En estos días se ha levantado un fuerte oleaje en el Weser, río que baña la ciudad alemana de Brema. No sólo porque el áspero otoño del norte de Alemania ya se presenta cada vez más tormentoso. Sino también porque en el Weserstadion del Werder Bremen se ha encendido la alarma roja.

Hasta ahora mimado por el éxito, el elenco dirigido actualmente por Thomas Schaaf, que no ha faltado a la Liga de Campeones de la UEFA en sus últimas cinco ediciones, sufrió el martes por la tarde un doloroso correctivo a domicilio (0-2) a cargo del Bayer Leverkusen. Además, lleva cuatro partidos de liga sin ganar y languidece en el décimo puesto de la clasificación.

Parece que se estuviera llegando al final de una era. Es verdad que los de Brema han marcado 23 goles, pero también han concedido 22. Un gris balance con el que no se conforman.

Una de las razones de esta desmejoría puede ser que el mago del balón brasileño, Diego, tan deslumbrante en la pretemporada y a finales de verano como en los Juegos Olímpicos de 2008, atraviesa un bache de forma. Por eso, las esperanzas del Werder Bremen de enderezar el rumbo se centran ahora en Claudio Pizarro, un hombre que ya dejó una vez la entidad para probar fortuna en dos de los clubes más grandes del planeta.

Talento que dura
"Podría ser un futbolista de primera categoría si tuviera el deseo absoluto de serlo", dijo una vez Felix Magath en referencia al internacional peruano. Eso fue hace más de dos años y medio, cuando Pizarro era delantero del emblemático Bayern de Múnich y Magath su entrenador, en ocasiones desesperado por su causa. Según el técnico, Pizarro era un genial vividor que "a veces despilfarra sus grandes cualidades". El ariete replicaba según su criterio característica: "Para mí el fútbol es placer. Cuando ya no me divierta, lo dejaré".

De hecho, en los años que siguieron, Pizarro sólo llegó a divertirse de vez en cuando. Aunque fue el cuarto jugador extranjero que conseguía superar la barrera de los 100 goles anotados en la Bundesliga, cada vez se sentaba con más frecuencia en el banquillo del Bayern. Esto no le gustaba nada a este futbolista purasangre, rebosante de alegría de vivir, dueño de un rancho en su país dedicado a la cría de caballos de carreras. Así las cosas, Pizza, como se le conocía en Alemania, se buscó la vida en el Chelsea. Pero nunca llegó a cuajar allí y, en verano de 2008, fue cedido a la entidad en la que empezó su gran aventura europea hace nueve años.

De vuelta a la casilla de partida
"Es el jugador que deseábamos", declaró en su nueva presentación el Director Deportivo del Werder Bremen, Klaus Allofs. Cabe sospechar que los de Brema se habían sorprendido sobremanera de alguna que otra declaración negativa que los responsables del Bayern hicieron acerca de su ex delantero estrella y reciente fichaje durante los tiempos de Pizarro en Múnich. Porque el peruano, que ahora también tiene pasaporte italiano, fue a sus 20 años todo un ídolo para los seguidores verdiblancos del Weser, cuando aún no se tenía ni noticia de futbolistas como Ailton o Diego. Ahora Pizza ha vuelto, con sus 30 años cumplidos, maduro y para nada frustrado por no haberse granjeado la misma admiración en el Bayern y el Chelsea. Todo lo contrario, ha vuelto con muchas ganas.

Eso es lo que más necesita el Werder. El equipo de Schaaf precisa urgentemente un hombre de categoría capaz de desatar la euforia, dar un paso al frente y marcar la diferencia. Como en el último partido de la Liga de Campeones disputado en el feudo del Inter de Milán hace unas semanas, donde Pizarro subió el tanto de los suyos en el 1-1 contra los italianos, para demostrar que en este equipo vuelve a haber mimbres suficientes para aspirar a lo más alto. O cuando contribuyó al asalto por 2-5 de la fortaleza de su antiguo club, el Bayern de Múnich, con otro gol que no celebró.

Más vivo que nunca
"El Bayern es un gran club con nombres de fama internacional y el Werder quiere ser un gran club con nombres de fama internacional", señaló Pizarro hace poco con la intención de provocar y motivar a sus propios compañeros de equipo. Para el ariete de pies ligeros en el otoño de su carrera, se trata sobre todo de devolver algo al club que le abrió las puertas del gran escenario europeo. Es cierto que los problemas musculares están entorpeciendo su rendimiento actual, pero es lógico suponer que su regreso servirá de estímulo al Werder Bremen, a cuyo favor ya ha firmado cinco goles esta temporada.

Así tiene que ser para que amaine el oleaje del río Weser. Y que nadie tenga dudas de que Pizarro es el hombre indicado para la tarea.