Para imponerse en un partido reñido, todos los equipos necesitan un pequeño "plus". Un día adopta la forma de una jugada individual, otro de un empujoncito del destino. Sin embargo, muy a menudo es el público quien impulsa a los suyos para inclinar la balanza en un duelo. El ánimo de los aficionados resulta crucial para que los jugadores sobresalgan.

En cada continente, en cada país, en cada liga, uno o varios seguidores se hacen notar por su historia o, simplemente, por su excentricidad. FIFA.com presenta a varios de estos curiosos "números doce".

A tal señor, tal honor. Brasil, tierra de fútbol. Allí, el deporte rey es más que una pasión: es una auténtica religión. Por lo tanto, es lógico que cuente con algunos de los hinchas más carismáticos. Empezando por Pai Santana, ex masajista-brujo, que ya forma parte del patrimonio eterno del Vasco da Gama.

Antes de ser uno de los aficionados más respetados del club, Santana se dio a conocer como el más místico de los fisioterapeutas. Para ayudar al equipo de sus amores, llegaba incluso a declamar encantamientos mágicos. Cuando el Vasco ganaba, podía -vestido totalmente de blanco- atravesar todo el terreno de juego de rodillas para dar las gracias a los cielos... Después, cuando se fue haciendo más viejo, animaba desde las gradas, aunque su hijo es el apasionado más mítico del beach soccer, Bola 7, un personaje caracterizado por su tripa y su sonrisa en las playas de todo el planeta.

En el São Caetano, el Bengala Azul es una peña muy particular. Este grupo, dedicado en exclusiva a las personas de más de 60 años, sigue siendo uno de los más coloridos y ruidosos del estadio Anacleto Campanella.

¿La Raulito supera al Rivermóvil?
No lejos de allí, en Argentina, no andan a la zaga en lo que respecta a la grata locura de estos enamorados del balón. Incluso en este ámbito, la rivalidad que enfrenta a los dos principales clubes de Buenos Aires, River Plate y Boca Juniors, hace furor. Con los Millonarios, el número uno es Miguel Aguirre, de 53 años. Desde hace doce primaveras está al volante de su Rivermóvil, un Falcon modelo 80 completamente decorado con los colores del club, motor incluido, en el que acude a todos los encuentros que se celebran en el Monumental.

Pero según los Xeneizes, Aguirre no puede compararse ni por asomo a La Raulito. Esta seguidora, cuyo nombre real es María Esther, impresiona tanto por su trayectoria difícil (fue una niña de la calle que pasó por la cárcel, y que actualmente está internada en un hospital psiquiátrico) como por su pasión inquebrantable. "Nadie me empujó nunca hacia Boca. Siempre supe que estos colores iban a darme mucha felicidad". El chileno Lautaro Murúa llegó a filmar en 1975 una película que narraba su vida.

También en Sudamérica, Colombia no viaja nunca sin El Colé. Vestido con su traje de cóndor, símbolo del país, este hincha vive pegado a su amada selección, y a veces hasta se le ve saliendo del vestuario. Es muy habitual ver mensajes de paz en su cara y en sus alas. En julio de 2007, Ecuador se despidió con tristeza de Julio Espinoza, fallecido a los 81 años, alias El Hombre de la Campana, entusiasta de su combinado nacional y del Barcelona.

En México, El Gordo Ordóñez es el seguidor número uno del Cruz Azul desde hace 40 años. Julio Sotelo, El Rayo Mayor (en referencia al apodo del Necaxa), nos dijo adiós en 2006, tras animar a su club durante más de 60 años.

Al otro lado del océano Atlántico, ¿quién no conoce al célebre Manolo el del Bombo? Manolo regenta un bar situado frente al estadio de Mestalla, en Valencia, y transporta su tambor allí donde causa estragos la Roja. Y desde hace 32 años... "Todo esto me ha traido muchos problemas: he perdido a mi mujer, negocios y con ello dinero. Pero estoy muy contento con todo, yo hago lo que quiero y cuando quiero, y es no es fácil de decir en los días que vivimos. Además me siento muy querido por todo el mundo he recibido mucho cariño desde hace mucho años,el cuál continúo recibiendo. No cambiaría nada".

Su fama es tal que incluso el turco Ethem Özenrenler (67 años), gran hincha del Borussia Mönchengladbach alemán, se hacía llamar Manolo en los 80, cuando él y su bombo animaban a Toni Polster y los suyos.

¡Las abuelas al poder!
En el corazón de la cálida Andalucía, Concha, La abuela del Betis, respalda al conjunto sevillano desde hace decenios. Con su franqueza y su acento del sur, la anciana siempre alegra a los periodistas cuando acude al estadio vestida de verde y blanco.

Azul marino y blanco son los colores preferidos de la francesa Mamie Lolotte, el apoyo más familiar del Girondins de Burdeos. Desde 1962, no se pierde un encuentro, como confirmó a toda prisa a FIFA.com. "Es día de partido, no tengo mucho tiempo, ¡tengo que ir al estadio! Nunca olvidaré la etapa Aimé Jacquet-Claude Bez en los años 80. Nuestro equipo alineaba a Alain Giresse, Jean Tigana, René Girard... Uno de los partidos más bonitos de mi vida será siempre el Burdeos-Juventus de 1985, en la Copa de Europa (2-0)".

Como toda abuela que se precie, Lolotte es intransigente con sus pequeños "Cuando juegan a rastras les grito. Pero ellos se ríen, creo que no les importa mucho". Y los futbolistas le devuelven todo ese amor. Hace tres temporadas, con motivo de su 70 cumpleaños, varios de ellos le regalaron una estancia de tres días en Madrid para disfrutar del clásico que enfrentaba al Real Madrid y al Barcelona, y poder saludar a uno de sus nietos, transformado en una inmensa estrella desde su marcha de Le Haillan: Zinédine Zidane. "Conseguí encontrarlo al final del partido y le pedí su camiseta, pero ya la había dado... Una semana después me envió otra, dedicada. Es la única que he enmarcado para colgarla en mi piso". La única de una colección de más de 60 piezas, a las que hay que añadir unos 5.000 autógrafos.

Y, por último, cómo ofrecer una visión global sobre los hinchas sin ir a la cuna del fútbol moderno, Inglaterra. A veces denigrados, los ingleses suelen ser los que más llevan su pasión al extremo. Un ejemplo es Paul Gregory, aficionado del Sheffield Wednesday más conocido como Tango Man. En los años 90 se hizo famoso gracias a su mano gigante naranja, y nunca duda en desafiar al frío para animar a los suyos... Casi siempre con el torso desnudo. Desde entonces, es la figura de proa más ruidosa de las peñas del Wednesday, y le acompaña un doble, con algunos kilos menos, llamado Diet Tango Man.

Sin hinchas, un equipo apenas es nada. Con la afición, por el contrario, puede superarse. Excéntricos, apasionados, discretos, todos tienen su importancia.