Imaginémonos el peor de los desenlaces posibles: que Boudewijn Zenden ya no vista la camiseta del Olympique de Marsella en el momento de comenzar el Torneo Olímpico de Fútbol Pekín 2008. De momento, el extremo holandés ni siquiera tiene la garantía de viajar con la selección Oranje a tierras chinas. La culpa la tiene una temporada decepcionante en el equipo francés, donde Eric Gerets no lo considera una pieza clave del equipo. Sin duda, una situación difícil de llevar para el que fuera titular con los Reds del Liverpool.
Sin embargo, en el fútbol todo puede cambiar muy deprisa, por lo que "Bolo" prefiere pensar en un futuro que le sonría. Y es que el treintañero con rostro de adolescente no ha perdido la ambición, pese a gozar de una carrera bastante completa. Hoy sólo tiene un deseo, jugar, y un sueño a corto plazo, Pekín 2008.
En un francés perfecto, el holandés, 54 veces internacional, habló de todos esos temas en exclusiva para FIFA.com, tras un entrenamiento celebrado bajo el sol marsellés.
Boudewijn, ha tenido una temporada difícil en Marsella, cuando se esperaba que fuese titular y el motor del equipo. ¿Qué ha pasado?
Hay muchos factores externos a la calidad intrínseca que pueden hacer que un jugador avance o, por el contrario, hacer que se estanque. En mi caso, hubo un cambio de entrenador [Eric Gerets sustituyó a Albert Emon en septiembre de 2007] y de sistema que no jugó a mi favor. El nuevo técnico encontró una fórmula que ha dado resultado y yo no formaba parte de ella. Y cuando las cosas van bien, es difícil que se invierta la tendencia. En el fútbol hay muchos factores que influyen. Tomemos el ejemplo de Ricardinho en el Middlesbrough. Allí no jugaba nunca, y se marchó a Sao Paulo ¡para acabar jugando en la selección! El sistema, el entrenador, el estilo de juego... todo eso tiene una influencia directa muy importante.
Usted que se encuentra en el tramo final de su carrera, ¿cómo está viviendo esa situación?
No veo mi profesión de manera diferente porque tenga 32 años y esté más cerca del final de mi carrera. Sigo teniendo hambre de fútbol, y una ambición enorme de poder disputar los Juegos Olímpicos. Me niego a pensar de forma distinta a cuando empezaba a jugar profesionalmente. Me siento bien físicamente y todavía tengo unos años interesantes ante mí. No me tomo a la ligera los pocos minutos de juego que estoy teniendo en el Olympique de Marsella, ni mucho menos. ¡No fiché por este equipo el verano pasado por el buen tiempo!
Ha conocido la Ligue 1 gracias al Olympique. ¿Qué le parece la liga francesa en relación a la española y a la inglesa, dos campeonatos en los que brilló?
En la liga española, el juego parte más de atrás; uno se toma tiempo para construir y conservar la posesión del balón es primordial. Aquí es muy fuerte físicamente; los delanteros tienen grandes cualidades individuales y a menudo marcan la diferencia por velocidad. No me sorprendió ese aspecto, ya que cada vez que jugué contra Francia con mi selección, era siempre un equipo muy atlético y vigoroso. En la liga inglesa, juegan los 90 minutos a tope y son muy oportunistas. El juego es tan rápido que acaba habiendo errores individuales o colectivos y, al final, los tres mejores equipos son los que cometen menos errores.
A la postre, ¿podría decirse que su mejor puesto actualmente es el de medio centro, allí donde ha estado mejor esta temporada en Marsella?
Me siento bien en el eje de la medular, ya que toco más balones y, automáticamente, tengo más influencia en el juego. Ahí estás más implicado; es más agradable cuando juegas en un equipo que pasa mucho por el centro. No es una demarcación nueva para mí; ya marqué 8 goles con el Middlesbrough en el mediocampo.
Físicamente, ¿no resulta más difícil jugar por la banda?
Cuando empecé a jugar, hace 12 años, estaba en un 4-3-3. En el PSV, mi implicación defensiva era escasa, pero era el sistema el que así lo determinaba. En la Premier League, era un 4-4-2 con cuatro centrocampistas en línea, de modo que, en lugar de hacer 20 carreras de 30 metros, haces 15 ¡pero de 50 metros! Físicamente es más difícil. Con el paso de los años y la experiencia acumulada, ves el juego de forma diferente; piensas más en el bloque.
Ha conocido desde dentro al Barcelona y al Liverpool, dos grandes del fútbol europeo. ¿Cuál es la principal diferencia entre ambos clubes?
La presión de la afición es mucho menor en la liga inglesa. En el Liverpool siempre se muestra positiva, incluso cuando las cosas no marchan. No ves cometerse ningún exceso en los estadios, ni incidentes en los entrenamientos. No es la misma cultura. En el Chelsea [donde jugó de 2001 a 2003], cuando perdíamos todo el mundo pensaba "no es grave, ya ganaremos la próxima semana".
Hablemos un poco de la selección. Usted formó parte de una generación de oro que, sin embargo, no ganó nada. ¿No resulta frustrante viéndolo desde la distancia?
Para un país de 17 millones de habitantes, lo que se está haciendo ya es extraordinario. En 1998 y 2000, estuvimos muy cerca de llegar a la final, pues perdimos las dos veces en la tanda de penales. Quizás Holanda no esté hecha para buscar el resultado sino para hacer un fútbol bonito, y eso no compensa todo el tiempo. Desde 1974 y 1978, se nos teme, eso está claro. Pero a veces necesitas tener suerte, como Italia en 2006, y, sobre todo, una cultura que no es la nuestra, la cual antepone el buen juego y el disfrute de los aficionados al resultado puro y duro.
¿Cómo se explica el éxito de los clubes holandeses, especialmente del Ajax y el PSV, a pesar de la marcha regularmente de sus mejores jugadores?
El PSV es un club muy profesional, con una política de fichajes muy eficaz. Rara vez se equivoca. Fichan a extranjeros buenos no muy conocidos, sobre todo en Sudamérica, y los convierten en estrellas. En el Ajax, desde los 8 años juegas con el mismo sistema que el primer equipo; eso favorece la continuidad y una verdadera identidad de juego. En el PSV, sin embargo, el ambiente es más familiar; la presión es menor que en el Ajax, el equipo de la capital, y eso puede ayudar a formar un buen grupo.
¿Cuáles son los recuerdos más notables de su carrera?
La Copa Mundial de 1998 y la semifinal ante Brasil. La Eurocopa 2000, también con una derrota en semifinales, ante Italia en la tanda de penales. Mi único título de liga en Holanda, la Copa de la Liga con el Middlesbrough y la final de Liga de Campeones con el Liverpool.
Si tuviera que destacar un entrenador, ¿quién sería?
He conocido a muchos entrenadores; es difícil elegir a uno. Pero yo citaría a Ad de Moos, el que me hizo firmar mi primer contrato profesional en el PSV.
¿Y los mejores futbolistas con los que ha jugado?
¡Hay muchos! Nilis y Ronaldo en el PSV, Rivaldo, Kluivert y Cocu en el Barça, Bergkamp en la selección; Petit, Desailly y Zola en el Chelsea, Boateng y Juninho en el Middlesbrough, y Gerrard en el Liverpool.
