Al que ve a Luís Fabiano Clemente hoy, anotando un gol tras otro en el Sevilla FC y dueño de la codiciadísima camisa 9 de la selección brasileña, le cuesta creer que a lo largo de su carrera el delantero haya vivido tantos momentos difíciles. De su traspaso frustrado al Rennes francés, cuando tenía apenas 18 años, a la temporada que vivió en Portugal, el goleador de 28 años ha tenido que superar numerosos desafíos antes de contar con una aprobación casi unánime.

En una entrevista exclusiva con FIFA.com, Luís Fabiano habló con simplicidad y sinceridad acerca de los altibajos en su vida profesional, sus ambiciones con la Seleção y el amor que siente por dos clubes a los que quiere volver a jugar antes de terminar su carrera.

Señor Luis Fabiano, la mayoría de la gente, sobre todo fuera de Brasil, asocia su nombre al São Paulo FC, y no sabe que en realidad comenzó su carrera en el Ponte Preta de Campinas, ¿verdad?
¡Así es! Nací en Campinas y toda mi familia es pontepretana, así que desde niño tengo mucho cariño por el club. Empecé allá en el 1997, cuando disputé la Copa São Paulo (nota del editor: un tradicional torneo de juveniles en Brasil) y luego ascendí a los profesionales. Formamos un buen equipo y logramos subir a la primera división tanto en el Campeonato Brasileiro, en 1998, como en el Paulista, un año después.

¿Y entonces su buen desempeño llamó la atención hasta en Europa?
La verdad es que fue algo que me sorprendió. Unos ojeadores del Rennes, de Francia, fueron a Campinas a ver un partido nuestro porque pensaban fichar a Vânder, un volante. Aquel día yo jugué como nunca y metí dos goles. Al final, el Rennes decidió llevarnos a los dos. Con 18 años, no me imaginaba la posibilidad de jugar al fútbol en otro país ni tenía idea de lo que significaba. Por eso viví tantos problemas.

¿Qué tipo de problemas?
Todo lo que conllevaba mudarse a otro país: el frío, el idioma, la gente, las costumbres... Debes estar preparado y yo no lo estaba. Pero cuando uno es joven, se presenta una oportunidad como aquella y sólo piensas en el dinero de la transferencia. Hoy hace siete años que vivo en Europa y lo veo claramente: fue un tremendo error haberme venido al Rennes tan pronto.

Y luego vino el São Paulo...
Afortunadamente así ha sido mi vida hasta hoy: cuando todo está complicado, llega el momento en que logro remontar, crecer y vivir cosas especiales. Así fue en São Paulo: llegué en 2001 y tuve la suerte de jugar con Rogério Ceni, Leonardo, Kaká, França... Volvimos tras diez años a la Copa Libertadores, que es una verdadera obsesión de la hinchada, anoté muchos goles y fui por primera vez a la Seleção. Mi carrera renació allí.

Más allá de sus goles, parecía que usted y la hinchada del São Paulo tenían una relación especial. ¿Lo sentía así?
Muchísimo. Ese cariño que tenía por mí era algo de otro mundo. Lo recuerdo y se me pone la piel de gallina. Creo que la afición se da cuenta cuando un jugador verdaderamente lo da todo y sufre junto con el equipo. Y creo que nunca he dejado de hacerlo: nunca me faltaron ganas.

Esas mismas ganas a veces le ocasionaron expulsiones y otras situaciones desfavorables, ¿no cree?
Coincido, he hecho muchas tonterías dentro de la cancha, recibí muchas tarjetas gratuitas. Me costaba muy poco perder la cabeza. De tantas ganas a veces hacía entradas más duras o caía en la provocación de los rivales... Sí, mi carácter me ha costado sanciones evitables.

La etapa en São Paulo se cerró cuando recibió la propuesta del FC Porto. ¿Tuvo recelo de volver a Europa tras su primera y fallida experiencia?
Sí. No sólo por volver a intentar la vida en Europa, sino porque estaba dejando el São Paulo, el club que me había llevado a la Seleção y donde viví los mejores momentos de mi vida hasta entonces. Pero habíamos perdido la Libertadores 2004 y la hinchada andaba enfadada. Surgió la propuesta del entonces campeón de Europa y yo sabía que iba a disputar la Liga de los Campeones de la UEFA. Pero aún así, después de todo lo que había pasado en el Rennes, no sabía si realmente lo deseaba.

