Quién no ha visto a alguien e inmediatamente ha pensado aquello de: "Es el vivo retrato de su padre". O de su madre. Esto puede significar que uno ha heredado los rizos rubios de mamá o los ojos oscuros de papá. Si eres afortunado, recibirás un don especial que te acompañará desde la cuna.

Un ejemplo: el actor estadounidense Jon Voigt transmitió a sus hijos una buena dosis de sus dotes interpretativas. Una circunstancia que, teniendo en cuenta el éxito de la oscarizada Angelina Jolie, nadie pone en duda. Del mismo modo, a ninguno de nosotros se nos ocurriría cuestionar la vena artística de Paloma Picasso, cuyo padre, Pablo Picasso, no necesita mayor presentación. No es de extrañar, por tanto, que en el mundo del deporte también existan numerosos ejemplos en los que el influjo de la herencia salta a la vista.

En febrero, FIFA.com ya analizó esta curiosa relación, y se fijó especialmente en aquellos futbolistas que procedían de una familia de deportistas o cuyos retoños también se habían decantado por el deporte de competición. En el segundo capítulo de nuestra saga, el argumento gira en torno a las representantes femeninas en el deporte rey.

De tal palo tal astilla
La noruega Isabell Lehn Herlovsen es una de esas futbolistas que, literalmente, nació con un balón bajo el brazo. Su padre, Kai Erik Herlovsen, militó en el Borussia Moenchengladbach de la Bundesliga alemana entre 1982 y 1990, y disputó 34 partidos internacionales vistiendo la elástica del conjunto escandinavo. Uno de los puntos álgidos de su carrera fue la final de la Copa de Alemania de 1984 contra el Bayern de Múnich, en la que los Potros resistieron hasta la fatídica tanda de penales.

A los 16 años quedó claro que Isabell seguiría los pasos de su padre en el mundo del balompié, ya que el ex seleccionador Bjarne Berntsen la convocó para jugar con el combinado nacional femenino de su país. La primera gran cita de Herlovsen en la palestra internacional fue la Eurocopa Femenina Inglaterra 2005. En las semifinales contra Suecia, la futbolista anotó dos goles y clasificó a su equipo para la final.

Otra mujer que ha seguido la estela de su padre es la nueva joya del ataque alemán, Dzsenifer Marozsán. De origen húngaro, la jugadora y su familia se trasladaron de Budapest a Saarbruecken en 1996, después de que su padre, Janós Marozsán, que representó a su país en cuatro ocasiones, firmase con el 1. FC Saarbruecken, equipo de esta localidad germana. En ese mismo club debutó Dzsenifer en la Bundesliga femenina a la tierna edad de 14 años, convirtiéndose así en la chica más joven en disputar un encuentro de la primera división teutona. En la actualidad tiene 19 años, pero lamentablemente se perderá la cita mundial por una inoportuna lesión: una fisura en el ligamento de la rodilla derecha.

En 2010 confirmó su talento futbolístico con el triunfo en la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA de Alemania. Desde entonces, ha participado ya en dos choques de la selección absoluta, y actualmente está preparándose con las integrantes de la Mannschaft en un curso de formación atlética de cara a la Copa Mundial Femenina de la FIFA Alemania 2011, que tendrá lugar del 26 de junio al 17 de julio.

Bridgette Armstrong se estrenó con los colores de Nueva Zelanda en noviembre de 2009 en un partido amistoso contra Japón, y de esta manera prolongó la extensa tradición de la familia Armstrong. Su abuelo Ken Armstrong defendió a Inglaterra y Nueva Zelanda en los terrenos de juego, y su padre Ron Armstrong y su tío Brian Armstrong demostraron su buen hacer con los All Whites. Bridgette no sólo dirige la defensa de las Football Ferns, sino también la de su club, el Glenfield Rovers.

