"El fútbol es lo que permite a un país pequeño hacerse grande". La frase de Roger Milla dice mucho sobre la capacidad del balompié para dar realce a las naciones. La magia del fútbol hace posible que un solo hombre ponga de relieve un país entero, su patria de origen.
Al haber nacido en esos países futbolísticamente modestos, algunos grandes jugadores nunca han podido llevar a su selección hasta la cumbre. De George Best a George Weah, FIFA.com te embarca en una vuelta al mundo por esos pequeños países con grandes nombres.
Best, el mejor de Irlanda del Norte y parte del extranjero
El norirlandés George Best hizo muy bien en asumir el significado de su apellido ('el mejor'), hasta el punto de convertirse en un auténtico mito. Sin embargo, el color del brillo del jugador al que llamaron "el quinto Beatle" no fue tanto el verde de Irlanda del Norte como el rojo del Manchester United. El mejor jugador europeo del año 1968 metió 115 goles y exhibió decenas de genialidades en 290 partidos con la camiseta de los Diablos Rojos. Con su país, en cambio, solamente sumó 37 internacionalidades y 9 tantos.
Hoy todavía se le considera el jugador de más talento de todos los que han producido las Islas Británicas. Más de 300.000 personas asistieron en Belfast a su funeral. Además, el aeropuerto de Belfast pasó a llamarse Aeropuerto George Best; se imprimieron billetes de banco con su efigie, y en Irlanda del Norte se ha popularizado esta célebre sentencia: "Maradona good, Pelé better, George Best".
Otro norirlandés, Danny Blanchflower, también disfrutó más de la gloria con su club, el Tottenham Hotspur, que con la camiseta de su selección; pero él sí que puede enorgullecerse, no obstante, de haber participado en una Copa Mundial, la de 1958. En cualquier caso, donde engordó su palmarés fue con los Spurs. ¿Su mayor hazaña? Sin duda, el doblete de liga y copa de 1961, una gesta que no se veía en Inglaterra desde 1897.
Historias teñidas de rojo
El País de Gales es una famosa potencia de rugby. En fútbol es otra historia, pero, de todas formas, también han salido algunas figuras de tierras galesas: Ian Rush, Mark Hugues, Ryan Giggs. Esos tres jugadores construyeron sus leyendas en los dos grandes equipos "rojos" de Inglaterra: los Diablos Rojos del Manchester United (Hugues y Giggs) y los Rojos del Liverpool (Rush). Sin embargo, nunca consiguieron clasificar a los Dragones Rojos de Gales para una gran competición.
Rush, que marcó 28 tantos con Gales y la friolera de 346 con el Liverpool (un récord en ambos casos), debe también su éxito a un futbolista creativo de gran talento que, a su vez, tampoco pudo gozar de una carrera internacional digna de su calidad: el escocés Kenny Dalglish. "Kenny era un jugador fantástico, me gustaba su forma de jugar. Nos elogiábamos mutuamente: él por mi capacidad para definir, yo por su facilidad para darme pases de gol ideales", recordaba Rush tras colgar las botas.
Por su parte, Giggs, en una entrevista a FIFA.com, explicó lo que sentía respecto a su nulo palmarés con la selección galesa: "La Copa Mundial es una competición aparte. En general, los principales recuerdos están ligados a ese campeonato, pero no me quejo. He tenido una bonita carrera y no la cambiaría por nada del mundo".
"Litti" el incombustible, Eidur el filósofo
El finlandés Jari Litmanen tampoco ha podido nunca arrastrar a su país tras su estela. Con sus 30 goles en 124 partidos internacionales (un récord todavía abierto), Litti sigue siendo, a sus 38 años, un pilar de la selección de Finlandia. Ante todo, es una leyenda en el corazón de los seguidores finlandeses, muy por delante de Teemu Tainio o Sami Hyppia. El año pasado, el entrenador del Fulham, Roy Hodgson, dijo de él: "Es un jugador de categoría mundial que todavía puede aportar mucho al máximo nivel".
