Son únicos, geniales y desequilibrantes. Pero también son delicados y exigentes. Hacen falta algunos sacrificios para mantenerlos en sus condiciones óptimas con objeto de que puedan rendir al máximo.
Los centrocampistas ofensivos son los espíritus creativos, los grandes artistas del fútbol moderno. Sus genialidades extasían a los seguidores. Pero para que puedan eclosionar, es preciso cuidarlos con mimo. El fichaje de un futbolista de esta especie la mayoría de las veces suele implicar, además del desembolso de una importante suma de dinero por el traspaso, unas cuantas concesiones. Porque el extraordinario desempeño de estos genios a menudo depende del fino factor mental. FIFA.com dedica este espacio a los magos del balón y sus necesidades.
Lo que necesitan es amor
Uno de estos maestros hipersensibles del balompié es Franck
Ribéry. El francés de 24 años encandila a la
Bundesliga alemana con la camiseta del Bayern de Múnich
desde el verano pasado con actuaciones magníficas, de esas que
quitan el hipo, y con una regularidad asombrosa. En su patria, y
sobre todo en su anterior club, el Olympique de Marsella, tenía
reputación de ser un diamante en bruto de gran talento pero con
muchos altibajos, aunque el capitán del Bayern de Múnich, Oliver
Kant, llegó a compararlo con Zinedine Zidane.
Con la misma frescura y alegría que marea a sus contrarios sobre el césped, explicaba hace poco a la prensa su espléndido rendimiento: "El hecho es que en Múnich me recibieron desde el principio con un cariño que yo no había sentido más que raramente. Para mí es muy, muy importante que me quieran. De este amor es de donde yo saco mi fuerza y mi confianza en mí mismo. Es lo que me hace fuerte".
Presión y responsabilidad
La declaración de Ribéry no sorprendió a los
expertos, porque no es ningún secreto que a los jugadores como él,
de quienes se esperan golpes de genio perfectamente sincronizados
en los momentos decisivos del partido, les afecta especialmente el
comportamiento de su entorno. Sin embargo, esta
"confesión" resultó simpática por su honestidad, una
honestidad insólita, porque a ningún futbolista le gusta hablar de
su propia fragilidad. Pero sirvió para transmitir con toda claridad
a su público lo que le hace falta para buscar una y otra vez el
regate, para crear peligro y para lograr la ventaja en el
marcador.
Si todo sale bien, el jugador es un héroe. Si falla, es un fracaso. Semana tras semana, los grandes futbolistas se encuentran en el filo de la navaja. "Sólo puedo relajarme cuando ganamos. Cuando perdemos, es muy duro", confiesa Kaká. El Jugador del Año de la FIFA es el encargado de iluminar los partidos del AC Milan, y describe la carga que representa su tarea como sigue: "Significa una gran presión y responsabilidad". Precisamente por eso, es muy lógico que el así llamado creador de juego necesite toda la paciencia que pueda conseguir de su nuevo entorno tras su incorporación. La interacción entre seguidores, prensa, junta directiva, entrenador, compañeros de equipo y la mente del genio es muy complicada.
Apoyo en el extranjero
Desde hace tiempo, muchos de los principales clubes han
comprendido que los atacantes recién fichados necesitan algo más
que un balón y un contrario para producir espectáculo y triunfos.
No es infrecuente que se contraten los servicios de agentes
externos que se dedican exclusivamente al bienestar de las
estrellas y a su aclimatación. Puede parecer un tópico muy manido,
pero una máxima que se confirma una y otra vez es que, si el astro
está contento, el público acaba estándolo también.
"Éstas son para mí las mejores condiciones para jugar mi mejor fútbol", declara por ejemplo el magnífico conductor brasileño Diego acerca de su club, el Werder Bremen, que le ha contratado exclusivamente a un intérprete que lo acompaña a todas partes. Y el artista holandés Rafael van der Vaart, al servicio del Hamburgo, confesó una vez que lo que al final le hizo decantarse por el traspaso a su actual club fue el hecho de que su esposa Sylvie saliera de compras con la esposa del Presidente de la entidad, Bernd Hoffman, por la rutilante ciudad hanseática.
De la media punta a los extremos
Incluso cuando los genios sensibles sienten una completa
confianza en sí mismos y están listos para poner la guinda al
pastel en su equipo con regularidad creciente, aún falta mucho para
que todo sea perfecto. Porque para que el creador de juego disfrute
de plena libertad, es necesario cubrirle las espaldas. Por lo menos
eso. Y mientras en el fútbol moderno se impone cada vez más la
tendencia de reforzar la defensa, un artista ofensivo sin
responsabilidades defensivas, más que un lujo, se considera un
factor de riesgo.
Un clásico artista de la media punta con sólo un "seis" como guardaespaldas a menudo no es suficiente. En muchos casos se vuelve al corsé táctico conformado por dos centrocampistas de contención, lo que tiene como consecuencia el sacrificio del segundo delantero. Otra alternativa es alejar el poder creativo del eje central y desplegarlo por las bandas. Ronaldinho y Lionel Messi podrían escribir tratados sobre este tema en el FC Barcelona. E incluso el propio Zinédine Zidane no fue ajeno a esta estratagema durante su estancia en el Real Madrid, donde a menudo se le veía por la banda izquierda.
¡Que vuele como un pájaro!
No todos los prodigios del balón con fama de
cerebros y genios tienen permiso para hacer gala de sus facultades
sin reservas y a despecho de las restricciones tácticas. Juan Román
Riquelme fue sustituido en el encuentro de cuartos de final de la
Copa Mundial de de la FIFA Alemania 2006 con el marcador en 1-0
contra el anfitrión en el minuto 72, y al final los
gauchos, como es bien sabido, cayeron derrotados en la
tanda de penales. El seleccionador nacional, José Pekerman, quería
reforzar la defensa y minimizar el riesgo de recibir un gol en
contra. Después del partido, dimitió.
El actual seleccionador de Argentina, Alfio Basile, tiene otra visión del asunto. Sobre Messi dijo: "Los entrenadores no debemos encasillarlo en ningún esquema. Tenemos que dejarlo volar como un pájaro". Eso es probablemente lo que les gustaría oír de labios de sus entrenadores a todos los magos del balón. Ellos son algo especial. Hay que cuidarlos.