Gran hermano
El hecho de que hoy en día podamos disfrutar de tantas jugadoras de clase mundial es culpa, en algunos casos, de sus hermanos mayores. La carrera de la internacional alemana Célia Okoyino da Mbabi comenzó en el TuS Germania Hersel, después de que su hermano mayor se la llevara a un entrenamiento. Fatmire Bajramaj también jugaba con su hermano mayor, Fatos, en el mismo equipo. Al principio lo hacía en secreto, en contra de la voluntad de su padre, quien más adelante le brindó todo su apoyo.

No obstante, el amor al fútbol femenino no es una pasión exclusiva de Alemania. La internacional australiana Samantha Kerr tuvo que luchar contra viento y marea para escapar de la sombra de su hermano Daniel, jugador del West Coast Eagles, equipo de fútbol australiano. En los comienzos de su trayectoria se la conocía solamente como "la hermana de Daniel Kerr".

"Creo que siempre me recordarán que soy la hermana de Daniel. Pero lo lógico es que se me reconozca por mis méritos y que la gente sepa que trazo mi propio camino y que hago las cosas por mí misma. Y no he llegado hasta donde estoy por ser la hermana de quien soy", aseguró Samantha en una entrevista con el diario Sunday Times. Desde luego, en la familia Kerr, se cumple eso de que la manzana siempre cae cerca del tronco: su padre Roger jugó en el East Fremantle y en el Port Adelaide, también de fútbol australiano.

Sin embargo, Samantha no podrá contar con el apoyo de su hermano en la próxima Copa Mundial Femenina de la FIFA en Alemania: "Está muy triste, porque no puede venir a verme. Pero confío en disputar otro Mundial y verle animándome desde la grada".

Contamos con otro ejemplo fraternal en España. Sara Mérida, medalla de bronce en la Copa Mundial Femenina Sub-17 de la FIFA 2010 es la hermana de Fran, el jugador del Atlético de Madrid, que en la misma categoría de edad logró la medalla de plata en Corea 2007.

Añadimos un último caso: el de Sone y Eniola Aluko. Mientras la hermana mayor es una de las jugadoras más destacadas de la selección inglesa absoluta, su hermano Sone, después de defender a Inglaterra en las escuadras sub-18 y sub-19, decidió vestir la camiseta de Nigeria y con este equipo disputó la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Egipto 2009 y ahora ya compite con la mayor.

No todo es fútbol
Kyah Simon, otra integrante de las Matildas, tampoco es la única jugadora destacada de su familia. Su prima Gema no solo es una pieza clave del Newcastle Jets de la W-League de Australia, sino que a principios de año también compartió vestuario con Kyah en la selección australiana sub-20. Además, por el otro lado de la familia está su primo Kyle Vander Kuyp, quien participó en dos Juegos Olímpicos en la disciplina de 110 metros vallas y adquirió el estatus de leyenda del deporte. Si a ellos tres les añadimos un buen número de jugadores de rugby en el entorno familiar, resulta evidente que nos encontramos ante una familia que lleva el deporte escrito en los genes.

La jugadora internacional canadiense Chelsea Stewart se crió en el seno de una familia de deportistas. Su padre Bill y su hermano Trevor practican el hockey sobre hielo, mientras que su hermana Emily también se decantó por el balompié. En la familia de su compañera de selección, Laura Chénard, el deporte es asimismo un elemento fundamental. Su progenitor juega al béisbol, su madre al balonmano y su abuelo corre el maratón. Sin duda, el cóctel perfecto para convertirse en internacional con su país.

Si preguntamos a Brittany Bock (EEUU) por el historial deportivo de su familia, enseguida aparece el nombre de su padre, Brian, un jugador de béisbol extraordinario. Por último, la madre de la internacional estadounidense Yael Averbuch, demuestra que también se puede tener una relación distinta con el deporte: es la autora de nueve libros, uno de los cuales lleva el curioso título de: Goal! The Ultimate Guide for Soccer Moms and Dads ("¡Gol! La guía definitiva para padres de futbolistas"). Si eso no es pasión…