El joven Charlie Davies llegó a Sudáfrica para participar en la Copa FIFA Confederaciones con la esperanza de obtener experiencia y, quizás, algunos minutos de juego que añadir a las pocas convocatorias que llevaba con la selección. No obstante, lo que consiguió fue una introducción acelerada al fútbol internacional del más alto nivel. Y salió de este bautismo de fuego indemne, siendo uno de los hombres más destacados de Estados Unidos en su glorioso camino hacia la primera final global de su historia.

El flojo comienzo de los norteamericanos, que sufrieron una abultada derrota a manos de Italia y luego volvieron a caer estrepitosamente frente a Brasil, obligó al seleccionador Bob Bradley a echar mano de todos sus recursos. Contra Egipto, en Rustenburgo, sólo valía una victoria por muchos goles, y el técnico, de mala gana, llamó a un chico de 23 años, Davies. El delantero, que compite en Suecia, exhibió de inmediato sus aptitudes: velocidad, coraje, combatividad y un deseo irrefrenable de marcar. "Aporta energía a un partido", explicó Bradley a FIFA.com. "Nunca se rinde, por desfavorable que sea la situación".

Davies empezó a jugar a una edad muy temprana, animado por su padre, de nacionalidad ghanesa. Y su habilidad natural enseguida quedó de manifiesto. Sin embargo, su paso por las divisiones inferiores de Estados Unidos fue decepcionante, y al cabo de tres años de fútbol universitario en Boston puso rumbo a la máxima categoría de Suecia, recalando en el Hammarby tras una prueba fallida con el Ajax de Amsterdam. El muchacho se adaptó, sobreponiéndose al titubeante comienzo de su vida profesional, y ha anotado 21 goles en dos temporadas.

Artillero de escasa estatura, compacto, potente y con un centro de gravedad bajo, estuvo a punto de causar el caos en la retaguardia egipcia durante su primer encuentro como titular, valiéndose de su empuje para marcar en una jugada tras la cual hubo que aplicarle cinco puntos en la cabeza al guardameta, Essam el Hadary (por un choque fortuito con un defensa en su ansia por alejar el balón de su portería). El sorprendente triunfo por 3-0 de Estados Unidos, unido a la derrota de Italia por idéntico tanteo ante Brasil, situó al equipo de las Barras y Estrellas en semifinales, donde le aguardaba una selección española que no perdía desde 2006 y que comandaba entonces la clasificación mundial.

Bradley recompensó a Davies alineándolo nuevamente de inicio, y éste respondió con la misma entrega y potencia. Sus intenciones quedaron claras mediante un peligroso remate de cabeza a los cinco minutos, que obligó a emplearse a fondo a Iker Casillas, estrella del Real Madrid. Aunque no vio puerta, desequilibró constantemente a la defensa española, contribuyendo a que los estadounidenses lograsen su victoria más distinguida desde 1950, cuando se impusieron a Inglaterra en Belo Horizonte.

Davies, que únicamente había jugado 13 minutos con la selección olímpica el año pasado en Pekín, volvió a ser titular en el histórico segundo duelo frente a Brasil, la final de Johannesburgo. Y dejó su impronta al habilitar a Landon Donovan en un fulgurante contragolpe, que acabó en gol en el minuto 27. Contra todo pronóstico, Estados Unidos llegaba así al descanso con una ventaja de 2-0.

Pero esa renta no se mantendría. El sueño estadounidense se desvaneció ante la irresistible acometida de los brasileños en la segunda parte. Davies, una de las auténticas revelaciones del torneo, considera que la experiencia en su conjunto ha sido positiva. "Podemos estar muy orgullosos de terminar segundos en Sudáfrica", declaró a FIFA.com, señalando el interés que suscitó en su país, donde el fútbol no es el deporte más popular. "Enseñamos al mundo nuestro potencial, y les demostramos a nuestros seguidores de lo que somos capaces".

Davies, uno de los cuatro integrantes de la plantilla de la Copa FIFA Confederaciones que figura en la convocatoria para la Copa Oro de la CONCACAF que se está celebrando en estos momentos, únicamente dispuso de unos días para reponerse de su maratoniano vuelo de regreso a Estados Unidos antes del certamen regional bianual. Pero apenas ha acusado el desfase horario, ya que fue el autor de la última diana de los suyos en la contundente goleada por 4-0 sobre Granada en Seattle.

Davies, prácticamente un desconocido hace un mes, suma ya once partidos y tres goles con la selección nacional, y su meta es ahora contar para el entrenador en la Copa Mundial de la FIFA que se disputará el verano que viene en Sudáfrica. Para este ambicioso joven, supone una oportunidad que no está dispuesto a desaprovechar. "La experiencia de la Copa Confederaciones me ha hecho crecer más rápido como jugador", concluyó, un día antes de su segundo compromiso de la Copa Oro, frente a Honduras. "Ahora estamos deseando que llegue 2010, y si volvemos a desplegar todo nuestro potencial, ¡vamos a ser un equipo muy peligroso!".