E Pluribus Unum, la frase latina que significa "De muchos, uno", entró a formar parte del escudo de los Estados Unidos de América en 1776, año en el que nació la flamante república. Desde entonces, la Estatua de la Libertad, desde su puesto de vigía en el puerto de Nueva York, ha contemplado la llegada de oleadas de agotados inmigrantes, a los que ha acogido con las palabras de la poetisa Emma Lazarus que lleva grabadas en su pedestal: "Dame tus rendidas, tus pobres, tus masas hacinadas anhelantes de respirar en libertad...".

Ahora, en 2009, los estadounidenses han elegido como su Presidente al hijo de un intelectual keniata y de una americana de Kansas, y así el espíritu que anima esos versos se ha plasmado con más fuerza que nunca. Es ese mismo aliento el que hace palpitar el corazón de la selección nacional de fútbol de Estados Unidos desde hace más de 90 años.

El soccer, como se conoce al deporte rey en el país, ha sido desde siempre un fiel reflejo del mosaico étnico que forman en el país las diferentes poblaciones inmigrantes. El fútbol, en contraste con otros deportes de clara vocación "estadounidense" como el fútbol americano o el béisbol, era y sigue siendo para los inmigrantes una manera de mantener vivos sus lazos con sus países de origen.

Llegan los "lanzadores de peso"
La primera selección nacional de Estados Unidos que participó en una Copa Mundial de la FIFA estaba compuesta principalmente de jugadores recién llegados de las Islas Británicas, principalmente de Escocia e Irlanda. A los integrantes de aquel equipo, con nombres como McGhee, Auld, Vaughn, Moorhouse o Gallagher, se les llamaba jocosamente "los lanzadores de peso" por su constitución fornida y un tanto rechoncha. En la edición inaugural de 1930, el combinado estadounidense derrotó a Bélgica y a Paraguay en Montevideo, y se proclamó tercero, su mejor resultado hasta la fecha en la Copa Mundial de la FIFA.

La selección que viajó a Brasil para la fase final de 1950 era completamente diferente. Estaba compuesta sobre todo por hijos de inmigrantes, jugadores que habían crecido practicando deportes más típicamente estadounidenses, como el baloncesto o el béisbol, además del fútbol. El equipo recibió una influencia marcadamente portuguesa e italiana, fiel reflejo de las tendencias migratorias de la primera mitad del siglo XX. Charlie Colombo, Frank Borghi, Ed y John Souza, y Harry Keough eran sus grandes figuras, junto con Walter Bahr y Gino Pariani. En su famosa victoria contra Inglaterra, un 1-0 en Belo Horizonte, el único gol del partido fue obra de un tal Joe Gaetjens, un añadido de última hora al equipo y su único jugador de raza negra. Gaetjens, nacido en Haití, era un estudiante de Brooklyn (Nueva York), que trabajaba a tiempo parcial como lavaplatos.

Su remate en plancha (se calcula que en su caída para golpear de cabeza aquel balón cubrió más de 4 metros) en el minuto 38 sigue recordándose hoy en día como uno de los momentos de mayor gloria del fútbol de Estados Unidos. La irrupción de Gaetjens en un combinado compuesto en buena parte por jugadores euro-americanos presagiaba ya el equipo multiétnico que es hoy en día la selección estadounidense.

Cuatro décadas de sequía
En las décadas de 1960, 70 y 80, Estados Unidos brilló por su ausencia en los escenarios internacionales. En total, pasó 40 años de sequía, en los que no consiguió clasificarse para ninguna fase final de la Copa Mundial de la FIFA. La situación comenzó a mejorar hacia el año 1990, con la entrada en el equipo del creador de juego, uruguayo de nacimiento, Tab Ramos y la clasificación para la edición de Italia, y cambió radicalmente cuatro años después, cuando los estadounidenses organizaron la fase final. En su propia Copa Mundial, la selección que se metió en la segunda ronda estaba formada por hombres como el propio Ramos, su capitán de origen alemán, Tom Dooley (hijo de un soldado destacado en Alemania), el salvadoreño Hugo Pérez, el holandés Earnie Stewart, el sudafricano Roy Wegerle y Fernando Clavijo. Todos ellos bajo la batuta del serbio Bora Milutinovic.

El combinado actual que ha conjuntado Bob Bradley contiene una mezcla más variada si cabe, y representa orígenes étnicos y nacionales más diversos que nunca antes. La lista del equipo, que parece más bien la relación del pasaje de un barco de inmigrantes, da cuenta de ese empuje, en plena evolución y transformación continua, que impulsa al país.

La última revelación ha sido Jozy Altidore, cuyas raíces, al igual que las de Gaetjens, se hunden en la isla caribeña francoparlante de Haití, donde nacieron sus padres. El joven delantero de 19 años, que pertenece al Villarreal español aunque juega actualmente cedido en el Xerez, ha anotado cuatro goles en los dos últimos encuentros de clasificación para Sudáfrica 2010. Otro joven que triunfa en el equipo, compañero de Altidore en los Juegos Olímpicos de Pekín, es José Francisco Torres, un muchacho nacido en Texas, que disfruta de la doble nacionalidad y juega al otro lado de la frontera, en el mexicano Pachuca. Michael Orozco también desempeña su oficio en México, concretamente en el San Luis FC. Nació en California pero, al igual que Torres, conserva las dos nacionalidades: estadounidense y mexicana.

Un futuro en América
El capitán de la actual formación, Carlos Bocanegra, afincado en Francia y jugador del Rennes en la máxima división del país galo, también tiene raíces mexicanas, aunque se crió en Alta Loma (California). A su lado en el centro de la defensa estadounidense se sitúa el inconfundible Oguchi Onyewu, un hombre al que su 1,93 de estatura no permite pasar desapercibido. Sus padres emigraron a Estados Unidos desde uno de los países más importantes futbolísticamente hablando de África occidental, Nigeria. De este mismo país proviene la familia del mediocampista de contención Maurice Edu, quien comparte filas con DaMarcus Beasley en el Glasgow Rangers, y Ugochukwu "Ugo" Ihemelu, un defensa que ha disfrutado de pocos minutos de juego con la selección, que nació en la ciudad nigeriana de Enugu.

Uno de los hombres que está causando sensación en las filas de Estados Unidos es Sacha Kljestan. El padre de este mediocampista creativo y resolutivo, cuyo nombre se asocia con un posible traspaso de la liga del país al Celtic, es un ex futbolista serbio. El alto delantero Brian Ching nació en Estados Unidos, pero es el único integrante de la selección nacional oriundo del archipiélago de Hawai, el estado situado en pleno océano Pacífico, a 4.022 kilómetros de las costas de California.

El equipo cuenta también con Pablo Mastroeni, nacido en Mendoza (Argentina), de origen italo-argentino. Los padres del mediocampista Danny Szetela nacieron en Polonia. Y quizás el más famoso de todos sus integrantes sea el joven fenómeno Freddy Adu, emigrado a Estados Unidos desde su Tema (Ghana) natal con su madre, que había ganado en la Lotería de la Tarjeta Verde el derecho a residir en el país, en busca de una nueva vida en el llamado "país de las oportunidades".