Un país pequeño, grandes resultados. Así podría resumirse el año futbolístico de Suiza. El magnífico rendimiento de sus selecciones nacionales en 2009 no sólo sirvió para coronar el trabajo de los últimos años, sino que quizás haya marcado también el inicio de una época dorada.
Una clasificación para la gran cita del deporte rey, un título de campeón del mundo y un puesto de finalista en la arena fueron los tres puntos culminantes de un año excepcional. Resulta difícil decir cuál de estos acontecimientos, que colmaron de alegría a los seguidores helvéticos, revistió mayor importancia, aunque el billete para una novena Copa Mundial de la FIFA —la tercera consecutiva— prueba que el fútbol suizo marcha bien y no muestra el más mínimo signo de declive.
La Eurocopa 2008, de la que fue coorganizadora —y que se saldó en líneas generales con un fracaso de la Nati—, puso fin a la etapa de Kobi Kuhn. Pero en lugar de hundirse en el derrotismo, los dirigentes de la asociación reaccionaron confiando el mando de la selección a uno de los técnicos más respetados del Viejo Continente, el alemán Ottmar Hitzfeld. Aunque el General, ex entrenador de Borussia Dortmund y Bayern de Múnich, se estrenó mediante una humillante derrota a manos del modesto Luxemburgo en la competición preliminar para Sudáfrica 2010, enseguida enderezó el rumbo, adjudicándose con sus hombres la primera plaza del Grupo 2 de la zona europea, sinónimo de clasificación directa para el torneo.
Fue una auténtica proeza, si tenemos en cuenta los medios de que dispone el país en relación con sus vecinos. “No hay que olvidar que Suiza tiene diez veces menos habitantes que Alemania, por ejemplo. El número de futbolistas es menor en esa misma proporción”, explicaba el seleccionador a FIFA.com justo antes de certificar oficialmente el pase. “Desde hace varios años, el fútbol suizo está luchando en una categoría muy superior a la suya. La asociación nacional ha realizado un trabajo magnífico, sobre todo en el ámbito de la formación. Cuando los clubes fichan a una promesa Suiza, saben que adquieren un jugador con un excelente bagaje técnico y táctico”.
La formación da sus frutos
Sin duda el preparador, que exhibe en su palmarés dos Ligas de Campeones de la UEFA, no esperaba ver confirmadas sus declaraciones unas semanas más tarde, cuando Suiza se disponía a viajar por primera vez en su historia a una Copa Mundial Sub-17 de la FIFA. La clasificación para el certamen ya constituía en sí todo un logro, porque aventajó a equipos tan experimentados como Francia, España e Italia. Pero sólo fue la punta del iceberg que dejaría helado de sorpresa al planeta entero…
Todos pronosticaban que los suizos se despedirían muy pronto de Nigeria: en la primera fase sus rivales eran Brasil, México y Japón. Unos días más tarde, brasileños y japoneses hacían las maletas, mientras que el conjunto helvético preparaba su eliminatoria de octavos de final, ¡después de ganar los tres partidos de la liguilla! A continuación mordieron el polvo frente a la máquina dirigida por Dany Ryser sus vecinos alemanes e italianos, así como otro equipo con el que nadie contaba, Colombia, antes del colofón del espectáculo: una victoria en la final sobre el país organizador, defensor del título y triple campeón del mundo.
En su debut en el torneo, Suiza terminó en lo más alto del podio. “Me alegra que los resultados hayan refrendado mis ideas y mi filosofía, y haber ayudado así a mis muchachos a alcanzar este objetivo”, afirmó el seleccionador, enorgulleciéndose personalmente de la felicidad de sus jugadores. “Esto demuestra también que el fútbol suizo va por el buen camino”.
Al igual que Hitzfeld, Ryser ejerció de adivino sin saberlo. Apenas sus pupilos habían sido recibidos como héroes al regresar a su país, cedieron los titulares de los periódicos a los compañeros de fútbol playa. Una vez más, Suiza participaba en la primera Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA de su historia, en las arenas de Dubai. Y, nuevamente, se erigió en protagonista. Si bien la Nati de fútbol playa se estrelló contra el invencible Brasil, como todos los equipos del globo desde hace más de cuatro años, en su bautismo de fuego consiguió llegar a la final.
Una integración exitosa
La explicación de este año dorado se halla, evidentemente, en los esfuerzos dedicados a la formación, y en la experiencia aportada por Hitzfeld o los futbolistas que compiten en las mejores ligas y centros de adiestramiento de Europa. Pero también hay que buscar las causas del éxito en un factor social. Como prueba de la integración llevada a cabo con la camiseta de la selección, el máximo goleador y mejor jugador de la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA es el suizo Dejan Stankovic, de origen serbio, en tanto que el combinado absoluto que estará en Sudáfrica 2010 puede contar con la solidez defensiva de Johan Djourou, nacido en Costa de Marfil, o la inspiración ofensiva de Blaise Nkufo o Hakan Yakın, cuyas raíces se encuentran respectivamente en el Congo y Turquía.
Y, por último, entre los pilares del equipo campeón del mundo sub-17, el Balón de Plata Adidas, Nassim Ben Khalifa, tiene sus orígenes en Túnez; el principal artillero ex aequo del torneo, Haris Seferovic, en Bosnia; y el centrocampista defensivo Pajtim Kasami nació en Macedonia. Todos ellos dejaron huella en 2009, aportando su talento y a veces una cultura futbolística diferente, lo que ha permitido al fútbol suizo subir un peldaño en el panorama mundial y revisar al alza sus ambiciones.
Nos despedimos con unas declaraciones de Dany Ryser, que tiene en sus manos a las más hermosas promesas del fútbol helvético: “Este título es maravilloso, pero deben mantener los pies en el suelo. Si imaginan que ya están en lo más alto, el año que viene no ganarán ni un solo partido más”, advierte acerca de sus jóvenes campeones del mundo. “El fútbol suizo está viviendo su mejor momento. Vamos a ir a Sudáfrica con un buen equipo, y espero que algunos de mis hombres tengan la oportunidad de disputar Brasil 2014. Quizás allí conozcan el mismo éxito…”.
