Vítor Baía es uno de los jugadores de más éxito de la historia del fútbol. El guardameta conquistó 30 títulos durante una carrera de 20 años en la máxima categoría del fútbol, con el Oporto, el Barcelona y la selección nacional de Portugal. Se despidió de los hinchas del Oporto a finales de la temporada 2006/07, después de ceñirse su décima corona de campeón de liga.

Baía cambió los guantes por un traje y una corbata y aceptó el reto de convertirse en el nuevo director de relaciones internacionales de su amado FC Oporto. En una entrevista exclusiva con FIFA.com, Baía recuerda aquellos días sobre los terrenos de juego, las alegrías y la gloria, pero también las penas y el fracaso.

Sr. Baía, seis meses después de haber puesto fin a su carrera deportiva, ¿la echa de menos?
A decir verdad, pensé que me costaría mucho más adaptarme. Puse fin a mi carrera a sabiendas de que estaba a punto de dar un paso enorme y de que iba a empezar una nueva etapa de mi vida. Pese a todo, el día en el que mis antiguos compañeros comenzaron la pretemporada de 2007/08, me entraron escalofríos sólo de pensar que eso ya se había acabado para mí.

Usted aceptó un nuevo desafío: convertirse en el director de relaciones internacionales del FC Oporto. ¿En qué consiste su trabajo?
Divido mi tiempo entre la universidad por la mañana, donde estudio un curso de Gestión Deportiva, que estoy totalmente decidido a terminar, y mi nuevo trabajo en el club por la tarde. Represento a la entidad en las reuniones con la UEFA y el G-14, y siempre asisto a los sorteos de la Liga de Campeones de la UEFA.

Muchos jugadores, cuando cuelgan las botas, se decantan por comenzar inmediatamente una carrera de entrenador. ¿Ha pensado alguna vez en dedicarse a eso?
No todos los jugadores tienen obligatoriamente que convertirse en entrenadores. Si todos lo hicieran, habría muchos entrenadores en paro. Yo creo que reúno las cualidades necesarias para ser un buen entrenador, pero ese momento no me ha llegado todavía, y sinceramente creo que puedo ser más útil a mi club y al fútbol portugués en general en el puesto que ocupo actualmente.

Durante su carrera como portero, usted probó las mieles del éxito en muchísimas ocasiones.
Modestia aparte, fue absolutamente magnífica: he ganado prácticamente todo lo que se podía ganar, y esos títulos perpetuarán mi nombre por todos los tiempos. No todos los futbolistas pueden decir que han conquistado la Liga de Campeones de la UEFA, la Copa de la UEFA, la Recopa de Europa, la Copa Intercontinental y muchos otros títulos nacionales. Por suerte, soy uno de los cinco jugadores de todo el mundo que más títulos han conquistado: ¡30!

¿Cuál de ellos le ha producido más satisfacción?
Sentimentalmente, debido a que lo logré con el equipo al que amo, la Copa de la UEFA de 2003. Fue mi primer título internacional con el Oporto, y lo conseguimos después de un partido extraordinario contra el Celtic, que se decidió en la prórroga (3-2). Me volví loco de contento. Al año siguiente ganamos la Liga de Campeones, el sueño de cualquier futbolista. Para entonces, éramos ya un equipo triunfador y aquella final nos resultó más fácil (una victoria por 3-0 contra el AS Mónaco).

¿Qué se siente cuando uno ya es un símbolo viviente para el Oporto y también para el fútbol portugués?
La única forma de conseguirlo es ganando títulos. Un jugador puede repetir sin parar todos los días de su vida que es el mejor futbolista del mundo, pero el día en el que se le olvide decirlo, la gente se olvidará de él. Una carrera depende de los títulos. Yo conquisté muchos y nadie puede quitármelos. Las palabras se las lleva el viento.

Hoy en día no es normal que un futbolista profesional pase toda su carrera en sólo dos clubes. Pero usted sí que lo hizo, únicamente jugó en el Oporto y en el Barcelona.
Por sus especiales características, el Barcelona y el Oporto se parecen mucho. Ambos están lejos de la capital de sus respectivos países, y yo disfruté aprendiendo muchas cosas en Barcelona. Pasé en la ciudad dos años y medio. No es demasiado, pero sí lo suficiente para ganar la Recopa de Europa, dos Copas del Rey y una Supercopa de España. Lógicamente, no me hizo ninguna gracia la forma en la que abandoné el Barça, después de los problemas que tuve con el entrenador (Louis van Gaal). Sin embargo, jamás olvidaré los días felices que viví allí.

