El húngaro Ferenc Puskas, punta de lanza de los Magiares Mágicos (primera selección que logró ganar a Inglaterra en su feudo) y gran cómplice de Alfredo di Stéfano en el ataque del Real Madrid, era una auténtica leyenda en vida. Sus estadísticas, 83 goles en 84 partidos internacionales y 324 dianas en 372 encuentros con el equipo merengue, dan fe del talento de este media punta, más conocido por la afición madridista como "Cañoncito Pum".

Puskas, bajito, regordete, limitado en el juego aéreo y zurdo cerrado, era un delantero atípico. Sin embargo, gracias a su asombroso olfato goleador, se impuso como una de las piezas clave de la selección húngara que dominaba el universo futbolístico a principios de la década de 1950.

Nacido en Budapest el 2 de abril de 1927, Ferenc Puskas Biro heredó la pasión por el fútbol de su padre, jugador del Kispest (el equipo del ejército, rebautizado como Honved unos años más tarde). Muy pronto, el balompié pasó a ser más que un mero pasatiempo para este chico de enormes cualidades. Puskas fichó por el Kispest como juvenil en 1936 y debutó en el primer equipo en 1943. Pese a recibir frecuentes críticas (se le reprochaba que retenía demasiado el balón), rápidamente se convirtió en titular indiscutible.

Conoce un poco más  la biografía de Ferenc Puskas .

Dos años más tarde, en agosto de 1945, Puskas hizo su debut con la selección y metió su primer gol como internacional, contra Austria (5-2). "Creo que un buen jugador posee una visión de juego que le ofrece tres opciones. Puskas ve siempre por lo menos cinco", afirmó por entonces Jeno Buzanszky, lateral derecho de Hungría.

La campanada de Wembley
Puskas recibió rápidamente el apodo del "comandante galopante", en referencia a la vinculación de su club con el ejército húngaro. Pero sobre todo, fueron sus actuaciones con la selección de Hungría (integrada en su mayoría por jugadores del Honved) las que lo dieron a conocer por toda Europa e incluso más allá del Viejo Continente. En 1952, se colgó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki. Al año siguiente, la escuadra magiar infligió una humillante derrota a Inglaterra (3-6) en su estadio fetiche de Wembley.

Esa contundente victoria convirtió a Hungría en el primer país de la Europa continental que se imponía en el fortín inexpugnable del fútbol inglés. Puskas marcó en aquella ocasión el tercer tanto de Hungría, que más tarde describiría como "uno de los más bonitos de mi carrera". Máxime teniendo en cuenta que, antes de batir al guardameta Gil Merrick, se permitió el lujo de ridiculizar a Billy Wright, el capitán inglés, dejándolo sentado con un amague y un magnífico regate.

Naturalmente, Hungría se perfilaba como un rival temible al comenzar la Copa Mundial de la FIFA Suiza 1954. Puskas y compañía justificaron su condición de favoritos al acumular 17 goles en sus dos primeros encuentros (incluido un espectacular 8-3 contra Alemania, su futuro rival en la final). Puskas, con molestias en un tobillo, sólo volvió a jugar la final, en la que logró un tanto. Pero su aportación no sería suficiente. Hungría, tras ir ganando por 2-0, encajó a la postre su primera derrota en cuatro años (3-2). Dos temporadas más tarde, fue el final de una epopeya y, con 29 años, el cierre a la primera parte de la carrera de Ferenc Puskas. El 14 de octubre de 1956, dijo adiós a la selección magiar en un partido contra Austria, donde marcó su 83º tanto como internacional.

Tras la invasión de Budapest por los tanques soviéticos, Puskas, que en ese momento se encontraba en España para disputar un partido de Copa de Europa con el Honved, decidió pasarse al oeste. Al cabo de un año, volvió a imponerse al máximo nivel con el Real Madrid, convirtiéndose en el máximo goleador merengue por delante de su gran amigo Alfredo Di Stéfano, con quien se entendía con los ojos cerrados sobre el césped.

La pareja con Di Stéfano
"Cañoncito Pum", máximo goleador de la liga en cuatro ocasiones, era el principal artillero de una generación excepcional. Entre sus numerosos logros, marcó contra el Peñarol de Montevideo el primer gol en la historia de la Copa Intercontinental. Pero sobre todo, en la final de la Copa de Europa de 1960, en el Hampden Park de Glasgow, Puskas endosó cuatro goles al Eintracht de Fráncfort (7-3), y Di Stéfano tres. Sin duda, uno de los momentos cumbre en la historia del fútbol de clubes.

Tras nacionalizarse español con 31 años de edad, en 1961, disputó cuatro encuentros con la camiseta de su nueva selección, con un modesto balance que incluye 2 derrotas y una victoria en la Copa Mundial de la FIFA Chile 1962.

En 1962, el Real Madrid, tras cinco títulos continentales, perdió su primera final de la Copa de Europa frente al Benfica de Lisboa, a pesar de una nueva tripleta goleadora de "Pancho" Puskas con más de 35 años. Finalmente, el húngaro colgó las botas el 30 de junio de 1967 para iniciar su carrera como entrenador. Ello le permitió disputar en 1971 una nueva final de la Copa de Europa, como técnico del Panathinaikos (perdió por 2-0 ante el Ajax). Su nueva carrera le llevó al banquillo del Murcia, el AEK de Atenas, el Sol de América paraguayo, el Colo Colo chileno... En 1993 regresó a Hungría, donde dirigió durante unos meses a la selección nacional.

Finalmente, se retiró en Budapest, donde, desde 2001, juega la selección húngara en un estadio que lleva su nombre. Ahora, como consecuencia de una larga enfermedad, uno de los últimos héroes de las décadas de 1950 y 1960 nos ha dejado.

El Presidente de la FIFA Joseph S. Blatter expresó su gran tristeza tras conocer "el fallecimiento del legendario Ferenc Puskas, uno de los mejores futbolista que he visto en mi vida, y merecedor de la Órden dél Mérito de la FIFA, y ciertamente, tal como su federación declaró en 2003, el mejor jugador húngaro de los últimos 50 años".

Blatter añadió: "Siempre he sentido una gran admiración por un hombre capaz de marcar 83 goles en 84 partidos internacionales con la selección húngara, guiando al equipo de los magiares a la total supremacía del fútbol en la década de los 50, con una increíble racha de  32 encuentros internacionales sin perder, incluyendo los Juegos Olímpicos de 1952, marca que sólo se rompió en la final de la Copa Mundial de la FIFA 1954".