Canadá ha sorprendido a más de un analista con su desempeño hasta la fecha en la Copa Oro de la CONCACAF 2009. Los Canucks se han adjudicado un grupo en el que también figuraban un rival de entidad como Costa Rica, Jamaica, campeona del Caribe, y El Salvador, y caminan ahora con nuevos bríos. A la cabeza del combinado norteño está el genial Ali Gerba, africano de nacimiento y máximo goleador de la historia del país.

"A nosotros no nos ha sorprendido ganar el grupo, pero a muchas personas sí", explica Gerba, de 27 años, que milita en el único equipo canadiense de la MLS, el Toronto FC. "En realidad la gente no espera mucho de Canadá, aunque tenemos algunos jugadores muy buenos y podemos llegar muy lejos. Nosotros lo sabemos".

El corpulento artillero, que ha firmado 17 tantos con la camiseta de Canadá en sólo 29 encuentros, parece acertar en su análisis. Los Canucks, campeones de la Copa Oro de 2000 contra todo pronóstico, atravesaban últimamente una racha nefasta. Stephen Hart tomó hace sólo tres meses el relevo al frente de la selección de Dale Mitchell, el ex internacional a quien Gerba destronó como principal anotador. Mitchell no había logrado situar al equipo en la última ronda de la competición preliminar para Sudáfrica 2010.

La llegada del nuevo técnico ha abierto una nueva etapa, con una renovada confianza, y todo está transcurriendo de maravilla para Gerba, quien se recuperó de una recurrente lesión de rodilla antes del certamen regional. "Estoy contento con mi juego", afirma el delantero, autor de dos goles que dieron sendas victorias a los suyos en la primera fase, contra Costa Rica y El Salvador. "Mi trabajo es marcar. No me preocupa batir récords ni nada de eso, simplemente quiero quitarles presión a mis compañeros metiendo el balón dentro de las redes".

Gerba nació en Yaundé (Camerún), y a los once años se mudó con su familia a Montreal. Descubrió el fútbol siendo un chico, en las calles de África occidental, y le sorprendió ver que los niños practicaban ese mismo juego a miles de kilómetros, en el país de los grandes horizontes nevados. Sin embargo, también hubo un periodo de adaptación. "El primer invierno fue algo que no podía creer, no puedo describirlo", cuenta Gerba a FIFA.com riéndose. "No sabía que podía hacer tanto frío. Pero en los veranos hace un calor agradable".

Mi trabajo es marcar. No me preocupa batir récords ni nada de eso, simplemente quiero quitarles presión a mis compañeros metiendo el balón dentro de las redes.
Gerba y su función en la selección.

Sus viajes no terminaron entonces -ni por asomo-, puesto que ha defendido los colores de once clubes en seis países desde 2000, entre ellos Noruega, Alemania e Inglaterra. Ahora está disputando su segunda Copa Oro consecutiva, y aún le duele la derrota sufrida en semifinales de 2007 a manos de Estados Unidos (2-1). "Aquel partido nos dejó un mal sabor de boca", señala el delantero, recordando el duelo en el que el conjunto anfitrión, reducido a diez hombres, tuvo la suerte de que a Canadá se le anulase un gol por fuera de juego en los instantes finales. "Si seguimos jugando bien podemos volver a medirnos con ellos, sería la oportunidad de enmendarlo".

Gerba tampoco desaprovecha la ocasión de desmontar algunos de los tópicos que rodean al fútbol canadiense. "Hay ideas equivocadas acerca de nosotros, como si fuésemos un grupo de jugadores de hockey sobre hielo", anuncia. "Pero tenemos gente procedente de todos los lugares del mundo, de modo que contamos con jugadores que son todos diferentes, y que pueden hacer cosas distintas. Yo aporto un poco de África a la selección canadiense, y los demás muchachos traen su propio estilo".

El siguiente compromiso de Gerba y compañía es un choque ante Honduras, el rival que los eliminó de la lucha por acceder a Sudáfrica 2010, el 18 de julio en Filadelfia. "Es un buen equipo, técnico y fuerte", dice Gerba. "Pero nosotros también somos buenos, tenemos muchos futbolistas de talento, como [Julian] De Guzmán, Patrice Bernier y Atiba Hutchinson. Son la clase de jugadores capaces de crear los momentos mágicos que pueden decidir un partido".

Y cuando la conversación deriva por fin hacia el momento mágico definitivo, la repetición de la gesta de 2000 y proclamarse de nuevo campeones de la CONCACAF, las palabras de Gerba se tiñen de pragmatismo. "Únicamente se puede ir partido a partido", concluye. "Eso es lo que te lleva adonde quieres llegar. Cuando estás en la final, entonces puedes pensar en el trofeo, porque lo tienes sólo a 90 minutos".