La calidad de los jugadores africanos, de la que se nutren los clubes más pujantes de Europa, es ya incuestionable. Sin embargo, los entrenadores todavía no han logrado hacerse un hueco entre la flor y nata del fútbol profesional. Esta paradoja se debe en gran parte a la utilización a menudo desmesurada de técnicos llegados de las antiguas potencias coloniales, principalmente de Francia.
La influencia de estos brujos blancos se deja sentir sobre todo en el África septentrional y central, una extensa franja atlántica que abarca desde Senegal en el norte hasta la República Democrática del Congo (el antiguo Zaire) en el sur.
Estos preparadores, que muchas veces gozan de gran popularidad en África y en ocasiones son desconocidos en Francia, durante un primer ciclo aportaron su experiencia y estructuraron la dirección de las selecciones nacionales de un continente sin pasado en la Copa Mundial de la FIFA antes de 1970. Desde el decenio de 1980, se les exige resultados tanto en la Copa Africana de Naciones (CAN) como en la gran prueba mundialista.
Actualmente, lejos de disminuir, la influencia de los técnicos galos continúa teniendo la misma fuerza. Así, en la última CAN, celebrada en 2008, siete conjuntos estaban dirigidos por estrategas venidos de Francia: Costa de Marfil (Gérard Gili), Ghana (Claude Le Roy), Guinea (Robert Nouzaret), Malí (Jean-François Jodar), Marruecos (Henri Michel), Senegal (Henryk Kasperczak) y Túnez (Roger Lemerre).
En medio siglo, desde el inicio de los años 60 hasta nuestros días, cincuenta entrenadores franceses han estado al frente de un combinado nacional africano. El carisma y la competencia de algunos obraron maravillas, mientras que otros se limitaron a efectuar una escala breve y discreta. FIFA.com te ofrece una lista no exhaustiva de estos brujos.
Los pioneros
Estos entrenadores pioneros, como el franco-argelino Kader Firoud, quien dejó su impronta en la historia del Nîmes de la gran época y luego ayudó a Lucien Leduc durante dos temporadas en el cuerpo técnico de la selección argelina (1967-69), desempeñaron en un primer momento el papel de asesores, con la misión de organizar el fútbol del país y descubrir a una elite. Fue el caso de Jean Prouff (Gabón, 1960), Raoul Diagne (Senegal, 1960-1963), Jules Vandooren (Senegal, 1961-1963) o André Gérard (Túnez, 1963-1965).
Algunos, como Dominique Colonna, mítico guardameta del Stade de Reims, realizaron un trabajo largo y duro. Primero como seleccionador y más tarde como ayudante de Raymond Fobete, Colonna formó a los arqueros cameruneses durante seis años, esforzándose por adaptar sus cualidades naturales a los imperativos técnicos del puesto.
Los campeones
Únicamente tres formaciones africanas han ganado la CAN con un francés en el banquillo. Claude Le Roy, aventurero del fútbol donde los haya, que tuvo una carrera modesta como jugador profesional, fue el primero en conducir al Camerún de Roger Milla a la victoria en 1988, contra Nigeria (1-0). Este trotamundos, quien ha llevado el timón de cuatro países africanos (Camerún, Senegal, RD del Congo y Ghana), también conquistó la Copa Cabral, de la región occidental del continente, en 1991, con Senegal.
Pierre Lechantre, un futbolista veterano aunque poco valorado a pesar de sus 95 goles en 350 partidos de primera división, poseía además el Diploma de Entrenador Profesional de Fútbol (DEPF), la titulación más alta que pueda obtener un técnico en Francia. Bajo sus órdenes, los Leones Indomables se adjudicaron una nueva CAN en 2000, de nuevo frente a Nigeria (2-2, 4-3 PEN). A continuación, Lechantre se haría cargo de Malí y de Marruecos.
