Hugo Sánchez debe estar complacido. Es verdad, todavía duele aquella derrota a manos de su clásico rival Estados Unidos en la final de la Copa de Oro de la CONCACAF. Sin embargo, el tercer puesto logrado en la Copa América disputada en Venezuela pareciera ser una prueba de que el camino elegido es el correcto.

Y recorriendo ese camino una figura se ha hecho grande. Nery Castillo, un delantero hábil, veloz y de gran poder de gol se ganó en tierra venezolana el respeto del planeta fútbol. Para definirlo bastaría con repesar el gol que le anotó a Brasil en el debut de la Copa América: sombrero y definición exquisita con media defensa rival sobre sus talones.

Castillo nació 13 de junio de 1984 en San Luis Potosí, México. Hijo de un futbolista uruguayo que jugaba en Atlético Potosino en ese entonces, vivió gran parte de su infancia y juventud en Uruguay. Fue allí que debutó, a la corta edad de 15 años, vistiendo los colores de Danubio.

Sus condiciones lo hicieron destacarse y, como era de esperar, muy pronto recibió una oferta para irse a jugar a Europa, más puntualmente el Olympiakos de Grecia. Castillo aceptó el desafío y le fue muy bien, al punto que México, Uruguay y hasta los mismos griegos buscaron tentar al atacante para vestir los colores de su país.

Cuando Castillo finalmente se decidió por la Tricolor, a fines de 2006, sabía que debía aprovechar la primera oportunidad que tuviera para demostrar su valía. Y cuando le llegó en Venezuela, no la desaprovechó: fue el máximo artillero de México con cuatro goles, ayudando a que su selección se subiera el podio.

En exclusiva para FIFA.com, Castillo hace un balance personal y analiza el futuro de su selección de cara a la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010.

México fue protagonista de la Copa América pero no pudo quedarse con el título. ¿Cuál es su sensación?
De tristeza porque tenía mucha ilusión de ganar algo con este equipo en esta copa, y en la Copa Oro que jugamos hace unas semanas. No pudimos ser campeones, pero me voy tranquilo porque sé que di todo y el grupo también. Igualmente, creo que pudimos haber quedado en mejor posición. Por momentos fuimos los mejores del torneo y los más regulares, así que el tercer lugar es bueno, pero no lo que merecíamos.

¿Duele más la caída ante Estados Unidos en la final de la Copa Oro?
Eso ya es cosa del pasado. Lo que ahora me duele es que perdimos contra Argentina y no pudimos llegar a la final, pero eso también ya es viejo. No hay que pensar en todo eso, sino en el futuro que nos espera a todos.

¿Qué le parece que le falte a México para estar en el nivel de Argentina?
Que haya más jugadores mexicanos en Europa, porque el roce que tendrán allá se verá reflejado en el nivel de la selección. Por eso es muy bueno que futbolistas como Guardado y varios más se vayan a sumar minutos en el fútbol europeo.

¿Cree que tres años de preparación son suficientes para que México sea protagonista en el mundial?
Sí, porque en muy poquito tiempo Hugo Sánchez ha demostrado que puede armar un buen equipo. Para llegar y alcanzar grandes objetivos hay que tener paciencia y confiar en el trabajo de la gente que está al frente de la selección.

La prensa internacional lo ha mencionado como una de las grandes figuras de la Copa América. ¿Qué siente al respecto?
Mucha satisfacción. Me da gusto que tanto la afición como la prensa reconozcan mi trabajo de esa manera.

¿Se siente ya en el nivel de los mejores del mundo?
No... Mejores o fenómenos hay pocos. Yo sólo busco jugar de la mejor forma posible.

¿Cómo se ha sentido con la selección mexicana? ¿Qué tal sus compañeros?
Es un grupo tremendo. Todos me han recibido muy bien, empezando por Hugo, que me abrió las puertas de la selección, también el resto del cuerpo técnico, los masajistas, el fisioterapeuta... Todos son una gran familia y ya me he encariñado...

Hablando de Sánchez, ¿cómo es su relación con él?
Es un maestro para mí. Como jugador demostró ser un fenómeno, por eso lo admiré. Como persona, además, es un gran tipo que merece todo mi respeto.

Tras el gol de Cuauthémoc Blanco ante Paraguay, usted y él hicieron un baile para celebrar: ¿De dónde salió la idea?
(Risas) La verdad es que lo inventamos en un casino, donde al estar jugando sacamos un black jack y bailamos. Cuau lo llamó el chucu chucu y acordamos que cuando metiéramos un gol lo íbamos a bailar...

En México consideran que usted es el heredero perfecto del número 10 de Cuauhtémoc, ¿qué opina de él?
Es un muchacho muy parecido a mí en su forma de ser. Es muy buen compañero, ayuda a un montón de gente. Cuando vine a la Selección pedí estar en el cuarto con él porque quería conocerlo, era mi jugador preferido de la selección mexicana. Me encanta como juega y por eso nos hicimos muy buenos amigos.

En la Copa América, México jugó todos los partidos con la tribuna a favor. ¿Le ha sorprendido ver a tantos aficionados mexicanos?
La verdad que sí, porque México no está tan cerca de Venezuela, pero ahí se demuestra que la selección tiene una gran afición a la que siempre hay que mantener contenta.

Usted se fue muy joven a Europa, ¿cree que eso le haya ayudado a aumentar su nivel?
Sin duda, porque desde los 15 años ya estaba con el Olympiakos, y a mis 23 años ya he sido 6 veces campeón y he jugado dos Ligas de Campeones de Europa.

En México se espera con ansia verlo jugar al lado de los sub-20 Giovani Dos Santos y Carlos Vela. ¿Qué piensas de ellos?
Los dos son jugadores tremendos, que a tan corta edad tienen un gran nivel y una mentalidad muy buena. Estoy de acuerdo con la gente que dice que sería lindo vernos a los tres, pero eso ya será decisión de Hugo.

¿Cómo se ve en tres años, cuando haya terminado el Mundial de Sudáfrica?
Quisiera verme campeón, pero como falta mucho, mejor prefiero decir que me veo jugando ese Mundial, porque el camino será complicado.