Con tres años al frente de las selecciones juveniles, el argentino Sergio Batista es palabra autorizada para referirse a la formación de futbolistas en su país. Preocupado, exhibe su diagnóstico y exige cambios tanto en la estructura deportiva como en la educativa. “Todos tenemos culpa”, afirma en la segunda parte de su entrevista exclusiva con FIFA.com.

Sergio, usted está en permanente trabajo con el fútbol juvenil. ¿Considera que se está trabajando bien con los más chicos en Argentina?
La actualidad no es buena. Creo que es necesario cambiar desde el fútbol base. El problema está en la enseñanza. Los entrenadores tratamos de ganar cada fin de semana, pero perdemos de vista cuál es la verdadera prioridad: la enseñanza y la educación de los chicos.

¿En qué aspectos se vuelve más notorio?
Hay que educar a chicos y padres. No puede ser que estén jugando con 8 o 9 años y los padres se estén peleando fuera por querer ganar. Esa no debería ser la prioridad. Por eso uno trabaja para que cambien los reglamentos del fútbol infantil: las pelotas, las canchas y los arcos deberían ser más pequeños para poder trabajar más en la técnica. Así se puede empezar a formar jugadores de la mejor manera. Si uno no aprende y pule la parte técnica desde chico, de grande será aún más difícil. Hay que terminar con la enfermedad de querer salir campeones en inferiores, nuestro trabajo es formar jugadores para que lleguen a la primera división de la mejor manera.

¿Qué responsabilidad le cabe a la dirigencia en este aspecto?
Todos tenemos culpa. Los dirigentes bajan las pautas de trabajo, determinan si uno trabaja tranquilo o presionado. Si te exigen que salgas campeón en inferiores tienes que hacer eso, pero no vas a poder formar chicos. Es compartido: los técnicos queremos ganar y nos enloquecemos si no obtenemos resultados. No nos preocupamos si se juega mal, si un chico da malos pases o para mal la pelota… Y los padres tienen lo suyo: ¡presionan demasiado! Los chicos parecen billetes corriendo, ya no parecen chicos... No se los educa, hoy el fútbol maneja mucha plata en pases y quizás haya enloquecido a todos.

¿Qué se puede hacer desde el lado técnico para combatir esa situación?
Nosotros tenemos la responsabilidad de tratar que el chico disfrute y se divierta. Con responsabilidad, enseñarles y quitarles la presión que traen de la casa y de sus representantes. Somos los encargados de descomprimir todo ese tipo de cosas y enseñarles. Después si se gana, mejor. Pero si toca perder, mala suerte. El trabajo de uno es otro, no pasa por el resultado.

En lo táctico, ¿ha notado cambios en los chicos?
Claro, hoy no saben jugar de volante central solos. ¡Tienen que tener otro al lado! Si parece que tuvieran que venir a probarse con un compañerito al lado ya… Hay falencias a nivel formación. Uno tiene que enseñarles todas las variantes: jugar solos en el medio, con otro volante central al lado, de todo…

Muchos aseguran que las nuevas generaciones de futbolistas tienen menos compromiso con la profesión. ¿Qué puede decir al respecto?
El jugador de antes era diferente. Uno estaba todo el día con la pelota porque no había otra cosa. Hoy los jóvenes miran cada vez menos fútbol, juegan menos. Trabajan tres horas y listo. Hay menos compromiso porque las cosas les llegan más fácil: a los 15 años ya tienen un departamento que les da un representante, o un auto último modelo. Ganan dos mil o tres mil pesos por mes. Así se pierde el hambre que hay que tener para jugar.

¿Cómo se combate eso?
Lo que tiene que hacer un entrenador de inferiores con un chico de 17 años que maneja un auto cero kilómetro es sacárselo, forzarlo a que lo devuelva. De lo contrario, cuando llegue a primera qué va a manejar, ¿una nave espacial? ¿Por qué van a jugar? Se perdió la valoración de las cosas, el sacrificio. Decir “esto me lo compré con mi plata que me gané yo”.

¿A qué edad le llegaron esas cosas a usted?
¡A los 20! Debuté a los 18 años y me pasé dos años viajando en colectivo a la cancha de Argentinos Juniors. Hasta que mi viejo me pudo comprar el departamento, porque lo necesitaba para tener reuniones y cosas referidas al trabajo. En 1981 me compré un auto modelo 76’. Hoy los chicos tienen todo demasiado fácil, ¡demasiado! Los representantes, las chicas…

¿Qué rol juega la educación en todo esto?
La educación es fundamental. No puede ser que a los 12 años no vayan al colegio para venir a jugar al fútbol. ¡No es posible! Debería haber alguna ley que los obligue a mostrar el título básico para llegar a Primera División. Si se tienen que perder un entrenamiento por ir a estudiar, ¡que lo hagan! Hay padres que mandan notas a los clubes para decirles que no se involucren en la educación del chico, que sólo se preocupen por hacerlo jugar bien al fútbol. Están confundidos, se piensan que van a llegar a primera y se van a salvar de por vida. Si dependiera de mí, por más que el chico sea un fenómeno, en esos casos hay que echarlos del club.

¿Qué panorama se avecina en este contexto? ¿Cómo ve el futuro del fútbol argentino?
Hay que buscarle la vuelta, cambiar las cosas. Nos tenemos que sincerar todos y decidir qué queremos hacer con los chicos. De lo contrario, saldrán cada vez menos jugadores y terminaremos viviendo de camadas. Me dolería que pase eso, porque acá siempre hubo recambio. Lamentablemente, la sociedad está así… el país está enfermo con eso. Es hora de calmarse un poco y parar la pelota.

* Accede a la primera parte de esta entrevista en el enlace del menú de la derecha.