De ser uno de los miles de volantes que salen de las canteras brasileñas cada día, Anderson Luiz de Sousa, más conocido como Deco, pasó a ser considerado uno de los mejores del fútbol mundial. Sin dudas, el ahora portugués representa al tipo de armador que casi toda selección nacional del mundo le encantaría tener. Irónicamente, incluso a aquella del país donde nació.
Conseguida su nacionalidad portuguesa, Deco se ha consolidado como una pieza clave del equipo luso desde 2003. Aquel año, cuando decidió defender esa camiseta, el centrocampista pasó a ser una estrella mundial y comandó al FC Porto en su camino al título de la Liga de Campeones de la UEFA. Tras un período glorioso en el FC Barcelona, el portugués ahora desfila su técnica apurada en el Chelsea de Inglaterra, donde se ha rencontrado con otro brasileño que supo ser acogido por Portugal: el entrenador Luiz Felipe Scolari.
En exclusiva, Deco entregó sus impresiones a FIFA.com acerca de su carrera y de cómo se siente en su nuevo ambiente de trabajo.
Señor Deco, pese a que lleva poco tiempo jugando en Inglaterra, ¿podría marcarnos la gran diferencia entre el fútbol de allí y el de otras ligas europeas como la española o la portuguesa?
La principal diferencia está en la intensidad que tiene el juego en Inglaterra. A veces incluso con menos calidad técnica, pero la entrega que tienen y lo preparados que están los equipos hace una diferencia tremenda con los demás campeonatos.
¿Eso la convierte en una liga más difícil?
En España, por ejemplo, hasta equipos menores tienen jugadores de técnica fina que pueden hacer la diferencia en un partido. Siempre. No importa contra quién vayas a jugar, sabes que habrá al menos uno o dos jugadores de mucha calidad. Por otro lado, los equipos ingleses de menos expresión parecen siempre tener a sus 11 jugadores tremendamente en forma. Al final creo que esto hace, sí, que el de Inglaterra sea un torneo más difícil.
Háblenos del ambiente fuera del terreno de juego. ¿Cómo vive el Chelsea? ¿Ha notado alguna diferencia en cuanto al ambiente de trabajo y la vida cotidiana?
Una cosa muy clara es que son profesionales al máximo. En los entrenamientos se ve mucha entrega y un nivel de intensidad impresionante, la misma que luego se refleja en los partidos. Para colmo, tenemos en Scolari a un entrenador que es un maestro en la motivación. Por eso, al final se genera un ambiente muy especial.
Querríamos que nos contara un poco de cuando dejó Brasil por primera vez, en 1997. ¿Cómo surgió la oportunidad de jugar en Europa?
Uff... ¡Hace tanto tiempo! (risas) Yo jugaba por Corinthians de São Paulo y recién ascendía al primer equipo, en el inicio del 1997. Fue cuando recibí una propuesta del Benfica de Portugal. Mi presentación, sin embargo, estaba marcada para julio, seis meses después. Así que me fui cedido a otro Corinthians, el de Maceió, antes de irme a Portugal, donde llegué como cedido al Alverca. Estuve ahí un año, luego fui negociado con el Salgueiros y finalmente fui fichado por el FC Porto, donde las cosas tomaron el rumbo con el que yo soñaba.
¿Y usted sintió mucho el hecho de cambiar de continente y de estilo de vida?
Al principio no quería venir a Europa porque a los 20 años creía que era demasiado joven. Al final vine, me adapté bien y conseguí construir una linda carrera.
El gran punto de popularidad en su carrera parece haber sido con la Liga de Campeones en 2003, en las filas del Porto. ¿Coincide?
Sí, sin duda. Fue una confirmación. Hacía algunos años que venía manteniendo un buen nivel con el FC Porto, pero hasta entonces nada de eso tenía tanta repercusión. Después del título de campeones de Europa, todo cambió. Fue un momento clave.
Aún antes del título europeo, Luiz Felipe Scolari llegó a convocarle para la Seleção, y la idea fue recibida con desconfianza en Brasil. Vaya si han cambiado las cosas, ¿no?
La verdad es que no me preocupa. Es natural que en un país con tantos talentos como Brasil, al ser mencionado el nombre de alguien desconocido la gente reaccione con desconfianza. Pero no fue algo que me haya molestado demasiado. Es evidente, hoy en Brasil me ven diferente, sobre todo después de las conquistas con el FC Barcelona.
¿Fue difícil la decisión de jugar por Portugal?
Ya tenía derecho a naturalizarme portugués por el tiempo de residencia que llevaba en el país. Y al final, la decisión de jugar por la selección la tomé como una manera de reconocer todo lo que Portugal había hecho por mí. Fue una manera de agradecer el apoyo de las personas que me encontraban y pedían que aceptara jugar para la selección de su país.
Y con el paso del tiempo, ¿se ha puesto a pensar que podría ser hoy el armador que le falta a la selección brasileña?
Nunca tomé la decisión de naturalizarme pensando que no tendría condiciones o calidad para jugar por Brasil. Siempre he creído en eso. Fueron otras razones. Hay decisiones en la vida que no hay mucho que pensar. Por mi situación hoy, después de todo lo que conquisté, sería más fácil llegar a la selección brasileña, pero en aquella época tomé esa decisión y no me arrepiento ni un poco.
Usted ha trabajado en los últimos años con tres técnicos ganadores: José Mourinho, Frank Rijkaard y Luiz Felipe Scolari. ¿Qué puede decirnos de cada uno?
La escuela holandesa de Rijkaard cuadraba bien con el Barcelona, que es un club que mantiene un estándar de juego aunque cambie de entrenador. Scolari es más del típico estilo sudamericano. Son personalidades muy distintas y lo que tienen en común es que, a su manera, los dos saben generar unión entre la plantilla. Pero creo que Felipão lo hace mejor todavía, porque es más extrovertido y espontáneo. Mourinho, a su vez, es más bien un estudioso que está siempre atento a todo, no sólo al partido: el entorno, el ambiente, la presión psicológica. En este sentido es perfecto. Un hombre muy inteligente.
Para terminar, hagamos un repaso de su carrera. Entre los equipos que ha integrado hasta hoy, ¿cuál diría que es el mejor?
El Barcelona que ganó la Champions durante dos años exhibió un fútbol que no será fácil de repetir para ningún equipo. Pero el FC Porto campeón de 2004 también era muy fuerte. Aunque, sinceramente, el Chelsea de hoy tiene potencial para ir más allá. Tiene mucha madurez y presencia. Me hace acordar mucho al equipo a aquel Porto, pero incluso con mayor calidad. Creo que esta pregunta sólo la podré contestar dentro de algunos años.
