“El fútbol y el circo son espectáculo”. El autor de esta frase, pronunciada hace unos días ante los micrófonos de FIFA.com, es el suizo Rolf Knie, ex futbolista y fundador del circo Salto Natale. Pero las similitudes no se detienen ahí. Al igual que el circo, el fútbol da felicidad a las personas, reuniéndolas alrededor de una única atracción. Y también hay humoristas...

No siempre basta con pintarse la cara y llevar una nariz roja para provocar risas y sonrisas como los payasos. Muchos jugadores han comprendido esto. Se llaman Franck Ribéry, Pepe Reina, Sepp Maier o Ernst Happel. Todos tienen en común ser, además de extraordinarios futbolistas sobre el césped, verdaderos graciosos. FIFA.com instala la carpa y te presenta a estos animadores del fútbol.

El Best de los chistes y las historias de Totti
Algunos, conocidos por sus legendarias respuestas, únicamente necesitan unas palabras para desatar la hilaridad. Los maestros de este género son el brasileño Dario José dos Santos, más conocido como “Dadá Maravilha”, o el norirlandés George Best, auténticos regalos para el auditorio. Este último firmó perlas como “He gastado mucho dinero en alcohol, mujeres y coches rápidos. El resto, simplemente lo he malgastado”…
 
Durante la Copa América 1989, el seleccionador de Chile, Orlando Aravena, distendió la atmósfera de una conferencia de prensa yéndose por la tangente con mucho ingenio. Ante la pregunta “¿cómo jugará su equipo contra Argentina?”, el técnico prefirió despejar el balón con humor, respondiendo: “Con camiseta roja, pantalones azules y medias blancas”. El italiano Francesco Totti, gracioso a su pesar, replicó con seriedad “no sé inglés” a una periodista que le sugería “¡Carpe Diem!”. Pese a todo, Il Pupone tiene sentido del humor, y su nombre casi es sinónimo del muchacho pícaro de los chistes, como demostró reuniendo en un libro todas las historias que relatan sus meteduras de pata delante de las cámaras.

Otros prefieren al cómico de situación. Y el primero, Franck Ribéry. El jugador del Bayern de Múnich no ha dejado de gastar bromas desde su llegada a Baviera. Primero hizo ademán de robar la Copa de Alemania conquistada frente al Borussia Dortmund en 2008, provocando las carcajadas del Estadio Olímpico de Berlín. Unas semanas más tarde, para divertimento de los periodistas, vertió dos cubos de agua sobre la cabeza de Oliver Khan al término del entrenamiento. Y, por último, Kaiser Franck jugó a conductor poniéndose al volante del autobús del club… pero la maniobra le salió mal y dañó el vehículo, aunque afortunadamente sin consecuencias graves para sus compañeros, al margen de algún pómulo magullado.

Los acróbatas del balón
Su seleccionador nacional, Raymond Doménech, gastó una broma coincidiendo con el 1 de abril. Así pues, utilizó las clases de teatro a las que asistía para anunciar por Internet, tres meses antes del inicio de la Eurocopa 2008, que Francia no iba a participar en el torneo. “La temporada está siendo demasiado apretada, y mi equipo no sería competitivo”, justificó. Unos decenios antes, el guardameta del Rennes Marcel Aubour aprovechó una pausa en el juego durante la final de la Copa de Francia 1971 Rennes-Lyon para recoger… ¡las alcachofas lanzadas por espectadores bretones disgustados y jugar a la petanca en la base de los postes!

Algo parecido hizo el ex arquero de River Plate Ángel David Comizzo en 1992, durante un clásico ante Boca Juniors en la mismísima Bombonera. En el momento en que el árbitro cobra un tiro penal a favor del Millonario, una radio portátil cayó desde la triubuna, y Comizzo no tuvo mejor idea que tomarla, colocarse los auriculares y oir el desenlace de la jugada mirando de reojo a la parcialidad rival. Para su desgracia, su colega Carlos Navarro Montoya le desvió el disparo a su compañero Hernán Díaz...

¿Pero qué sería del deporte rey sin las acrobacias de estos graciosos malabaristas? Por ejemplo, Ernst Happel, considerado uno de los más grandes futbolistas de todos los tiempos, se divertía sentándose encima del balón en pleno partido: “A la gente le gusta la fantasía, porque los espectadores quieren espectáculo. Y porque el fútbol es sólo un juego, también hay que divertirse…”, contaba en 1992, unos meses antes de su desaparición. Y todo indica que ese era también el lema de Andrei Kanchelskis, que en medio de un encuentro, y sin pensarlo dos veces, puso los dos pies encima de la pelota, ¡para crecer unos centímetros y poder otear a lo lejos con la mano a modo de visera!
 
Ir más lejos, en cambio, es el objetivo de la islandesa Ásta Árnadóttir, quien ejecuta una “voltereta hacia delante” para ganar unos metros en sus saques de banda. El legendario René Higuita, por su parte, entró en la historia gracias a su célebre parada contra Inglaterra el 6 de septiembre de 1995, que explica así: “Se trata de un despeje del guardameta que consiste en echarse hacia delante, poniendo las manos sobre el césped al mismo tiempo que se elevan los pies al aire, para oponerse al tiro y despejar con los talones”. Un gesto que le valdría el apodo de un animal: el escorpión.

Animales circenses
Y es que, como en el circo, nuestros amigos los animales están muy presentes dentro del campo, y algunos jugadores no han dudado en emplearlos para hacer reír. Así, Sepp Maier, campeón de la Copa Mundial de la FIFA ante su público con Alemania en 1974, destacó por sus numerosas caídas, siendo una de ellas célebre: en lugar del balón, trató de atrapar… ¡un pato! El brasileño Viola, temible depredador del área, es tan conocido por su capacidad anotadora como por sus bromas. Todos los hinchas del Corinthians recuerdan su gol contra el Palmeiras en la final del campeonato del Estado de São Paulo de 1993, ¡que celebró imitando a un cerdo!
 
La vuelta al mundo de los graciosos no estaría completa sin mencionar a los pioneros ingleses. Los regates de Chris Waddle hicieron sonreír a todo el planeta, y sus famosas muecas provocaron carcajadas. Las bromas de Gascoigne o de Alan Shearer esgrimiendo una tarjeta amarilla aparecida de no se sabe dónde ante un árbitro pasaron a los anales del fútbol. Porque, en el deporte rey, como en el circo, nos gustan los ataques de risa, pero también los trucos de magia…