A sus 57 años, Raymond Domenech, seleccionador de Francia desde el 12 de julio de 2004, posee un don muy particular para crear polémica. Una estrategia que ha llevado a la práctica para concentrar las críticas en su persona y proteger a sus jugadores.

En el plano deportivo, si bien su vitrina de trofeos se mantiene vacía, su hoja de servicios es buena. No en vano, se trata del primer seleccionador francés que ha clasificado a los Bleus para dos grandes competiciones internacionales consecutivas (2006 y 2008). Sin embargo, sus resultados diametralmente opuestos (finalistas en la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006 y estrepitosa eliminación en la primera fase de la Eurocopa 2008), junto a su actitud a veces altiva, desembocan frecuentemente en virulentos debates con la prensa gala.

A pesar de todo, este ex defensa, famoso por la dureza de sus entradas, prosigue su marcha contra viento y marea con el objetivo de cuajar una actuación en Sudáfrica el año que viene aún mejor que en 2006.

"Que un jugador me odie o me considere un imbécil tiene poca importancia si es útil para el equipo. Philippe Mexès ha dicho cosas no muy agradables sobre mí, pero yo he vuelto a convocarlo".
Su consigna, el equilibrio del equipo ante todo...

"Él es un esclavo y yo un esclavista; le doy latigazos y él viene..."
Tras las declaraciones de José Mourinho en las que comparaba a Claude Makélélé con un "esclavo", obligado a volver con los Bleus en contra de su voluntad.

"Soy una contradicción permanente".
Una declaración modélica sobre cómo reírse de uno mismo.  

"A veces me digo a mí mismo que, si me tuviera enfrente, me odiaría".
Una forma irónica de admitir su relación incendiaria con los medios de comunicación y con algunos aficionados franceses.

"Mi única preocupación es mantener la ambición de acudir al Mundial y de rendir a un buen nivel allí. Al final, solamente importará el resultado. Al final, seré Dios o bien el Diablo".
Su forma de enfocar Sudáfrica 2010.

"Sueño con repintar mi césped de rojo y azul para no volver a ver el color verde al levantarme por las mañanas".
En su época de jugador del Olympique de Lyon, nunca dejaba escapar la ocasión de poner un poco de picante antes de los derbis contra el Saint-Étienne.  

"Estoy de acuerdo con él en un punto: en que los conflictos no sirven para nada. Pero él dice una cosa y hace lo contrario. Yo he cortado con los conflictos y las polémicas. Para mí lo esencial es que los jugadores que rinden bien jueguen en la selección francesa, y que los que menos rinden... (silencio, seguido por una sonrisa)"
En enero de 2009, como respuesta a una entrevista en la que Florent Malouda, que llevaba varios partidos sin ser convocado, se había mostrado muy crítico.

"Les deseo una cosa: que sean seleccionadores algún día. Pero noto que los más críticos son los que lo saben todo sin haber hecho nunca nada".
Durante Alemania 2006, lanzando una piedra contra el tejado de los ex jugadores reconvertidos en comentaristas.

"La gente que piense que un seleccionador, un entrenador, y yo en particular, pueda someterse a tutelas ajenas, o bien es estúpida, o bien está totalmente desprovista de lucidez".
Una pequeña puya para las voces que, en otoño de 2008, reclamaban que tuviera un técnico adjunto.

"No conozco más que una dictadura, la de los resultados".
En respuesta a su ex guardameta Grégory Coupet, quien afirmó que, en la selección francesa, "los jugadores no pueden hablar; están atados de pies y manos. Yo hablo porque me he salido del equipo. Pero hay una dictadura instaurada".

"Hay mucha gente hoy. Oh, sí, el olor de la sangre interesa (...) Por suerte, las leyes de excepción y la guillotina ya no existen. De lo contrario, algunos de ustedes disfrutarían de lo lindo enviándome al cadalso".
Al entrar a una rueda de prensa en septiembre de 2008, la víspera de un partido decisivo.

"Sigo teniendo atravesada esa derrota de 2006. Me mueve el deseo de borrar ese mal recuerdo. La única solución es ganar en 2010 o en 2014".
Una forma original de anunciar que no pretende ceder el testigo.

"Ya podría haber sido yo Materazzi. En la final de un Mundial, metes un gol, provocas la expulsión del mejor futbolista del equipo contrario y conviertes tu pena máxima. Materazzi fue el mejor jugador del partido".
Un año después de la expulsión de Zinédine Zidane en la final de Alemania 2006.

"Meterse en una situación tiene su parte de psicología y su parte de gestión. Para la Copa Mundial, voy a preparar a unos tipos que van a convivir durante un mes y medio bajo presión. Allí, todos los días se habla de presión de verdad con la exigencia del resultado, y todo el mundo está pendiente de ti. Anticipar cómo se comportarán es fundamental. Eso es lo que hace que un grupo sea fuerte al arrancar o que ya esté dividido antes de empezar".
Objetivo Sudáfrica.

"Podría responder a todas las preguntas de la misma manera: paso. Paso olímpicamente. Me importa un comino lo que digan".
A Domenech, las críticas le traen sin cuidado.

"Nos jugamos la clasificación para la Copa Mundial. Si los jugadores no están preparados para eso, mejor que cambien de profesión".
Una especie de aviso con vistas a la eliminatoria de repesca contra la República de Irlanda.