El alemán Horst Eckel no lo sabía, pero al entrar en juego contra la selección del Sarre en octubre de 1953, abrió un nuevo capítulo de la historia del fútbol. Ese día se convirtió en el primer sustituto en un partido. Y aunque el deporte rey continúa jugándose con 11 hombres, a menudo se gana con 12, 13 o 14.
Inspirados por su precursor, otros futbolistas germanos destacaron como suplentes. El ejemplo más conmovedor es el de Günter Netzer, organizador de juego del Mönchengladbach, en la final de la Copa nacional contra el Colonia en 1973. Afectado por el reciente fallecimiento de su madre, se contentó con ocupar un puesto en el banquillo. Saltó al campo a 20 minutos del final, para anotar el gol de la victoria por 2-1 de los suyos, y entró en el corazón de los alemanes, consolidando un año después su categoría al alzar la Copa Mundial de la FIFA.
Dos decenios más tarde, la historia no fue tan triste, aunque sí igual de hermosa para la Mannschaft, durante la Eurocopa 1996. Oliver Bierhoff entró en juego en el minuto 69 de la final, frente a la República Checa, que iba ganando 1-0, y sólo tardó cuatro minutos en empatar. El delantero pasó de salvador a héroe en la prórroga, al inscribir el primer gol de oro de la competición, que daría el trofeo a Alemania.
Ese triunfo llegado desde el banquillo inspiró al joven Lars Ricken, atacante del Borussia Dortmund, en la final de la Liga de Campeones de 1997 contra el Juventus. Materializó el tercer gol de su equipo... ¡tras sólo 16 segundos de presencia sobre el césped, y en el primer balón que tocaba! La prueba reina de las competiciones de clubes en Europa decididamente inspira a los arietes, ya que dos años antes Patrick Kluivert, suplente de inicio, logró el tanto de la victoria del Ajax de Amsterdam sobre el AC Milan (1-0), mientras que en 2006, contra el Arsenal, el sueco del FC Barcelona Henrik Larsson entró en el campo para dar dos asistencias decisivas a Samuel Eto'o y a Juliano Belletti. Fijémonos también en que el brasileño autor del gol del triunfo (2-1) había aparecido diez minutos antes...
Solskjær, sucesor de Fairclough
Es precisamente en Barcelona donde se escribió la leyenda del comodín más célebre en la final de la Liga de Campeones de 1999. Ole Gunnar Solskjær, apodado ya Supersub por sus actuaciones decisivas con el Manchester United partiendo desde el banquillo, hizo en el tiempo añadido la diana decisiva frente al Bayern de Múnich, ¡que un minuto antes todavía ganaba 1-0! Entretanto, Teddy Sheringham, a quien también había llamado Alex Ferguson unos momentos antes, igualó el encuentro. "Cuando vi marcar a Teddy, me dije ‘¡fantástico!' Aún voy a jugar 35 o 40 minutos de una final de la Liga de Campeones. ¡Va a ser increíble!", confesó el héroe a la conclusión del choque. Al final tan sólo duro unos segundos más, pero, efectivamente, ¡fue algo increíble!
En once temporadas en Manchester, el noruego, que colgó las botas en 2007, dejó recuerdos imborrables, y unas estadísticas impresionantes, a pesar de su condición de eterno suplente. La historia parecía estar ya escrita. En su primer encuentro con los Red Devils, en 1996, vio puerta dos veces tras saltar al campo, permitiendo a los suyos empatar con el Blackburn, que vencía 2-0. En un decenio, muchos de sus 126 goles se produjeron después de sustituir a uno de sus compañeros. El símbolo de este éxito fue la parte del encuentro que disputó frente al Nottingham Forest en febrero de 1999, cuando anotó cuatro en menos de diez minutos. El "asesino de rostro angelical", poseedor de una calidad que le hubiera valido un puesto de titular en cualquier club, siempre respondió de la misma manera a todas las tentaciones: "¡Prefiero ser suplente aquí que titular en otro sitio!".
Piernas frescas
Por ironías del destino, el "mejor suplente de la historia", según dijo sir Alex, fue en su juventud seguidor del enemigo íntimo, el Liverpool, donde nació el concepto de Supersub en el decenio de 1970. Cuando los Reds reinaban en Inglaterra, el delantero David Fairclough tenía dificultades para hacerse un hueco en el once de Bob Paisley. Pero su paciencia fue recompensada desde la primera temporada, al perforar la meta contraria siete veces en 14 partidos, nueve de ellos entrando en el transcurso del encuentro.
De sus apariciones victoriosas, los hinchas recordarán la del duelo ante el Saint-Étienne en cuartos de final de la Copa de Europa en 1976, cuando su gol postrero eliminó a los Verdes y situó a los Reds camino de su primer título continental. "Pero esta condición no ayudó en nada a mi carrera", recuerda él. "Actualmente, a los suplentes se les considera piernas frescas capaces de cambiar un partido, pero en aquella época sentarse en el banquillo significaba que no eras lo suficientemente bueno como para jugar de inicio".
Y si hablamos de frescura en las piernas, Roger Milla aún la tenía a los 38 años. En la Copa Mundial de la FIFA 1990, el camerunés metió prácticamente él solo a los Leones Indomables en cuartos de final al marcar sendos dobletes tras su entrada en juego ante Rumania y Colombia. Otro ídolo de la gran cita mundialista fue el paraguayo Nelson Cuevas, quien sacó a su equipo de un bache en 2002, en el último partido de la liguilla. Los Albirrojos necesitaban vencer a Eslovenia para clasificarse, pero perdían 1-0 a la hora de juego, momento elegido por Cesare Maldini para recurrir a su comodín. Únicamente tardó cuatro minutos en empatar y veinte más en firmar un doblete, la tercera diana de los suyos. Una vez cumplida su misión, ¡el suplente fue sustituido en el tiempo añadido!
Aciertos del entrenador
El seleccionador de Egipto también tuvo buen olfato en semifinales de la Copa Africana de Naciones 2006, contra Senegal. Aun arriesgándose a poner a todo el país en su contra, Hassan Shehata decidió retirar a la figura nacional, Mido, para introducir al joven Amr Zaki. Mientras el ex jugador del Marsella se enzarzaba en una memorable y dura disputa con su técnico, su sustituto marcaba el único gol del partido en la primera pelota que tocaba, catapultando a los Faraones a una final que ganarían unos días más tarde.
¿Y qué decir pues de las decisiones de Roger Lemerre en la final de la Eurocopa 2000? Sylvain Wiltord saltó al campo en los últimos compases, con un 1-0 a favor de Italia en el casillero, e igualó en la prolongación gracias a un desvío de David Trézéguet, que había entrado desde el banquillo un cuarto de hora antes. Y como guinda, Trezegol inscribió en la prórroga el gol de oro que aupó a los Bleus a la cima de Europa, asistido por Robert Pirès... ¡también suplente de inicio!
Por supuesto, aunque nos acordamos de estas historias con final feliz, hay otras que nos gustaría olvidar. La del boliviano Marco Etcheverry en la Copa Mundial de la FIFA 1994 es una de ellas. El Diablo ingresó al terreno de juego en el minuto 79, en el primer partido, contra Alemania, y tuvo que salir tres minutos más tarde, con una tarjeta roja como único recuerdo...


