¿Sabes qué tienen en común la mayoría de equipos de todas las disciplinas deportivas? Todos ellos cuentan con un hogar o estadio; un lugar en el que los clubes disputan sus partidos como locales. Pero las selecciones nacionales no siempre tienen un recinto así. Muchas juegan sus partidos domésticos en distintas ciudades repartidas por su país. La razón es que, de este modo, la selección se siente como en casa en cualquier localidad de su territorio.
No obstante, existen numerosos ejemplos de selecciones que sí cuentan con casa propia. FIFA.com te invita a hacer un viaje alrededor del mundo por los estadios nacionales más famosos del planeta.
Sin duda, uno de los recintos más famosos del globo es el estadio de Wembley. Igual de célebre e inolvidable, pero a la vez polémico, fue el gol que allí se marcó en la Copa Mundial de 1966 y que adelantó en la prórroga a la anfitriona Inglaterra sobre la visitante Alemania. ¿Fue o no válido el gol? Es la pregunta sobre la que han discutido durante décadas millones de aficionados. La pelota de Geoff Hurst, que golpeó en el larguero y posteriormente botó en el suelo, ¿traspasó o no traspasó la línea? Para el combinado de los Tres Leones poco importa, ya que gracias a aquel tanto celebraron el primer título mundial de su historia, y desde entonces disputan en este prestigioso campo la mayoría de sus partidos como locales.
Entre 2003 y 2007 se construyó un estadio de Wembley completamente nuevo. Con un aforo para 90.000 espectadores y un arco característico de 133 metros de altura, se convirtió en el segundo estadio más grande de Europa. La leyenda brasileña del balompié, Pelé, dijo una vez sobre este recinto: "Wembley es la catedral del fútbol. Es la capital y el corazón de este deporte".
También en el Stade de France la selección anfitriona celebró un título de la Copa Mundial. Con capacidad para 80.000 espectadores, este estadio situado a las afueras de París se construyó expresamente para la Copa Mundial de la FIFA de 1998 y, gracias a la victoria en la final por 3-0 del Equipe Tricolor sobre Brasil, se ganó un lugar privilegiado en el corazón de los aficionados franceses.
El Estadio Olímpico Luschniki de Moscú, por su parte, presenta una particularidad muy especial. Se trata de uno de los pocos recintos europeos en los que se juega sobre césped artificial. Sin embargo, la selección rusa encajó recientemente una derrota amarga en este coliseo, ya que perdió 0-1 contra Alemania en el partido clasificatorio para la Copa Mundial y cedió la primera plaza del grupo.
Uno de los estadios nacionales más grandes del mundo, el Azteca, se encuentra en México, concretamente en su capital. Este templo futbolístico construido en 1966 da cobijo a más de 100.000 espectadores y es el único estadio en el que se han disputado dos finales de la Copa Mundial, la de 1970 y la de 1986.
La siguiente parada de nuestro viaje se llama El Monumental y nos lleva hasta Buenos Aires, Argentina. Allí juega sus partidos domésticos la Albiceleste del seleccionador Diego Armando Maradona. En la Copa Mundial de 1978, las selecciones participantes saltaron hasta en siete ocasiones al césped de este campo con capacidad para cerca de 65.000 espectadores. Finalmente, la anfitriona levantó al cielo la Copa Mundial en el Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti, que es el nombre completo del recinto.
El término "venerable" no podría definir mejor el Estadio Centenario, ya que fue aquí donde se celebró la primera Copa Mundial de la FIFA en 1930. El coliseo de Montevideo, Uruguay, con capacidad para unos 70.000 espectadores, se inauguró el 18 de julio de 1930 con el partido mundialista entre Uruguay y Perú (1-0), justo 100 años después de la aprobación de la primera constitución uruguaya. También fue aquí donde los aficionados locales celebraron el título mundial obtenido por los Charrúas y donde Uruguay se proclamó primer campeón mundial de la FIFA.
72 años más tarde, en 2002, la Copa Mundial de Corea y Japón desató una auténtica locura por el fútbol en Asia, un continente que tampoco tiene nada que envidiar al resto de confederaciones en cuanto a estadios se refiere. Prueba de ello es el estadio Azadi de Teherán, que con un aforo cercano a los 100.000 espectadores es el más grande del país y, por consiguiente, acoge la mayoría de compromisos internacionales del Equipo Melli iraní. La que fuera anfitriona mundialista, República de Corea, disputó todos sus partidos de clasificación para la Copa Mundial de Sudáfrica en el Estadio Olímpico de Seúl ante casi 70.000 asistentes y se mantuvo imbatida gracias a sus tres victorias y cuatro empates.
Y qué mejor manera de poner punto y final a nuestro recorrido que echando un vistazo al continente que albergará la fase final de la Copa Mundial este mismo año: África. Las Súper Águilas nigerianas juegan casi siempre en el Estadio Nacional de Abuja, donde se miden a sus rivales ante cerca de 60.000 espectadores. Los Faraones egipcios suelen librar sus partidos como locales en la capital, El Cairo, si bien la selección puede elegir entre varios recintos de la ciudad. Más de 70.000 hinchas enfervorizados convierten el Estadio Internacional de El Cairo en una auténtica olla a presión.
¿Y la anfitriona mundialista? Se han construido nuevos estadios y remozado otros para la cita en la cumbre de las mejores selecciones del mundo. Pero, sin duda, el más imponente es el Estadio Soccer City de Johannesburgo, donde se escenificarán el partido inaugural y la final del torneo, y en el que caben cerca de 90.000 personas. Es el hogar del fútbol sudafricano y su forma recuerda a un caldero africano.
Cuando hablamos de estadios récord o de los más famosos, casi siempre mencionamos los edificios con mayor capacidad, ¿pero qué hay de los más pequeños? La selección de las Islas Feroe da cabida a unos 6.000 aficionados en su estadio Tórsvøllur de Tórshavn, y en el Stadio Olimpico de San Marino un total de 7.000 fieles celebran los éxitos de su combinado nacional.
Pero ya sean 100.000 o sólo 5.000 los espectadores, el entusiasmo por las distintas selecciones nacionales es enorme en cualquier ciudad del mundo, y la emoción al escuchar el himno nacional y al celebrar los goles marcados despierta en todos los seguidores un sentimiento indescriptible, aunque no compartan el amor por los mismos colores.
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