El caso de Roger Lemerre, que guió a Túnez hasta la victoria en 2004, es diferente. Desembarcó en África avalado por sus títulos de campeón del mundo militar, campeón del mundo como segundo entrenador en 1998 y campeón de Europa en 2000. De este modo, volvió a empezar de cero en el país magrebí, donde se entregó a fondo durante seis años. Desde el 1 de julio de 2008, es el seleccionador de Marruecos.
También hay que mencionar el desempeño de Bertrand Marchand, desconocido para el gran público, antiguo profesional del Stade Rennais y que en 2007 se convirtió en el único francés hasta la fecha, considerando tanto a jugadores como a entrenadores, que ha logrado ganar con el Étoile Sportive du Sahel la prestigiosa Liga de Campeones de la CAF.
Los malogrados
Antiguos profesionales del fútbol francés, a veces descartados en su país, apenas en activo o simplemente en busca de una gran aventura en una nación de potencial futbolístico aún mal explotado, han probado suerte en África, a menudo sin mucho éxito, valiéndose de su nombre como tarjeta de presentación.
Just Fontaine, de origen marroquí, máximo goleador en una única Copa Mundial de la FIFA (13 tantos en 1958), no consiguió los mismos resultados con la selección de Marruecos (1979-81). El campeón del mundo Bernard Lama tan sólo aguantó dos meses al frente de Kenia. Christian Dalger, internacional en seis ocasiones y autor de dos goles con Francia, intentó labrarse un nombre en África, en Malí, donde no permaneció más que una temporada (2002-03). Lo mismo le sucedió al añorado Robert Pintenat, un potente delantero centro que estuvo una campaña en Gabón (1991-92).
Nasser Sandjak, preparador de Argelia entre diciembre de 1999 y abril de 2000, fue el primero en reconocer que "los resultados de los entrenadores extranjeros no están a la altura del cheque que reciben".
Los itinerantes
Philippe Troussier, Robert Nouzaret, Henri Michel y Henri Stambouli no ocultan su atracción por "el calor de las relaciones humanas en este continente". El primero en ser apodado el brujo blanco, Philippe Troussier, quien nunca pasó de la segunda división como jugador, exhibe varios récords, con etapas (a veces relámpago) al frente de Costa de Marfil, Nigeria, Burkina Faso, Sudáfrica y Marruecos, por no hablar de clubes como el Kaizer Chiefs (RSA), el CA y el FUS Rabat (MAR) y el ASEC Mimosas (CIV).
Robert Nouzaret, por su parte, dirigió a Costa de Marfil en sendos periodos de dos años, y se ocupa de Guinea desde diciembre de 2006.
Henri Michel, tres veces campeón de Francia con el Nantes (532 partidos), campeón olímpico al frente del combinado francés de la categoría (1984) y luego seleccionador de los Bleus durante cuatro años, con los que llegó a semifinales de la Copa Mundial de la FIFA México 1986, se contagió a su vez del virus africano a partir de 1994. En su hoja de servicios figuran las selecciones de Camerún, Marruecos, Túnez y Costa de Marfil (finalista de la CAN en 2006), y también estuvo al frente de media docena de clubes africanos.
Henri Stambouli, ex portero del Mónaco y del Marsella, oriundo de la ciudad argelina de Orán, pasó por Guinea, Malí y, brevemente, Togo, así como por cinco clubes del continente.
A pesar de esta avalancha de adiestradores procedentes de Europa, el fútbol africano tuvo que esperar hasta Corea/Japón 2002 para que uno de sus representantes superara la primera fase, el Senegal de Bruno Metsu.
A poco más de un año de Sudáfrica 2010, cinco franceses se hallan al mando de una selección africana en el inicio de la última ronda de la competición preliminar: Alain Giresse en Gabón, Roger Lemerre en Marruecos, Hervé Renard en Zambia, Michel Dussuyer en Benín y Robert Nouzaret en Guinea. Por tanto, la saga de los entrenadores franceses no parece ir a terminar pronto...

