A raíz del trágico terremoto que ha devastado Haití, el mundo ha vuelto los ojos y las atenciones a la pobre y desolada nación caribeña. La comunidad del fútbol mundial reconoce las penalidades que acosan a los haitianos con momentos de silencio en estadios abarrotados, en Buenos Aires y Río de Janeiro, en Madrid y Moscú, y hasta en la Copa Africana de Naciones que se está celebrando en la remota Angola. La pasión de Haití por el fútbol es una de las más intensas del planeta, y ahora, con muchos miembros de la comunidad futbolística nacional entre los muertos, heridos y los sin techo en Puerto Príncipe y sus alrededores, es pertinente que FIFA.com rinda un momento de homenaje al honroso pasado de Haití, a su arduo presente y a su porvenir no escrito.

El colmo del 74
La llamada generación de oro del país a punto estuvo de hacer su debut en una Copa Mundial de la FIFA en México 1970. Sólo una derrota por la mínima ante El Salvador en terreno neutral desbarató sus esperanzas. Bajo el régimen de Duvalier, sin embargo, el país hizo ímprobos esfuerzos por alcanzar el reconocimiento internacional, y lo logró, al quedar entre los 16 clasificados para la prueba reina organizada en Alemania Occidental en 1974. La nación del Caribe albergó la competición previa de la CONCACAF y terminó en lo más alto del escalafón, por encima incluso de México. Así las cosas, la selección de Haití llegó a Múnich con un puñado de jugadores de talento, fuertes de cuerpo y rebosantes de ritmo e improvisación.

En Europa fueron recibidos con curiosidad pero les prestaron poca atención. "Ningún periódico mencionó nuestra llegada cuando viajamos a Alemania", contaba Emmanuel Manno Sanon, una de las perlas de aquel conjunto, en su evocación del duelo histórico con la élite mundial. En aquel certamen, Haití quedó encuadrado en el mismo grupo que Argentina, Polonia e Italia. "Pero me dije a mí mismo: 'Estamos aquí por una razón y tenemos que demostrar nuestro orgullo'. Yo sabía que, si tenía ocasión de emplearla, mi velocidad sería demasiado para los italianos", agregó.

Y así fue. Segundos después de la reanudación del partido ante la Azzurra, Manno irrumpió entre líneas para adueñarse de un balón enviado por Philippe Vorbe, considerado hasta hoy como el mejor creador de juego de todos los tiempos que ha tenido Haití. Sanon dejó atrás como si fuera un fantasma a Luciano Spinosi, uno de los cuatro eslabones de la temible defensa italiana, e hizo morder el polvo al legendario portero azzurro Dino Zoff, antes de meter el esférico en la portería. Era el 1-0 favorable a Haití, el primer gol que concedía Italia en casi cuatro años, y el que ponía punto final a un periodo de 1.143 minutos de imbatibilidad para Zoff. La alegría que ese gol desató en Haití, donde la nación entera se agolpaba en torno a los aparatos de radio y televisión, no tuvo límites.

Los favoritos italianos acabaron imponiéndose por 3-1 al final de la jornada, y Haití fue contundentemente derrotado en sus otros dos partidos de grupo. Pero aun así, la mayor parte de los haitianos se tomaron como un triunfo en sí mismo el momento de descaro y genialidad de Sanon. "Puede que suene ingenuo", añade el comentarista de radio Herntz Phanord, que vio el encuentro en una sala de cine atestada de Puerto Príncipe. "Pero sigo sintiendo que Manno ganó aquel partido contra Italia". Sanon, que luego se marchó a jugar a Estados Unidos y a Bélgica y fue nombrado deportista haitiano del siglo, falleció en 2008 a la edad de 56 años. El día de su muerte fue declarado de luto nacional en Haití.

En las calles
El equipo que viajó a Alemania en el verano de 1974 estaba compuesto por jóvenes que aprendieron su oficio pateando pelotas de trapo en las polvosas calles de Puerto Príncipe, Carrefour, Delmas y Petionville. Al igual que en Brasil, el fútbol brota, florece y fructifica en las callejuelas y callejones de esta república antillana. En el año 2004, la constelación de estrellas del entonces campeón del mundo, Brasil, entre las que sobresalían Ronaldo, Ronaldinho, Roberto Carlos y Kaká, hizo una visita a Puerto Príncipe para entablar un amistoso con la selección nacional de Haití, que, inmerso en la inestabilidad política, social y económica, apenas recordaba los gloriosos días de los años setenta (aunque luego en 2007 conquistara la Copa Caribeña). En el que fue conocido como el "Partido por la Paz", una impresionante multitud se congregó en el aeropuerto y siguió a los vehículos de las Naciones Unidas hasta el estadio Sylvio Cator, actualmente un refugio provisional para los que se han quedado sin casa. Allí el público aplaudió a rabiar cada uno de los goles de la Canarinha en el triunfo por 6-0 de los visitantes.

Si había alguna duda de la pasión de Haití por el deporte rey, se resolvió en aquel momento y lugar, mientras las lágrimas corrían por las caras de los artistas brasileños ante el abrumador espectáculo que se ofrecía a sus ojos en las gradas y en las calles de la capital.

Los que están lejos y los que ya no están
La estructura profesional de clubes de Haití se ha resentido como consecuencia de los numerosos e importantes desafíos a los que ha tenido que hacer frente la nación, pero sus nativos y los hijos de sus expatriados, como el estadounidense Jozy Altidore y el chileno Jean Beausejour, continúan reflejando la distinción del país. Algunos incluso han dejado su huella en los grandes escenarios ultramarinos de Europa, como Wagneau Eloi, tal vez el más conocido, que entrenó efímeramente a la selección nacional después de jugar en la Liga de Campeones de la UEFA luciendo la camiseta del Lens y el Mónaco en la década de los años noventa.

Pero el principal exponente actual del fútbol nacional es Jean-Jacques Pierre. Tras estancias en Argentina y Uruguay, el defensa haitiano se mudó al Nantes francés, en cuyas filas está causando sensación en la segunda división gala. Incapaz de establecer contacto inmediato con su familia residente en Haití tras el terremoto del 12 de enero, su club le dio autorización para que pudiera dedicarse por entero a averiguar el paradero de sus familiares. Afortunadamente, su historia tiene final feliz. Su madre le llamó por teléfono para avisarle de que ella estaba bien pese a que la casa había quedado reducida a polvo.

La familia de Jean-Yves Labaze, que guió a la selección sub-17 de Haití hasta su primera comparecencia en una Copa Mundial en 2007, no tuvo tanta suerte. El entrenador murió en el terremoto. Su cuerpo fue encontrado junto a la puerta principal de las oficinas centrales de la Asociación Haitiana de Fútbol, que fueron destruidas en ese aciago día.

El mundo sabe muy bien cómo Haití sufre y grita y lo da todo por reconstruirse, por recuperarse de esta última crueldad del destino al cabo de una larga lista de catástrofes. Por ahora, hay cosas más importantes que el fútbol. Pero cuando se retiren los escombros y Haití vuelva a ponerse de nuevo en pie, podemos estar seguros de que habrá un balón, tal vez maltrecho y deshinchado, rodando por sus calles.