El Estadio de los Trabajadores de Pekín tenía un ambiente indescriptible en los momentos previos a la final del sábado. Los seguidores locales, embelesados por semanas de buen fútbol y el heroísmo de su equipo del alma, se dirigían a presenciar una final clásica frente a Japón, su acérrimo enemigo. Por desgracia para ellos, su espera de veinte años por el máximo título continental se estirará al menos otros cuatro, ya que Japón, no sin polémica, superó a China por 3-1 y logró retener su corona.
Es el tercer título de los nipones en cuatro ediciones de la Copa Asiática, y el segundo consecutivo, después de ganar en Líbano hace cuatro años. La amenaza se dejaba sentir, y el público, abrumadoramente favorable a China, estaba listo, con la esperanza de que sus héroes derrotasen en su feudo al antiguo enemigo y se hiciesen con el trofeo por vez primera desde 1984.
Los jóvenes pupilos de Arie Haan mostraron su calidad desde el primer momento, yendo a por el partido. Sin embargo, la selección japonesa, curtida por una campaña difícil e inspirada por una atractiva final ante los anfitriones, no se arrugó. Takayuki Suzuki fue amonestado por realizar una fuerte entrada a destiempo, y otros dos jugadores vieron la tarjeta amarilla en una pendenciera primera parte de un encuentro que echó chispas.
Muy reñido
Pero los japoneses se batieron con bravura, y consiguieron mantener la mirada puesta en el premio. Cuando únicamente iban transcurridos 22 minutos, Suzuki enmendó su error anterior e irrumpió en el área en una prometedora incursión. En un lanzamiento de falta de Shunsuke Nakamura, dejó el balón de cabeza para que Takashi Fukunishi, con un testarazo a quemarropa, adelantase a los defensores del título.
El gol provocó un silencio estremecedor en el público, que quedó conmocionado. Pero los chinos, espoleados para replicar de inmediato, sólo tardaron cinco minutos en empatar. La respuesta al sutil tanto de Li Ming fue un auténtico pandemónium: se desató la alegría, ondearon las banderas y el color rojo inundó el cavernoso anfiteatro del Estadio de los Trabajadores allá hasta donde llegaba la vista.
El jugador del Dalian Shide, de 31 años, fue uno de los integrantes del equipo que había caído ante Japón en semifinales en Líbano, y el alivio que mostró su rostro dejaba entrever sueños de revancha. Se llegó al descanso con igualdad en el marcador, por lo que podía pasar cualquier cosa.
Se avecina la tormenta
| Jugadores iraníes celebran el tercer puesto en la Copa Asiática tras vencer a Bahrein el 6 de agosto de 2004 en Beijing. |
| (AFP) |
| Greg Baker |
Con la motivación que daba una enemistad de siglos, la injusticia de un gol que debió haber sido anulado y un público que rugía de impaciencia, los chinos se lanzaron al ataque en busca de un crucial empate. Pero no sería su día. Cuando presionaban desesperadamente, fueron sorprendidos una vez más al contragolpe, con su retaguardia expuesta. La diana de Tamada en el tiempo añadido acabó señalando el final de la valerosa lucha de China.
El entrenador de China, Haan, irritado, se negó a aceptar su medalla de plata a la conclusión del choque. "Estoy muy decepcionado, y siento de verdad, por los buenos hinchas de China, que hayamos perdido un partido que debimos haber ganado", afirmó. "Su primer gol se produjo tras una falta que debió haber sido a nuestro favor, el segundo fue con la mano, y el tercero también habría que anularlo, por falta previa sobre Sun Jihai".
Fascinante Asia
El viernes, Alí Karimi se proclamó máximo goleador ex aequo del torneo, en un partido por el tercer puesto ante Bahrein, repleto de goles y demasiado encrespado, en el que Irán, campeona de Asia en tres ocasiones, se hizo con el bronce. Incluso después de quedarse con diez hombres, la selección iraní fue superior a su rival, ya que acabó imponiéndose 4-2.
Dos goles del sempiterno Alí Daei encarrilaron el triunfo persa, y el tanto de Karimi en el minuto 52 elevó su cuenta particular en China 2004 a cinco, los mismos que el bahriní A'ala Hubail. Ambos han sido los máximos anotadores.
A pesar de caer en un encuentro con tres expulsiones, el cuarto puesto de Bahrein representa la mejor actuación continental de su historia.
En una competición marcada por las sorpresas, las conmociones y las estrellas en auge, los antiguos amos del juego en corto, los "brasileños de Asia", terminaron por prevalecer en última instancia.