Pero, ¿usted no se sentía más preparado para salir del país?
Quizás un poco más, por la experiencia, pero igual fue muy duro. Yo recién salía de una lesión de la cual me costó recuperarme, el equipo había perdido sus principales jugadores y su entrenador, José Mourinho. Era un momento de reconstrucción en el club y eso siempre es complicado. Para colmo tuve problemas personales: mi madre estuvo más de dos meses secuestrada en 2005. Probablemente el peor momento de mi carrera.

Y, como decía antes, cuando todo estaba más duro, usted remontó a lo grande. ¿Con qué ánimos encaró su traspaso al Sevilla?
Al final de aquella temporada surgieron propuestas de diferentes equipos, y yo estaba determinado a probar suerte en la liga española. Llegar a un acuerdo con el Sevilla me ilusionó.

En 2005, aquel también era un equipo en formación. Cuando llegó, ¿creía que alcanzarían los resultados que alcanzaron?
¡Ni en mis mejores sueños! Ni yo, ni el presidente, nadie... Sevilla era un club que apenas había conquistado grandes títulos en su historia. Salir campeones de la Copa de la UEFA en la temporada del centenario era más de lo que hubiéramos podido imaginar. Y repetir el año siguiente... Fue el encuentro perfecto de jugadores que estaban a punto de llegar al mejor momento de sus carreras, comandados por un excelente entrenador como Juande Ramos.

Mi sueño es cerrar mi carrera en Ponte Preta, donde todo comenzó, pero antes quisiera jugar otra vez en un buen nivel por el São Paulo. Aquello fue muy especial, la relación que yo tenía con el club y con la afición era algo tremendo.
Luis Fabiano y el futuro.

Desde la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006 hay una lucha disputadísima por la camisa 9 de la Seleção. ¿Es usted hoy el líder de dicha carrera?
Yo tengo un defecto: soy muy desconfiado. Sé que he conseguido algún espacio dentro de la selección, pero no el suficiente como para fiarme. No pienso: "bueno, si estoy tres o cuatro partidos sin anotar, la plaza de titular sigue siendo mía".  Además, en Brasil no existe partido en el que tengas derecho a jugar mal: todos miran de cerca y la competencia es durísima.

¿Qué le parece el retorno de Ronaldo al Corinthians? ¿Cree usted que le disputará el dorsal 9 de la selección?
Ahora mismo no creo que Ronaldo piense en eso. Su intención, antes de todo, deber ser volver al fútbol en un buen nivel con el Corinthians. No sé cómo la posibilidad de buscar una plaza en la Seleção le afecta a Ronaldo hoy. Él ya ha ganado absolutamente todo a lo que un futbolista puede aspirar, e imagino que hoy, antes que todo, busca el placer de jugar al fútbol.

Usted ha mencionado su admiración por Juande Ramos como entrenador. ¿Convertirse en uno está en sus planes para el futuro?
¡No, ni hablar! (risas) En serio, no creo que sirva para entrenar. Mi agente quiere convencerme de que al retirarme sea empresario o directivo del fútbol, pero no sé. Un día Juvenal Juvêncio (actual presidente del São Paulo FC) me dijo que al dejar yo trabajaría para el club. Ya veremos si recuerda la propuesta dentro de seis o siete años (risas).

Antes de eso, ¿volverá a jugar al São Paulo FC o al Ponte Preta?
Mi sueño es cerrar mi carrera en Ponte Preta, donde todo comenzó, pero antes quisiera jugar otra vez en un buen nivel por el São Paulo. Aquello fue muy especial, la relación que yo tenía con el club y con la afición era algo tremendo. En 2005 volví con la selección al Morumbí y, a pesar de que estaban Ronaldinho, Robinho y Kaká, los são-paulinos me saludaban a mí. Fue algo sensacional y me gustaría volver a vivirlo.