Durante años, los aficionados del fútbol del Hemisferio Norteamericano se acostumbraron a ver los mismos nombres. Jugadores del nivel de mexicano Cuauhtémoc Blanco, del estadounidense Kasey Keller, del costarricense Paulo César Wanchope o del trinitense Dwight Yorke acapararon los encabezados de los diarios, haciendo vibrar a sus respectivos países con sus hazañas.

Pero, como todo en la vida, todo cambia. Y si algo ha quedado en claro, luego de la Copa de Oro, es que hay una generación dispuesta a heredar la posta del pasado, lista para escribir su propia historia en los campos de juego que cruzan la CONCACAF.

Los gigantes del norte
En la dramática final del torneo, Estados Unidos superó a México por 2-1, después de verse en desventaja en el primer tiempo. El rejuvenecido equipo de las barras y las estrellas confirmó su supremacía contemporánea en el clásico de la zona, ganándose así el derecho a representarla en la Copa FIFA Confederaciones Sudáfrica 2009.

Para conseguirlo, el equipo de Bob Bradley se apoyó en algunos jóvenes veteranos, como Landon Donovan y DaMarcus Beasley, pero también en otros jugadores cuyos nombres serán referencia para las generaciones futuras.

Anote: primero, el excepcional lateral de Chivas USA Jonathan Bornstein, quien jugaba su primer torneo importante con el equipo. El portero Tim Howard, luego, por fin tuvo su oportunidad de brillar después, de un largo aprendizaje detrás de Brad Friedel y Kasey Keller, y vaya si respondió con aplomo. Asimismo, los defensores Oguchi Onyewu y Carlos Bocanegra confirmaron los que se esperaba de ellos luego de su auspiciosa aparición en la última Copa Mundial de la FIFA.

También entre el subcampeón hubo figuras que vale mencionar. La Copa Oro sirvió para que el mundo conociera a Nery Castillo. El infatigable delantero del Olympiakos griego fue la gran figura de México en el torneo, condición que ha ratificado en la Copa América de Venezuela. Castillo y Andrés Guardado, otra de las grandes revelaciones del torneo, llevarán la estafeta de una selección que ya sueña con la generación 2010, de la que son parte los actuales sub-20 Giovani dos Santos y Carlos Vela.

El regreso canadiense y el misterio caribeño
Los semifinalistas también dejaron grandes nombres para el futuro. Quizá la noticia más agradable del torneo fue el renacimiento de Canadá, una potencia del área que había pasado horas bajas en los últimos años. Pero, encabezada por Julián DeGuzmán, el excelente mediocampista del Deportivo la Coruña el equipo canadiense demostró que está listo para regresar a los primeros planos.

No fue el único, sin embargo, que brilló en esta selección. Los otros dos jugadores cautivaron la imaginación de los aficionados fueron Ali Gerba y Atiba Hutchinson, quienes demostraron por qué partieron de su país tan pronto para buscar fortuna en ligas más poderosas. A los 24 años, el futuro de ambos jugadores, figuras del Gotemburgo de Sueca y el Copenhague de Dinamarca, respectivamente, luce muy prometedor.

Por su parte, la sorpresiva debutante, Guadalupe, también aportó su cuota de talento. Si bien sus grandes figuras, como Jocelyn Angloma, Richard Socrier y David Sommeil ya tienen su camino recorrido, otros jugadores, como el atacante Loïc Loval o el mediocampista Stéphane Auvray, tienen todo para seguir causando problemas a los equipos rivales por un buen rato.

Los monstruos centroamericanos
Aunque sus equipos no hayan podido colocarse entre los mejores, hubo otros jóvenes futbolistas que derrocharon talento en las canchas estadounidenses. Quizá el más destacado fue el fenómeno panameño Blas Pérez, un atacante mortífero, que será fundamental en el intento canalero de hacer historia y llegar por primera vez a una Copa Mundial de la FIFA en Sudáfrica 2010.

Y qué decir de Carlos Costly. Apodado Boniek, como el antiguo astro polaco que brillara en la década del '80, el delantero hondureño ha demostrado que muy pronto podría seguir los pasos de su ilustre referente y dejar la liga de Polonia por un campeonato de mayor altura.

En Guatemala, por su parte, brilló José Contreras, de apenas 20 años de edad, mientras que en El Salvador se destacó Dennis Alas, sólo un año mayor. Hasta Cuba, quizá por ser más desconocida, brindó varias sorpresas agradables en los nombres de Reynier Alcántara, los hermanos Jaime y Jael Colomé y, sobre todo, el incombustible mediocampista Oswaldo Alonso.

Presentados están, entonces, los nombres de la nueva generación de la Zona Norte, Centroamericana y del Caribe. Es hora grabarse bien sus nombres y apellidos para que, en un futuro cercano, a nadie le sorprenda que acaparen los encabezados en lugar de los astros de toda la vida.