Inscribir su nombre en la Historia es una ambición que albergan muchos futbolistas. Pero los logros, por numerosos que sean, no siempre bastan para ser "único" en el libro de oro del deporte rey. FIFA.com te presenta hoy los caminos, felices o desdichados, de jugadores que comparten nombre con otros más famosos. Aunque algunos han conseguido brillar con luz propia, a otros en ocasiones les ha pesado el apellido.

A mediados del decenio de 1990, el brasileño Ronaldo era considerado el mejor futbolista del planeta, como demuestran sus dos títulos consecutivos de Jugador Mundial de la FIFA, en 1996 y 1997. Al mismo tiempo, el portugués Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro, con 10 años, pisaba por primera vez los campos de la isla de Madeira. Su segundo nombre, testimonio de la admiración de sus padres hacia Ronald Reagan, únicamente aparecía entonces en su pasaporte.

En 2002, El Fenómeno seguía reinando sobre el planeta, y añadió un tercer título mundial individual y una Copa Mundial de la FIFA a su colección de trofeos. Nuestro joven luso continuaba su progresión ascendiendo al primer equipo del Sporting de Lisboa. Su talento ya le valió alabanzas, y en su camiseta se leía este ilustre apellido, aunque de momento no era más que "el otro" Ronaldo.

Ronaldo sigue los pasos de Ronaldo
Sin embargo, sir Alex Ferguson por una parte, y la mala fortuna por la otra, invertirían la tendencia. Mientras el técnico del Manchester United fichaba y pulía al diamante portugués, el brasileño acumulaba lesiones y desaparecía progresivamente de los terrenos de juego. Hasta tal punto que ahora el nombre de Ronaldo se asocia más con el astro del club inglés que con el máximo goleador de la historia de los torneos mundialistas. En la noche del lunes, el título de Jugador Mundial de la FIFA 2008 recayó nuevamente en Ronaldo, pero por primera vez se trataba de Cristiano...

Otro brasileño, el centrocampista del Olympique de Lyon Juninho, es actualmente una referencia gracias a sus siete títulos de campeón de Francia consecutivos, su victoria en la Copa FIFA Confederaciones 2005 y su temible eficacia en los lanzamientos a balón parado. Aun así, tanto durante su estreno en Brasil como al llegar a Europa, marcó sus primeros goles bajo el nombre de Juninho Pernambucano, una referencia al Estado brasileño en el que se crió, Pernambuco. El motivo es que, a principios de los años 2000, el nombre de Juninho se relacionaba con el internacional auriverde campeón del mundo en 2002, estrella de São Paulo, Middlesbrough, Atlético de Madrid o Celtic de Glasgow. Éste volvió a ser Juninho Paulista, y concluyó su carrera en Australia, mientras que el "nuevo" Juninho acumula trofeos con el Lyon.

A la sombra de los más grandes
El nombre más difícil de llevar para un jugador es sin duda el de Pelé. Pero aunque O Rei sea único en la historia del fútbol, esas cuatro letras han adornado otros dorsales. El ghanés Abedi Ayew se convirtió en una leyenda como Abedi Pelé sin que nadie se escandalizase, merced al talento que exhibió en los campos europeos y africanos. En cuanto al francés Yohann Pelé, al contrario que sus homónimos, no se ha hecho un hueco marcando goles, sino parándolos, en la portería del Le Mans.

Pero un patronímico célebre no es necesariamente garantía de notoriedad, como han descubierto en carne propia tres futbolistas brasileños en Alemania. Resulta difícil destacar por sí mismo cuando uno se llama Zé Roberto, juega en el Schalke 04 y, al mismo tiempo, un internacional brasileño del mismo nombre, con un palmarés repleto de honores, sobresale en el Bayern de Múnich...

El centrocampista del Hertha BSC Lúcio tiene el mismo problema, ya que el genial desempeño de su homónimo del Bayern en las diez últimas temporadas de la Bundesliga le ha condenado a ser el segundo de quienes llevan ese nombre. El berlinés comparte también su experiencia con su compañero y compatriota Claudiano Bezerra da Silva, apodado... ¡Kaká!

Diarra, Diarra y Diarra
Con todo, los grandes nombres no tienen por qué jugar en los grandes equipos. Así, en un partido de la Copa de Francia de 2007, el FC Sochaux se sorprendió al ver en la alineación del Lyon-la Duchère, modesto club de quinta división, a un Zidane y a un Crespo. Thomas y Nassim, sus respectivos nombres de pila, no tenían demasiadas opciones de perforar la meta contraria, ya que ambos ocupaban puestos defensivos. Y el Inter de Milán, en un encuentro amistoso disputado el pasado mes de septiembre, igualó a 2-2 frente al Locarno, de la segunda categoría suiza. En la formación helvética aparecían Reyes, Milosevic y Solari...

Terminemos esta vuelta al mundo de los nombres duplicados en el vestuario del Real Madrid. El maliense Mahamadou Diarra, que llegó en 2006 procedente del Lyon, fue sustituido en su antiguo equipo por el francés Alou Diarra. El madridista sufrió una grave lesión en diciembre, y será reemplazado en el mediocampo por el último fichaje merengue, el internacional francés... ¡Lassana Diarra!