Pocos jugadores internacionales pueden hablar de fútbol con tanta elocuencia y conocimiento de causa como Clarence Seedorf. El mediocampista del Milan, ganador en cuatro ocasiones de la Liga de Campeones con tres clubes diferentes, es también un campeón de la justicia social fuera de los terrenos de juego.

Seedorf ha concedido en exclusiva a FIFA.com esta entrevista, en la que declara su amor inextinguible por el deporte rey e informa de sus proyectos más recientes, con los que está dejando huella también fuera de los terrenos de juego.

¿Se alegra de que la Copa Mundial de la FIFA 2010 se celebre en África por primera vez en la historia?
Muchísimo, estoy muy ilusionado. Es un sueño hecho realidad. Se ha conseguido gracias al empeño de personas muy singulares, pero una de ellas será siempre la más especial: Nelson Mandela. Para mí será un honor ir a Sudáfrica a participar en este acontecimiento.

¿Quiere decir sobre el terreno de juego?
Bueno, si pudiera ir con la selección holandesa, me emocionaría mucho más si cabe. Pero, de momento, no parece que haya muchas posiblidades de eso ocurra. De todas formas, creo que cabe dentro de lo posible, porque estoy jugando bien y estoy disponible. No conozco a Bert van Marjwik [Nota de la redacción: el seleccionador holandés]; aunque, pensándolo bien, el hecho de no conocerlo podría ser positivo, pues me ofrece la oportunidad de empezar de cero.

Háblenos de su compromiso con la fundación Nelson Mandela.
Estoy colaborando estrechamente con la fundación en un proyecto llamado "El parque de juego de los campeones", que debería estar listo para el año 2010, justo antes o justo después del Mundial. ¡Ojalá pudiera inaugurarlo Nelson Mandela! En colaboración con la Universidad del Cabo Occidental y la Universidad Católica de Milán, hemos creado un modelo pedagógico para un parque infantil multiusos. La idea es que no sólo lo disfruten los niños, sino que toda la comunidad al completo participe de él. Sudáfrica será el punto de partida, pero pretendemos que a continuación se sucedan proyectos similares en otras partes de África.
Trabajé en la puesta en marcha de una iniciativa parecida en Holanda, concretamente en mi ciudad, Almere, con ayuda de la escuela en la que yo estudiaba de pequeño. Lleva funcionando tres años y está considerado uno de los mejores parques infantiles que existen. A los tres meses de su inauguración, los índices de delincuencia descendieron un treinta por ciento.

Usted aboga incansablemente por la responsabilidad social. ¿Cree que sus colegas se implican lo suficiente en la ayuda a las personas menos privilegiadas?
En general, me gustaría que muchas más personas dieran ejemplo, que prestaran su ayuda al prójimo y tendieran la mano a los más necesitados de este mundo. Como soy uno de esos personajes públicos en los que otras personas se miran, me corresponde dar ejemplo y siempre lo haré; y nunca dejaré de repetir que cada cual debe asumir sus responsabilidades. El fútbol es el deporte más importante del mundo, y eso conlleva la responsabilidad más importante. Debemos demostrar, no sólo de boquilla sino con nuestros actos, que la vida consiste en entregarte a los demás.

También se ocupa de varios proyectos en Surinam, el país que lo vio nacer. Háblenos de ellos.
En Surinam, participo en varios proyectos y dentro de poco en unos cuantos más. Esperemos que, al igual que Trinidad y Tobago y Jamaica, Surinam consiga jugar algún día en una Copa Mundial, ojalá que en la edición de 2014 o 2018. Sería un acontecimiento que cambiaría las ilusiones y las expectativas de su gente. Surinam tiene talento. No sé qué grado de calidad puede llegar a alcanzar, pero tiene talento a raudales, que debemos educar y pulir. Desde el punto de vista comercial, el fútbol podría servir para poner a Surinam en el mapa. Desde siempre he soñado que algún día lo conseguiríamos, y espero que así sea con estos proyectos.

Ya han pasado más de diez años desde que se hizo profesional. ¿Sigue disfrutando del trabajo cotidiano?
Disfruto más que hace diez años. Siento la misma pasión cada día. En realidad, me siento mejor cada año que pasa. Al mismo tiempo, noto que, mientras pueda seguir perfeccionando mi juego, nada me detendrá.

De todos los entrenadores con los que ha trabajado a lo largo de estos años, ¿cuál le ha marcado más profundamente?
He tenido muchísimos entrenadores, y todos ellos me han marcado. Louis Van Gaal me brindó mi primera oportunidad y me hizo debutar a los 16 años [nota de la redacción: con el equipo profesional del Ajax], de modo que demostró mucha fe en mí. En el Sampdoria, Sven-Goran Eriksson me enseñó muchísimo, más de la vida que de fútbol. Me enseñó que hay que saber sobrevivir fuera de tu círculo habitual, más allá de los límites que tú te hayas impuesto. Fabio Capello me dio seguridad en mí mismo y me enseñó la importancia que tiene el orden y la jerarquía. Marcelo Lippi me animó a dar rienda suelta a mis instintos creativos. Luego, en el Milan, todas esas influencias se conjugaron para formar un todo; para completar con todas esas cualidades una personalidad que había asumido las lecciones aprendidas hasta el momento. En mi época del Ajax, del Sampdoria y del Madrid, yo era demasiado joven. Carlo Ancelotti supo aprovechar al máximo mis dotes técnicas y sacar de mí todo lo que yo podía darle. Y lo más importante, Ancelotti comprendió cuál era mi mejor posición: el puesto de creador, justo por detrás de los delanteros. Gracias a eso, he llegado a marcar 10 goles por temporada durante 2 o 3 años, cuatro goles más de los que normalmente venía anotando, y estoy convencido de que el cambio de posición ha tenido mucho que ver en todo esto. Ancelotti y el Milan se cruzaron en mi camino en el momento justo.