Nuestros apellidos forman parte de nuestro patrimonio. Los árboles genealógicos se basan en ellos, y antaño determinaban incluso la clase social. Hoy en día, siguen marcando nuestras vidas, a veces de manera indeleble. Y es que hay apellidos que pesan mucho. Algunos llevan muy bien la carga, y otros no tanto. En el cine, la música, la política, el deporte, en todos los ámbitos, encontramos "hijos de".
En el mundo del fútbol son muchos los hijos que han seguido la estela de sus ilustres progenitores. Después de todo, si un chaval se pasa la niñez acompañando a su padre al estadio, donde ve cómo el público lo aclama, resulta difícil no querer emularlo de mayor.
"En general, la mayoría de los hijos no siguen los pasos profesionales de sus padres, ni mucho menos. Y el fútbol no es una excepción. Diría incluso que, a diferencia de los artistas, aquí no existe ninguna predisposición", explica a FIFA.com el francés Alain Giresse, padre de Thibault Giresse, quien a sus 28 años lleva nueve temporadas en la primera y segunda división del campeonato de Francia. El apellido pesa como una losa para el hijo del antiguo integrante del "cuadrado mágico" de la selección de gala en las Copas Mundiales de la FIFA de 1982 y 1986. Lo mismo le sucede a Jordi Cruyff, al que invariablemente se compara con el maestro holandés.
"La presión mediática puede resultar agobiante cuando te recuerdan tu apellido sin parar. Llega un momento en el que ya no puedes más. Además, en el caso de Thibault está claro que, a causa de su apellido, se ha enfrentado a situaciones por las que sus compañeros no han tenido que pasar. La manera de tratarlo no ha sido la misma, argumentaban falsos pretextos y no siempre eran sinceros con él, y sólo porque es mi hijo. Estoy muy orgulloso de él, de su calidad como persona. Pero podría haber llegado a más en su carrera si no se hubiera apellidado Giresse", manifiesta el actual seleccionador de Gabón.
"En cierto modo, es mejor que no me haya entrenado nunca, porque es incluso más exigente conmigo. Siempre ha pensado que yo no tenía la calidad suficiente para jugar en primera, me lo ha repetido varias veces. No es fácil oír algo así cuando eres joven", asegura Johan Gerets, retoño de Eric El león. Y cuando se da la casualidad de que el padre es el técnico del equipo del hijo, como fue el caso de los Gourcuff en el Rennes, o de los Maldini en la selección italiana, la exigencia paterna se antepone a la perspectiva del entrenador. "De hecho, ya me han reprochado que soy demasiado duro con él", nos confirma Jean-Michel Cavalli, técnico del Nimes, donde también juega Johan.
"También a mí me lo dicen los que me hablan de este tema", explica Johan Cavalli. "Quizás haya quien diga otra cosa a mis espaldas, pero así es la naturaleza humana. Yo estoy seguro de una cosa: si compito con otro jugador de la misma calidad que yo por un puesto, es el otro el que juega". Para Paolo Maldini, Yoann Gourcuff o Youri Djorkaeff, la sombra del padre no ha sido una carga. Pero cada familia es un mundo. Y para algunos, la motivación se extinguió enseguida. "Hablaba de esto con mis compañeros de entonces de la selección francesa. Para los chavales que ya jugaban al fútbol, la imagen de sus padres les cortó las ganas de seguir. Es algo difícil de asumir. No les atraía todo lo que conlleva", puntualiza Giresse.
"Sería presuntuoso por mi parte pensar que tenía la calidad suficiente para jugar profesionalmente. Mis padres siempre me dieron plena libertad para decidir, y escogí una carrera que me permitiera seguir ejerciendo después de los 35 años", comenta Laurent Platini, que colgó las botas tras sus breves experiencias en los juveniles del Nancy y el Boulogne-Billancourt, aunque mantiene relación con el mundo del fútbol como abogado de empresa en un club. Para los que se deciden a seguir los pasos del padre, ¿qué papel desempeña el progenitor una vez que el hijo ya tiene la carrera encarrilada?
"Yoann siempre está dispuesto a escuchar consejos en todo lo que hace, pero no sólo los míos. Aunque en última instancia, él toma sus propias decisiones", señala Christian Gourcuff. "Hablamos con frecuencia y siempre he intentado aclararle las cosas, o advertirle, pero nunca he ejercido como sustituto de sus entrenadores. Soy su padre, no su gurú", añade Giresse. "Mi padre me envió un mensaje al teléfono para felicitarme cuando disputé mi primer partido en primera división, y fue todo un honor", concluye Johan Gerets. Futbolista o no, padre no hay mas que uno.
En el nombre del padre
(FIFA.com) Viernes 18 de septiembre de 2009