El islandés Eidur Gudjohnsen experimenta las mismas dificultades con su selección nacional, al tiempo que brilla con los clubes que ha frecuentado, como Chelsea o Barcelona. El delantero, que ha marcado 23 goles en 58 encuentros internacionales (también un récord abierto), hace ya tiempo que admitió su condición: "Probablemente, la gente no me verá nunca en un Mundial ni en una Eurocopa. De hecho, habrá otros jugadores que parezcan siempre más atractivos que yo porque serán el centro de atención en esos grandes campeonatos".
Conejo, Erico, "Mágico"...
Al otro lado del Atlántico, entre los colosos brasileños y argentinos, resulta difícil abrirse camino. Sin embargo, un puñado de jugadores centroamericanos y sudamericanos sí lo han logrado. De Costa Rica a Paraguay, pasando por El Salvador, son varios los que han dejado una huella imborrable en la historia del fútbol, así como en la de sus respectivos países.
Luis Gabelo Conejo fue uno de los principales artífices de que Costa Rica se convirtiera en la revelación de la Copa Mundial de Italia 1990. "Llegábamos como cenicienta y no teníamos conocimiento de la alta competencia. Nos tocó jugar con Brasil, Escocia y Suecia, selecciones de mucha mayor trayectoria", recordó recientemente ante la grabadora de FIFA.com. Dwight Yorke, a su vez, condujo a la selección de Trinidad y Tobago hasta la fase final de la Copa Mundial de la FIFA 2006. Por los servicios prestados, en Bacolet se erigió un estadio con su nombre, con motivo de la Copa Mundial Sub-17 Trinidad y Tobago 2001.
En Ecuador, el que está considerado como el mejor futbolista ecuatoriano de todos los tiempos no es otro que Alberto Spencer. Su historial en el fútbol de clubes con la camiseta del Peñarol de Montevideo es elocuente: 3 Copas Libertadores (1960, 1961 y 1966), 2 Copas Intercontinentales (1961 y 1966). Sin embargo, por más que Spencer llegara a vestir la camiseta de dos selecciones distintas (la de Ecuador y la de Uruguay), nunca consiguió engordar su famélico palmarés internacional.
Arsenio Erico en Paraguay, o el propio "Mágico" González en El Salvador, son otros grandes nombres del fútbol que tuvieron que expatriarse para poder brillar. El renombre de Erico y "Mágico", respectivamente venerados en Argentina y España, podría haber sido de alcance planetario si sus selecciones hubiesen tenido más peso en la escena internacional.
Weah no se lamenta
En África, George Weah forma parte de ese Olimpo de grandes jugadores en países pequeños. "Mister George", descubierto a los 22 años por el Mónaco, dejó Liberia para brillar con luz propia en todas las ligas europeas que pisó. Arsène Wenger, entrenador a la sazón del conjunto monegasco, diría más tarde de él: "Weah fue la sorpresa. Era el conejo de chocolate que el chaval se encuentra en su jardín el lunes de Pascua. Desde entonces, no he vuelto a ver jamás explotar a un jugador como él lo hizo".
Weah, Balón de Oro africano en 1989, 1994 y 1995, dejó su impronta por toda Europa. En el ámbito internacional, el Balón de Oro y Jugador Mundial de la FIFA en 1995 era el hombre para todo de la selección liberiana. Sus 22 dianas en 60 partidos internacionales hablan por sí solos, pero nunca consiguió llevar a los suyos hasta la máxima competición mundialista. Una verdadera pena que el jugador, no obstante, se toma con filosofía, como explicó a FIFA.com: "Así son las cosas, y no sirve de nada lamentarse o estar triste. Respeto mucho al campeonato y más aún a todos los jugadores que han participado en él. Pero no es fácil clasificarse".
El zambiano Kalusha Bwalya, el sierraleonés Mohamed Kallon o el zimbabuense Bruce Grobbelaar se añaden a la lista de jugadores de inmenso talento que no han podido defender los colores de su país al máximo nivel, por no poder llevarlo en volandas por sí solos. El portero Grobbelaar, no obstante, puede consolarse con un récord: fue el primer futbolista africano que ganó una competición europea (la Copa de Europa, en 1984 con el Liverpool).
La lista es larga y podría ampliarse aún más: Mario Frick en Liechtenstein, Sami Al Jaber en Arabia Saudí, Cha-Bum Kun en la República de Corea, o Steve Sumner en Nueva Zelanda, son otros tantos nombres que han marcado la historia de sus países.
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