamente tres puntos por encima de los puestos de descenso en el presente ejercicio, confían en que el número 10 prolongue su racha. "No recuerdo nada semejante", explica Edu. "Aunque en mi primera temporada en el Celta marqué seis goles de cabeza, de un total de doce. Aquel año fui el máximo goleador de cabeza, junto a [Darko] Kovacevic. Me fijaba mucho en Catanha [ex delantero del Celta y de la selección española] entonces, y ahora él me llama para felicitarme".

Edu no es el único futbolista cuya frente causa pánico actualmente en los principales torneos del globo. Los testarazos de Washington fueron fundamentales para que el Urawa Red Diamonds ganase la Liga de Campeones de la AFC y fuese tercero en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA la pasada campaña, y ahora utiliza su habilidad aérea como punta de lanza del asalto del Fluminense al Campeonato Carioca y la Copa Libertadores.

Este último trofeo pertenece en estos momentos a Boca Juniors. La contribución de Martín Palermo tuvo mucho que ver en la consecución de esa sexta corona continental. El imponente ariete de 34 años está intentando conquistar el Clausura, y no se queda a la zaga en el aspecto aéreo. Su acérrimo rival, River Plate, cuenta con el gigantón uruguayo Sebastián Abreu, quien comparte el apodo de "El Loco" con Palermo, y también con los servicios del artillero colombiano Radamel Falcão García.

Semillero europeo
No obstante, Europa es el lugar en donde compiten la mayoría de los expertos aéreos, como David Trézéguet, del Juventus, Michael Ballack, del Chelsea, y Jan Koller, del Núremberg. Otros, como Luis García, del Atlético de Madrid, y Tim Cahill, del Everton, también sobresalen en esa faceta, a pesar de carecer de la estatura física de los primeros.

El Bayern de Múnich dispone de dos de indudable valía: Luca Toni se hizo con la Bota de Oro europea en 2005/06 gracias a varios goles de cabeza. El club alemán ya se ha beneficiado de la audacia del italiano, al que fichó en la pretemporada procedente del Fiorentina.

El segundo, Miroslav Klose, no es tan grande como Toni, pero su increíble salto, unido a una precisión infalible al conectar con el esférico, lo convierte en uno de los atacantes más temibles en el aire. El internacional alemán anotó cinco tantos en la Copa Mundial de la FIFA Corea/Japón 2002, todos ellos de cabeza, como el gol del empate en el minuto 80 que consiguió contra Argentina en cuartos de final de Alemania 2006. El país organizador vencería ese encuentro en los penales y acabaría conquistando el bronce. Klose se llevó a casa la Bota de Oro adidas.

"Mi fuerza para saltar alto viene de mi madre, que era internacional de balonmano", señala Klose. "Pero también soy un perfeccionista. Practico con un chaleco de plomo e intento saltar hasta un balón colgado de una cuerda por encima de mí. Lo más importante son los muchos pasos cortos antes de saltar".

Y esta práctica ha convertido a Klose en intocable, según el ex guardameta del Alemannia Aachen Kristian Nicht, quien ha llegado a afirmar: "Si ves elevarse a Klose, puede darte acrofobia. Nadie en Alemania, quizás ni siquiera en Europa, es capaz de medirse ahora mismo con él en el aire".