Desde Tony Meola con su espléndido corte de pelo con melena en la nuca en los 90 hasta el actual arquero de reflejos felinos del Everton, Tim Howard, pasando por Brad Friedel, Kasey Keller y Marcus Hahnemann, los guardametas estadounidenses se han ganado la reputación de ser capaces de mantener su puerta a cero y de frustrar a los atacantes rivales. Mientras que los grandes clubes europeos continúan siendo reticentes a contratar jugadores de campo de la nación norteamericana, los porteros constituyen un codiciado producto, como demuestran los tres integrantes de su selección, titulares en la Premiership inglesa.

"En Estados Unidos nos acostumbramos muy pronto a utilizar las manos en el deporte, al ser el béisbol, el fútbol [americano] y el baloncesto los deportes más populares", señala Friedel, del Blackburn Rovers, quien antes de retirarse de la selección llegó con los suyos a cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA Corea/Japón 2002. "A partir de ahí la transición a portero de 'soccer' es natural".

El ex guardameta y ex seleccionador Bruce Arena, que en su época llegó a ser convocado una vez por el combinado nacional, comparte esa opinión: "Aquí en Estados Unidos los niños a veces aspiran a ser porteros. Es un puesto bien considerado, y con el que se identifican".

Sean cuales sean los motivos exactos que hay detrás del gran número de cancerberos de calidad en Estados Unidos, últimamente sus servicios son muy valorados. FIFA.com se fija en tres de los más destacados del país de las barras y estrellas.

Keller, el terror de los delanteros
Cualquier conversación acerca de los arqueros estadounidenses y su cotización en el extranjero debe comenzar indefectiblemente por Kasey Keller. A sus 37 años, su carrera internacional abarca 17 temporadas, cuatro Copas Mundiales de la FIFA y más de 100 partidos con la selección. Ha jugado además en ocho equipos de cuatro países y dos continentes distintos.

Ahora miembro de la distinguida "colonia estadounidense" de Craven Cottage (Clint Dempsey, Brian McBride y Carlos Bocanegra también militan en el equipo de Fulham), Keller sigue siendo titular en el conjunto norteamericano, y considera que no ha perdido un ápice de sus cualidades.

"Con el tiempo adquieres experiencia", contó a FIFA.com durante la competición preliminar para la Copa Mundial de la FIFA celebrada el año pasado en Alemania. "Tras jugar quinientos partidos como portero, ya no cometes los mismos errores que antes. Puede que ya no me mueva con tanta rapidez, pero acierto más con mis decisiones".

Keller ha recorrido un largo camino desde que ganó el Balón de Plata como segundo mejor futbolista del torneo mundialista sub-20 disputado en Arabia Saudí en 1989. El mayor cumplido que ha recibido fue una frase del legendario artillero brasileño Romário, a la que se dio mucha publicidad.

En 1998, cuando la Seleção sufrió una sonada derrota por 1-0 a manos de Keller y Estados Unidos en el Rose Bowl, el pequeño delantero afirmó: "Ha sido, sencillamente, la mejor actuación de un portero que he visto en mi vida".

El heredero lógico de los galones de Keller es Tim Howard, del Everton. En tanto que Kasey envejece como un buen vino, Howard -de 28 años y en su momento titular con el Manchester United, antes de recalar en la parte azul de Merseyside- tiene dotes atléticas, inclinaciones acrobáticas y el puro atrevimiento de un valor en alza.

Si bien podría aprender algo de Keller en cuanto a colocación y porcentajes, Howard, quien comenzó desde un virtual anonimato en el MetroStars de Nueva York/Nueva Jersey (ahora Red Bull de Nueva York), el equipo de su ciudad de la MLS, hace que paradas en principio imposibles parezcan sencillas con su enorme envergadura y sus tremendas estiradas.

"Howard está en una trayectoria que lo conducirá a grandes cosas", dice el ex guardameta y actual preparador de porteros del Manchester United Tony Coton. "Podría convertirse en el mejor del mundo".

El tercer número uno
Un poco más abajo en la jerarquía de la Premiership se halla Marcus Hahnemann. El aguerrido y musculoso arquero, que viste la camiseta de rayas azules y blancas del antaño modesto Reading, equipo de las afueras de Londres, fue una de las principales razones del ascenso de los Royals a la máxima categoría la temporada pasada, y un factor importante en la consecución de la permanencia.

Oriundo de la costa del noroeste, muy cerca de la granja avícola familiar en la que se crió Kasey Keller, Hahnemann demuestra su perspicacia a la hora de explicar por qué Estados Unidos consigue producir porteros buenos de un modo sistemático.

"Nosotros [en Estados Unidos] nos criamos jugando a muchos deportes diferentes, sobre todo béisbol, rugby y baloncesto, desarrollamos una buena coordinación manual y visual", describe el guardameta suplente de Alemania 2006 -no llegó a entrar en juego en ese torneo-, que tiene la nacionalidad germana y a quien le encantan las motocicletas y la música heavy metal. "En Estados Unidos muchos niños también quieren ser porteros, mientras que aquí se quedan en la portería los que son demasiado malos para ser jugadores de campo".

En total, cuatro de los veinte clubes de la Premiership tienen a un estadounidense entre los tres palos en su once inicial. Y es posible que esta cifra aumente, ya que varias promesas de talento como Chris Seitz y Brad Guzan ya están preparados para dar el salto al extranjero.