México siempre ha sido tierra de porteros legendarios. Antonio Carbajal, Jorge Campos y Oswaldo Sánchez han sido grandes nombres -entre muchos otros- que han dejado huella con el Tricolor en el panorama mundial. Pero el presente azteca tiene un nombre propio que amenaza con eclipsar a todos sus predecesores: Francisco Guillermo Ochoa.
Titular indiscutible del equipo mexicano con sólo 22 años y referente absoluto del América de México, Ochoa es considerado en su país como uno entre los mejores del mundo. Pero, además de tener extraordinarias cualidades dentro del campo, es sencillo y amable fuera de él. Y todo, pese a ser un ídolo de masas en su país. Por ello, el joven guardameta aceptó con agrado hablar de su pasado, presente y futuro para FIFA.com.
Señor Ochoa, para empezar resolvamos una duda, ¿Cómo le
gusta que lo llamen: Francisco, Guillermo o con algún
apodo?
Todos me dicen Memo, Memo Ochoa. De chico me decían así, sólo
cuando estaban enojados mis papás me decían Guillermo (risas). No
me gusta ninguno de los apodos que me han puesto, porque ninguno
tiene que ver con mi vida o algo que me identifique.
Es famosa la anécdota de cómo fue descubierto por Leo
Beenhakker cuando tenía 17 años, ¿cómo fue realmente esa
historia?
En realidad yo empecé a entrenar con el equipo de primera
desde los 15 años cuando el técnico era Alfio Basile. Pero fue
hasta que llegó Beenhakker que hice la pretemporada completa y me
puso como segundo portero. Me fui ganando su estima y coincidió en
que Adolfo Ríos se lesionó en un entrenamiento y me dio la
confianza para debutar en la liga y en la Libertadores en mi
segundo partido.
¿Sigue estando agradecido con el entrenador
holandés?
Por supuesto. No es normal que se la haya jugado conmigo con
sólo 17 años, sobre todo con el América, un equipo en el que la
presión es al máximo y está en la mira todos los días. Antes de
entrar a la cancha me preguntó qué era lo que siempre había querido
y le contesté que jugar con el América en Primera. Y me dijo,
'pues ahí lo tienes, ahora disfrútalo'.
Su carrera ha sido meteórica, titular a los 17 años con su
equipo, muy rápidamente se hizo figura y con 22 ya es el número uno
de la selección mexicana, ¿Cuál es su receta?
(Risas) Voy poco a poco, mejorando a lo largo de los
partidos. Es algo que te va dando la vida de futbolista, con la
prensa, los aficionados, los compañeros. Siempre me había tocado
ser el más chico. Desde los 15 años convivía con jugadores que
tenían el doble de edad. Poco a poco uno va aprendiendo lo bueno,
deja a un lado lo malo, y siempre queriendo más.
En 2006 vivió su primera experiencia en una Copa Mundial de
la FIFA como tercer guardameta de México, ¿qué recuerdos le dejó
ese torneo?
Algo bonito. Enfrentamos a Portugal, a Argentina y a todas
sus figuras. El ambiente fue maravilloso. Claro que tenía ganas de
jugar, pero sabía que no era mi momento, que yo no había sido el
titular en ese proceso, pero eso me estimuló a hacer las cosas
mejor, a aprender. Y en ese momento me dije a mí mismo 'yo
vuelvo en 2010 pero en la cancha, ya no en la banca'.
Un año más tarde, ya era titular y figura de México en la
Copa América Venezuela 2007. ¿Cómo soportar la presión de ese
primer torneo dentro del campo?
Tratando de no pensar en ella. Tengo muy claro que soy el
heredero de grandes guardametas que han dejado huella y que es la
hora de empezar a escribir mi historia. Obviamente tengo nervios
antes de los partidos, pero una vez que piso la cancha se me olvida
y me concentro en mi trabajo.
Ese torneo fue la primera gran participación de la
selección de Hugo Sánchez, ¿cuál es su opinión del actual técnico
del
Tri?
Es una persona que proyecta grandeza, triunfos, el querer
siempre más dentro de la cancha y buscar ser el mejor en cualquier
cosa que hagamos.
Ahora, para el año que comienza, el objetivo será,
obviamente, el Torneo Olímpico de Fútbol de Pekín...
Sí, claro, pero hay que calificar primero, algo que no es
nada fácil. La gente en México está muy entusiasmada y la entiendo
porque creo que tenemos mucha calidad. Y lo mismo que en Alemania
2006, también estuve en Atenas 2004 sin jugar y para mí va a ser
muy importante estar en la cancha peleando por una medalla.
Varios de los jugadores mexicanos que podrían disputar ese
torneo ya están en Europa y usted aún no. ¿Cuál es la
razón?
Se ha hablado mucho recientemente de una transferencia, pero
hasta ahora no se ha concretado nada. La verdad es que no tengo
prisa y quiero ir a un equipo importante. Siempre seguí a escuadras
como Juventus, Milan, Bayern, Manchester, Real Madrid o Barcelona,
y me gustaría jugar en uno de ellos. Además, en este momento estoy
en un grande como es el América en donde aún tengo muchos objetivos
que cumplir, como la próxima Copa Libertadores.
Pasando a otros temas, cuando era niño, ¿tenía algún ídolo
en la portería?
Peter Schmeichel, sin duda. Era impresionante, capaz de
atajarlo todo en un partido. Siempre fue mi ejemplo a seguir. Y
ahora, curiosamente, me he convertido en un portero de
características muy distintas a las suyas.
Usted es uno de los pocos futbolistas que estudian aún la
universidad, ¿lo considera algo importante?
De diez futbolistas estudia uno (risas). Yo lo hago por mí,
no por los demás, lo hago por mi futuro. La carrera de futbolista
dura muy poco y hay que estar preparado para lo que sigue. Durante
la vida uno se encuentra con ex futbolistas que no hacen nada
después de retirarse, y yo no quiero acabar así.
Si repitiéramos esta entrevista dentro de 5 años, ¿cómo le
gustaría verse?
Jugando en Europa, en un equipo grande. Habiendo obtenido una
medalla en los Juegos Olímpicos. Participar en la Champions y
ganarla. Y, por supuesto, en Sudáfrica 2010, como campeón del
mundo. Mi sueño es una final contra Brasil, que nos vayamos a
penales y yo detenga el último... No, mejor aún, que vayamos
ganando 1-0 y que yo pare el penal en el último minuto (risas).
