El fútbol es como el ajedrez. Se ha dicho tantas veces, que esta sentencia corre el riesgo de convertirse en tópico. La realidad es que, desde hace algún tiempo, los acontecimientos sobre el césped están tan marcados por la estrategia que se parecen mucho a las evoluciones sobre el tablero escaqueado. Sin embargo, mientras en el ajedrez la torre sólo puede moverse en horizontal o en vertical y el alfil sólo puede desplazarse en diagonal, en el fútbol la versatilidad de movimientos de las distintas figuras es lo que determina cada vez más el sentido del juego.
En ninguna demarcación es este hecho tan patente como en la de lateral. Desde hace unos cuantos años, en la alta competición ya no es suficiente que los defensas izquierdo y derecho realicen bien las labores de acoso y derribo, sean rápidos y sepan mandar buenos centros. Los dos extremos del cuarteto defensivo se están transformando en figuras clave del ataque, y actualmente están agregando a sus artes defensivas todo el repertorio de cualidades que caracterizan a un buen centrocampista. Por eso no es de extrañar que sean precisamente los laterales quienes más contacto tienen con el balón en el fútbol de hoy.
Los marcadores laterales están adquiriendo un protagonismo creciente en la creación de juego del conjunto. En la nueva generación de futbolistas actúan como auténticos cerebros en la sombra, pues son los que manejan algunos de los hilos más finos y los que inician las jugadas. Son asimismo los responsables de la activación del entramado de control en el centro del campo. ¿Cómo entraría si no en acción el centrocampista organizador? En las variantes tácticas más comunes de la actualidad (el 4-4-2, el 4-5-1 y el 4-3-3), este primer impulso reviste una importancia capital.
Primero fue Facchetti, luego los brasileños
Ninguno tan famoso como el italiano Giacinto
Facchetti, que fue el primer lateral clásico con "vuelo".
El que fuera Presidente del Inter de Milán, fallecido en septiembre
de 2006 a la edad de 64 años, sabía instalar la zozobra en las
zagas contrarias en los años sesenta y setenta con su velocidad, su
habilidad para el regate y sus incesantes pases de tiralíneas.
Décadas más tarde, Facchetti se ha convertido en el prototipo del
futbolista moderno: atlético, ultrarrápido, pero sobre todo técnico
hasta la exquisitez.
Acto seguido fueron los brasileños quienes continuaron explotando a gran escala las facultades ofensivas de sus laterales. Para muchos expertos, el país pentacampeón del mundo es la mejor escuela que existe de carrileros defensivos. Con sus acciones por las bandas, no sólo avivan el juego de ataque sino que básicamente son quienes le dan forma. Jorginho y Branco en los ochenta, Roberto Carlos y Cafú después, se encargaban en la Canarinha de maravillar con sus incontenibles incursiones esporádicas por los flancos, que a menudo bastaban para desequilibrar un partido. En los años venideros, se puede esperar algo semejante de jugadores como Cicinho o Maicon.
Vaivenes fecundos
En Europa, la cotización del defensa lateral
tampoco cesa de subir, aunque, a juzgar por lo que se observa en
las grandes selecciones del continente, muchos de los actores que
más sensación han causado en este papel se formaron primero como
centrocampistas. Así, por ejemplo, el francés Willy Sagnol, sin
duda uno de los mejores "doses" del mundo, militó como
volante en las selecciones juveniles de su país. Su compañero en el
Bayern de Múnich, Philipp Lahm, asumió en su juventud puestos de
responsabilidad en el centro del campo. Y cuando al seleccionador
nacional de Alemania, Joachim Loew, se le agotaron los
mediocampistas defensivos, el vivaracho Lahm tuvo que acudir en su
ayuda desde su posición de "seis".
Lo más curioso de todo es que el lateral contemporáneo ha devenido un futbolista mucho más técnico y, por ello, en la mayoría de los casos puede ocupar con garantías una posición en la medular. A la inversa: hay quienes, como Torsten Frings y Bernd Schneider, aunque se sienten más a gusto en el centro del terreno, con frecuencia funcionan como zagueros por los costados.
Primer motor de la jugada
Es más, en vista de las numerosas opciones con las
que hoy cuentan los defensas de las bandas para abrir espacios,
hace tiempo que se han incorporado al planteamiento del medio campo
y, dependiendo del esquema táctico, se suman a una línea media de
tres o cuatro hombres en las acciones de ataque. Ese cuarto o
quinto hombre es decisivo a la hora de lograr la superioridad
numérica. ¿Debe ahora ensayar un pase en diagonal, pasar el balón
en corto al centro o desbordar a su antagonista por la banda? Son
decisiones que el lateral debe tomar sometido a altas presiones, o
incluso al acoso del adversario, con el propósito de dar el próximo
paso al frente de los suyos sin correr demasiados riesgos.
"El papel del lateral en el fútbol moderno se está haciendo cada vez más importante", afirma el seleccionador nacional Loew siempre que puede. No sólo lo dice porque el representante italiano en esta posición, Fabio Grosso, fue uno de los factores decisivos del triunfo de la Nazionale Azzura en la semifinal y en la final de la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006 en su camino hacia el título. En ese mismo certamen, Lahm quedó retratado como emblema del flamante fútbol ofensivo alemán.
El balompié actual se expande por las alas, allí por donde transita el nuevo piloto del equipo moderno, precisamente allí donde hoy en día se deciden con frecuencia los partidos.
