Cuando Bruce Arena dejó su cargo al frente de Estados Unidos tras la decepcionante trayectoria de la selección nacional en Alemania, los responsables de la Asociación Estadounidense de Fútbol se tomaron su tiempo para elegir al sucesor.
"Queremos a alguien importante, que haya obtenido grandes resultados en la alta competición", explicó a FIFA.com su Presidente, Sunil Gulati, el pasado mes de octubre, cuando sonaban nombres como el de Jürgen Klinsmann, José Pekerman o Guus Hiddink.
Finalmente, y tras cuatro meses sin seleccionador, se anunció el nombre del elegido. Y no se trataba de Klinsmann ni de ningún otro entrenador de fama mundial, sino de Bob Bradley. Y su nombramiento tenía un carácter decididamente temporal.
Sin embargo, gracias a la experiencia que había acumulado en el programa universitario, el sistema olímpico y la MLS (en la que fue nombrado Mejor Entrenador del Año en dos ocasiones), el ex preparador del Fire de Chicago, del MetroStars y del Chivas USA no tardó en destacar por méritos propios en el puesto. Al final, fueron los resultados los que convencieron a los responsables de la asociación.
Inicio arrasador
Tras cinco meses y once partidos de imbatibilidad, se puso
fin a la infructuosa búsqueda de seleccionador y se le concedieron
a Bradley todos los galones.
Con su historial en las categorías inferiores del país y su buen trato con las jóvenes promesas estadounidenses, Bradley no ha flaqueado ni un segundo en unos momentos delicados para la selección. Y es que a raíz de la destitución de su antiguo mentor (Bradley fue ayudante de Arena en la Universidad de Virginia) y las retiradas de grandes internacionales como Claudio Reyna, Brian McBride y Eddie Pope, la selección de Estados Unidos atraviesa un periodo de transición.
El bautismo de fuego para Bradley se produjo en la Copa Oro de la CONCACAF disputada en junio de este año. Un mal resultado habría supuesto su destitución y la contratación de un nombre conocido. Sin embargo, Bradley siguió adelante impertérrito y, con su estilo claro y directo, llevó al equipo a la consecución de seis victorias consecutivas, incluida una contra México, que alineó para la ocasión a su once de lujo al completo, en una apasionante final disputada en Chicago, su antiguo campo.
"Conozco personalmente a muchos de los jóvenes por mi trabajo en las categorías inferiores y mi experiencia en la MLS", explicó Bradley a FIFA.com antes de la Copa Oro. "Uno de mis objetivos prioritarios es asegurarme de que todos ellos sientan respeto por lo que significa vestir la camiseta de Estados Unidos".
El equipo de Bradley en la Copa Oro vistió la camiseta nacional con orgullo y, con su nueva inyección de juventud, la renovada selección, cuya media de edad era de únicamente 23 años, cuajó a la perfección. Además del buen hacer de las jóvenes promesas de ayer y de hoy, como Benny Feilhaber, Clint Dempsey, Eddie Johnson o Michael Parkhurst, un joven destacó por su capacidad de recuperación en el mediocampo: Michael Bradley, el hijo del seleccionador.
A Michael Bradley, la afición le viene de lejos, ya que acostumbraba a acompañar a su padre por todo el país cuando éste entrenaba a la Universidad de Princeton y no se perdía ningún partido del Fire de Chicago mientras Bob Bradley fue su entrenador. Su potencia, audacia, ambición y dominio del mediocampo parecen impropios de un muchacho de 19 años.
Algo más que el hijo del entrenador
Aunque fue expulsado en la tensa semifinal de la Copa Oro,
que se saldó con una victoria por 2-1 ante Canadá, el joven realizó
una gran campaña en su primera participación con la selección
absoluta.
Posteriormente (y por suerte), no fue convocado para la desafortunada aventura de Estados Unidos en la Copa América, a la que se presentó con un combinado experimental (que perdió los tres partidos disputados en Venezuela), ya que el país debía disputar la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA en Canadá. "Se ha hecho una estrella en cuestión de semanas", dijo el entrenador de la selección estadounidense sub-20, Thomas Rongen, sobre su mediocampista, que en la actualidad juega en el primer equipo del Heerenveen holandés tras un paso de dos años por la MLS. "Es un jugador que ha asimilado muy rápidamente todos los aspectos tácticos del juego y que tiene una gran capacidad de sacrificio. Siempre ha sido muy maduro para su edad".
Bradley, cuya madurez es incuestionable, demostró además sus dotes goleadoras en el amistoso de la semana pasada contra Suiza en Basilea. En un equipo plagado de jóvenes promesas, como Danny Szetela, Freddy Adu y Sal Zizzo (todos ellos presentes en Canadá 2007), Bradley anotó en el minuto 86 el único gol del partido, el mismo que puso fin a una breve racha de malos resultados, y que otorgó a Estados Unidos su primera victoria sobre Suiza y su primer triunfo en suelo europeo en casi diez años.
Como era de esperar, sin embargo, al hijo del seleccionador no se le han subido los humos a la cabeza tras su primer gol con la selección absoluta. "No fue un gol muy bonito", admitió entre risas. "Pero creo que el equipo está mostrando muchas cualidades muy positivas. Sabemos que hay que seguir trabajando. Nos queda un amistoso más en 2007, contra Sudáfrica, e intentaremos dar otro paso adelante y prepararnos bien para la fase de clasificación del año que viene".
Al tiempo que se desvanecen los ecos de Arena y la generación anterior, los Bradley se revelan como los protagonistas del próximo capítulo del fútbol estadounidense que se inicia con Sudáfrica 2010 como telón de fondo.
