En 1985, Brasil encandilaba a todos al conquistar su segundo título consecutivo de la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA. En aquella disputa en la antigua URSS, Paulo Silas do Prado Pereira se hizo amo y señor del mediocampo de la Seleção, se llevó el Balón de Oro adidas como mejor jugador del torneo y dio un brillante inicio a una carrera que sería de las más victoriosas.
Veintitrés años después, el nombre de Silas está de vuelta entre los titulares del fútbol de Brasil. Y otra vez, como en 1985, se habla de "un brillante inicio de carrera": en su primera temporada como entrenador, el ex volante de 43 años comandó el modesto Avaí hacia el tercer puesto del Brasileirão de la serie B, lo que le valió el título de mejor técnico de la temporada en la segunda división. Con el resultado, el club de la provincia de Santa Catarina volverá a militar en la élite del fútbol nacional después de 30 años de ausencia. Todo un nuevo mundo de desafíos para Paulo Silas.
"Claro que la temporada 2009, en primera división, nos presentará muchas más dificultades y mucho más presión, pero cuando decidí dedicarme a la profesión de director técnico, soñaba justamente con eso. Es una responsabilidad que quiero tener", cuenta Silas en diálogo con FIFA.com.
"Lo único que no esperaba era alcanzar este nivel en mi año de debut. Es gratificante", dice él, quien tuvo sus primeras experiencias en los banquillos como asistente técnico de otro ex jugador del São Paulo FC, su amigo y ex portero de la selección, Zetti.
Alegrando a un ídolo
La experiencia de Silas como jugador fue tan vasta como exitosa: después de tres años mágicos en el São Paulo -donde fue tres veces campeón estadual paulista y campeón brasileño en 1986- , dio inicio a un recorrido que lo llevó a un total de 17 clubes en Brasil y otros cinco países: Portugal (Sporting Lisboa), Uruguay (Central Español), Italia (Cesena y Sampdoria), Japón (Kashiwa Reysol y Kyoto Purple Sanga) y Argentina (San Lorenzo).
Además del título mundial sub-20, con la Seleção conquistó la Copa América 1989 y disputó dos ediciones de la Copa Mundial de la FIFA: 1986 y 1990. "Tuve excelentes entrenadores a lo largo de mi carrera. Aprendí mucho con Telê Santana, con Marcello Lippi... Pero creo que lo más importante vino de Cilinho (Otacílio Pires de Camargo), quien me lanzó en el equipo absoluto del São Paulo. Él no tenía miedo de perder su puesto: no hacía concesiones y se mantenía fiel a su plan de trabajo. Es la mentalidad que intenté incorporar a mi trabajo en el Avaí esta temporada".
Su manera dulce, pero con carácter y seriedad, lo ha transformado en el nuevo héroe de la hinchada del Avaí. Hasta la hazaña de esta temporada, el club de la ciudad de Florianópolis tenía como único motivo de proyección nacional el hecho de ser el equipo de corazón de Gustavo "Guga" Kuerten, uno de los más grandes deportistas de la historia de Brasil. El ex tenista estaba en el estadio de la Ressacada cuando el Leão da Ilha aseguró su paso a la élite. Bajó al césped, abrazó uno a uno a los jugadores y se juntó a la fiesta del ascenso como el más fervoroso de los hinchas. "Guga no nos dejó en paz todo el año. A cada semana viene al club luego de los entrenamientos para jugar al dominó con los muchachos", se ríe Silas.
A cuesta de mucho trabajo, el nombre del Avaí volvió a hacer parte del vocabulario del fútbol brasileño, más allá de la provincia de Santa Catarina. Pero el director técnico conoce el fútbol y sabe que las grandes carreras se construyen paso a paso. "En el Brasileirão 2009, nuestra intención al principio es no volver a segunda división" admite. "Pero, ¿quién sabe si, tal y como fuimos la sorpresa en la serie B, no seremos también en la serie A?"
De sus tiempos de jugador, Silas ya ha emulado el inicio de carrera inmejorable. Ahora empieza el camino para repetir desde el banquillo algo todavía más difícil: un palmarés de lujo como el suyo.
