Desde su llegada al banquillo del Olympique de Marsella, el pasado mes de septiembre, el belga Eric Gerets es elogiado en Francia. El León de Rekem asumió la dirección de un equipo situado en el 19º puesto de la tabla y lo ha situado en la parte alta, de tal modo que ahora aspira a una eventual clasificación para la Liga de Campeones de la UEFA. Este semifinalista de la Copa Mundial de la FIFA México 1986, que abandonó su retiro en su granja de Limburgo tras dejar el Galatasaray, ya ha salido airoso del reto marsellés.

Gerets conquistó la Copa de Europa en 1988 con el PSV Eindhoven como jugador, y se convirtió en técnico en 1992. En su trayectoria figuran ocho clubes, y lo ha ganado casi todo allí donde ha estado. El belga, que recuerda indefectiblemente a su compatriota Raymond Goethals por su éxito, popularidad y franqueza, ha aceptado revelar algunos de sus secretos a FIFA.com en esta entrevista exclusiva.

Sr. Gerets, tenemos la impresión de que actualmente la estrella del OM es usted. Explíquenos esta euforia que se crea a su alrededor.
Sí que hay una buena armonía entre Gerets y el OM, aunque yo ya lo sabía de antemano. Mi carácter y mi personalidad encajan al 100% con la mentalidad marsellesa. Y en todos los sitios a los que voy intento respetar la cultura local, hablar el idioma y hacer que mi equipo practique un fútbol que agrade a la gente. Hasta ahora, me siento muy bien en Marsella.

Afirma ser cercano a los futbolistas, pero venía precedido de una reputación de entrenador severo, apegado a la disciplina y al esfuerzo. ¿Se puede ser cercano y severo a la vez?
Hay que acariciar y golpear al mismo tiempo... No hay que olvidar ninguno de los dos aspectos, porque, de lo contrario, el día en que sea realmente preciso dar un puñetazo encima de la mesa, no sabrás hacerlo. Del mismo modo, cuando haya que dar una caricia... Lo fundamental es que un jugador debe encontrarse bien para hacerlo bien en los entrenamientos y rendir en los partidos.

Cuando usted llegó, el Olympique era 19º. Seis meses más tarde, es tercero. ¿Cuál ha sido concretamente su enfoque?
Hizo falta un trabajo específico para recuperar la confianza. Todo el mundo sabía que este equipo podía jugar bien, pero no conseguía hacerlo. Para eso, cada jugador debe encontrarse bien y actuar en el puesto más adaptado a él. También trabajamos para dejar de perder el balón demasiado rápido. Cuando logras encadenar 10-15 pases sin que el rival toque la pelota, ganas en confianza, y automáticamente te atreves a más. Por último, había que terminar con ese miedo a jugar en el Vélodrome. El amor mutuo acabó por volver, y hemos encadenado una buena serie.

El Marsella tuvo una mala racha tras su eliminación de la Copa de Europa. ¿Le sorprendió la fragilidad de su plantilla?
La fuerza de un equipo se ve en los malos momentos. Pero esa es la diferencia entre el Marsella y el Lyon: el Lyon tiene las armas, sobre todo mentales, para no perder cuando juega mal.

¿Puede usted luchar contra esa "debilidad" mental?
Sí, tengo que analizar y cambiar determinadas cosas cuando concluya la temporada. Voy a tener que encontrar jugadores cuyo carácter y mentalidad permitan poder sortear momentos difíciles.

¿Supone un riesgo confiar en jugadores jóvenes o inexpertos en el Marsella?
En mi oficio, poner en el campo a alguien que no lo merece equivale a firmar tu propia carta de despido... Lo único que cuenta es hacer que el club gane, poco importa con qué hombres. Tengo una línea de conducta, y quiero poder mirar a los futbolistas a los ojos, explicándoles por qué juegan o por qué no.

En estos seis meses, ¿qué opinión le merece el nivel de la Ligue 1?
En Francia el fútbol es cuidado, aunque le falta velocidad. Y mientras los mejores sigan dejando el país, el nivel de juego no va a mejorar. No soy optimista en cuanto al futuro, tengo la impresión de que en Francia ocurre lo que pasó en Bélgica hace varios años. La Bundesliga es más potente, aunque para mí la Premier League está en lo más alto.