¿Se ha quedado con algún sueño pendiente?
Sí. Me habría encantado ganar un título internacional con la selección nacional portuguesa. Siempre teníamos combinados muy buenos, pero siempre nos faltaba algo. A mí me parece que una generación de jugadores como Luis Figo, Rui Costa y Paulo Sousa, y los demás tendría que haberlo conseguido. No pudo ser, y ahora me toca conformarme con el tercer puesto alcanzado en la Eurocopa 2000.

¿Cuáles fueron los momentos más importantes de su carrera fuera de los terrenos de juego?
El fichaje por el Barcelona fue muy importante, porque me reportó prestigio internacional. Aparte de eso, siempre recordaré el día en el que regresé al Oporto, fue increíble: las calles estaban llenas de gente que quería ver mi llegada. Me llevaron en hombros, y se agotaron las entradas al estadio para el partido de mi segundo debut con el club.

Como la vida misma, el fútbol también te da días malos. Usted pasó por unos cuantos problemas...
Sufrí cuatro operaciones de rodilla que me tuvieron en el dique seco durante dos años. Llegué a pensar que mi carrera se había acabado, pero conseguí recuperarme. Aquel periodo de mi vida me hizo ver las cosas desde una perspectiva muy diferente.

Aparte de eso, siempre me da mucha tristeza recordar cómo terminó mi carrera internacional. Disputé 80 partidos con Portugal, pero después de la Copa Mundial de 2002, el señor Scolari prescindió de mí sin mediar palabra. Fue bastante raro, porque me eligieron mejor guardameta europeo en la temporada 2003/04 y, pocos días antes de que se anunciara la lista de la selección para la Eurocopa 2004, gané la liga portuguesa y la Liga de Campeones de la UEFA. Ni siquiera así me convocaron.

Según yo lo veo, ningún país puede permitirse el lujo de no convocar para su selección nacional al mejor portero de Europa; y ya ve, eso me pasó a mí. Cuanto más lo pienso, más me convenzo de que la selección se perdió mucho más de lo que yo me perdí, pero me llevé una desilusión tremenda por no poder disputar un Campeonato de Europa en mi propio país.

Fichó por primera vez con el Oporto a la edad de 14 años. Y tiene una anécdota muy bonita sobre eso, ¿verdad?
Sí. Yo estaba jugando con el Académica de Leca un pequeño torneo y sabía que había un ojeador del Oporto en las gradas que estaba observándome a mí y a Domingos (futuro internacional portugués). Mi equipo era muy bueno y no daba opciones a los rivales, de manera que en muy contadas ocasiones llegaba un disparo a mi puerta. Al final, el ojeador decidió que ficharía a Domingos, que había marcado muchos goles, pero que ficharía al otro portero, porque él había hecho mucho más en el partido. Pese a todo, mi entrenador del Académica de Leca insistió en que me fichara a mí, y así sucedió unos días más tarde. Se me hace muy extraño pensar que mi vida podría haber sido muy diferente.

Debutó en la primera división de la liga portuguesa, con el Oporto, con 19 años. Dos años después, ya era internacional. Siempre llevó el dorsal número 1 hasta el día en el que regresó al Oporto después de su estancia en el Barcelona. ¿Por qué eligió entonces el dorsal 99?
Es una anécdota graciosa. Cuando volví al Oporto, en enero de 1999, el número 1 no estaba disponible. Así que llamé al departamento de marketing del club para preguntar si podía ser el número 99, y a ellos les encantó la idea. Las camisetas con ese número se vendieron como rosquillas. Incluso mi fundación se llama Vítor Baía 99.

¿Cuáles son los objetivos principales de su fundación?
La creación de una institución de ese tipo había sido siempre una de mis metas principales. Estoy convencido de que los futbolistas profesionales han contraído una responsabilidad social enorme, y a mí siempre me ha gustado ayudar a quienes más lo necesitan. Ya llevaba haciéndolo varios años cuando creé la fundación para ayudar a niños y jóvenes que sufren problemas de todo tipo.