¿Cómo explica que la mayor parte de los actuales entrenadores sean ex futbolistas?
El ex futbolista tiene la ventaja de contar con el respeto de la plantilla incluso antes del primer entrenamiento. Además, cuando uno ha sido profesional, sabe ponerse mejor en el lugar de sus jugadores, sabe lo que piensan, y es más fácil actuar en consecuencia. Pero, de cualquier modo, los resultados son los que marcan el camino.

Los antiguos defensas suelen preconizar un fútbol ofensivo cuando son entrenadores y, al contrario, quienes eran delanteros o centrocampistas ofensivos se aferran más a la defensa. ¿Tiene alguna idea acerca de esta paradoja?
En lo que a mí respecta, yo era un defensa enormemente ofensivo, además empecé en el fútbol como delantero, y eso me ayudó mucho. La base consiste en tener gente detrás del balón cada vez que se pierde la pelota, y en ir hacia arriba en cuanto se tiene la posesión. Hacen falta jugadores que asuman riesgos y jugadores disciplinados. Los futbolistas deben tener características muy específicas.

Muchos de sus colegas dicen que el mejor ataque es la defensa, y que sin una buena base defensiva no se ataca bien. ¿Coincide con esto?
Yo más bien diría lo siguiente: si no tienes una defensa muy buena, entonces quizás sea mejor atacar que dejar al adversario sin la posibilidad de presionar a tu retaguardia...

El oficio de entrenador parece haberse vuelto cada vez más precario. ¿Usted lo percibe así?
No es un fenómeno nuevo, para nada. Cuando uno empieza en este oficio, es necesario tenerlo presente para no sufrir en vano. Hay que hacerlo lo mejor posible, elegir bien el equipo para que imponga su fútbol, física y técnicamente. Pero hay factores imponderables: uno puede ser bueno durante un año, y dos semanas más tarde ser malo. Pero se experimentan grandes satisfacciones. Llegar a hacer funcionar a un equipo como el OM es un sentimiento maravilloso.

Ser entrenador es manifiestamente fatigoso. ¿Debemos esperar verlo adiestrar durante mucho tiempo?
Es cierto, al revés que el jugador, que puede desconectar después del entrenamiento, el técnico está implicado mentalmente al 100%, en cada minuto. Tengo pensado seguir durante tres o cuatro años más, como máximo. Quería dejarlo a los 53 años [cumplirá 54 en mayo], pero las circunstancias han hecho que todavía continúe. Si, en tanto que entrenador, tienes en tu equipo a cuatro o cinco jugadores que comprenden que el trabajo no se para cuando ha terminado el entrenamiento, ¡entonces eres afortunado! Por eso hace falta espabilarlos de vez en cuando, para que se despierten.

¿Cuál es su mejor recuerdo como entrenador?
El título de campeón de Bélgica en 1997 con el Lierse, sin duda alguna. El equipo desplegaba un fútbol magnífico en aquella época, era fantástico. Había una mezcla de jóvenes y veteranos, todos con ansia de vencer. Los dirigentes siguieron mis orientaciones, y funcionó. Y resultó muy positivo para la continuación de mi carrera, porque fue un éxito más inesperado que los del PSV, el Brujas o el Galatasaray.

¿Y como jugador?
Hubo tantos títulos, copas, finales, que no podría destacar uno en particular. Pero puedo decir que cada vez que oía el himno nacional con la camiseta de los Diablos Rojos, siempre sentía una emoción particular. ¡Y disputé 86 partidos con la selección! Estoy contento de haber podido vivir esa época, los grandes años de los Diablos.

¿Sabe lo que va a hacer después de Marsella, si no se queda más que tres años, como dice?
En el fútbol todo transcurre tan rápido que no se pueden hacer planes, ni siquiera a medio plazo. Me gustaría concluir mi carrera en Bélgica, para volver al punto de partida de un modo hermoso. Aunque, por el contrario, si sale mal, sería una pena terminar con un fracaso...