La selección de las Islas Vírgenes Británicas es conocida en los círculos futbolísticos de la CONCACAF principalmente como un equipo estancado, uno más de esos "rivales fáciles" que pueblan las islas del Caribe. El combinado nacional de fútbol juega muy de tarde en tarde y, cuando lo hace, suele sufrir abultadas derrotas.

Precisamente por eso, su ascensión reciente en la Clasificación Mundial FIFA/Coca-Cola resulta tan impresionante. Los Nature Boyz (sobrenombre con el que sus paisanos conocen a la selección nacional) han escalado 20 puestos en la última edición de la tabla mundial, en un mes de marzo de sabor agridulce.

Las Islas Vírgenes Británicas han abandonado su posición más baja de la historia (193 a) hasta colocarse en el más respetable 173º puesto, después de dos empates arañados en Nassau contra las Bahamas. Sin embargo, un simple detalle técnico, el valor superior de los goles marcados en campo contrario, les ha privado del pase a la segunda ronda de clasificación continental para la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010.

De esta manera, la selección ha protagonizado una primicia en esta competición preliminar: se ha convertido en el primer equipo eliminado sin haber perdido ni uno solo de los partidos disputados.

Sin estadio
Ha sido una situación cuando menos singular. La asociación de fútbol del país, incapaz de reacondicionar el desvencijado estadio Sherly Ground para que se ajustara a los nuevos requisitos que impone la FIFA en las competiciones internacionales, acordó disputar sus partidos de ida y vuelta de la primera ronda en el estadio de Nassau, sobre césped artificial, un entorno y un terreno a los que su selección nacional no estaba acostumbrada.

La ida, celebrada el 26 de marzo, quedó establecida como su partido "a domicilio", y la vuelta, disputada cuatro días después, como su encuentro "en casa". El primer choque terminó en empate, después de que Rohan Lennon igualara el tanto con el que Lesly St. Fleur había otorgado la ventaja a la selección de Bahamas. En el segundo, cuando los Nature Boyz iban perdiendo por dos goles y parecían totalmente acabados, su capitán, Anadale Williams, remontó el marcador en los últimos 20 minutos e igualó la contienda (2-2). Pese a la valiente gesta del, en realidad, equipo visitante, Bahamas había marcado dos goles en el que estaba considerado su encuentro "a domicilio", de manera que se adjudicó la clasificación para la siguiente ronda, donde se enfrentará a los Reggae Boyz jamaicanos.

La justicia del reglamento resolvió la eliminación de las Islas Vírgenes Británicas, aunque la selección puede consolarse con los importantes progresos que ha realizado desde aquella derrota global por 14-1 a manos de las Bermudas durante la competición preliminar de Corea/Japón 2002. Ahora tendrá ocasión de celebrar también el enorme salto que ha protagonizado este mes en la tabla mundial.

La ascensión resulta mucho más impresionante si se tiene en cuenta que el combinado nacional está formado exclusivamente por aficionados procedentes de la liga nacional de 20 clubes, ninguno de ellos profesional. "Teníamos un jugador afincado en el extranjero y contábamos con que se uniera al equipo", comenta Raul Ettienne, uno de los mediocampistas más pujantes del país. "Pero se echó atrás. Así que quedamos sólo los nacionales. Tampoco está nada mal, porque algunos son muy buenos".

No es empresa fácil
La selección isleña, bajo la batuta de Patrick Mitchell, aspira a mantener su actual estado de forma y evita sumirse en el desencanto que le ha supuesto una eliminación de la fase de clasificación por tan exiguo margen.

"No es empresa fácil. En nuestras islas, la gente no suele tomarse el fútbol muy en serio", añade Ettienne. "No nos preocupa el futuro. Contamos con hombres que saben jugar al fútbol. Seguiremos jugando con una entrega total".

Como la selección ha renunciado a participar en la fase preliminar para la próxima Copa del Caribe, que se disputará en Jamaica, podrá concentrarse en la siguiente prueba de envergadura: la clasificación para la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014.

"Me gustaría que nos construyeran instalaciones, porque precisamente una de las cosas que en estos momentos nos están haciendo más daño es no tener instalaciones que usar", declaró el seleccionador Mitchell tras el regreso del equipo en barco desde Nassau. "Supone una desventaja absoluta jugar los dos partidos en el país del rival. Dicen que jugamos uno de los partidos "en casa", pero en realidad es el rival quien disputa los dos encuentros en su propio estadio".

Sólo el tiempo dirá si las Islas Vírgenes Británicas consiguen ese terreno de juego que su rendimiento más reciente se merece. No obstante, a juzgar por las magníficas actuaciones que la selección ha ofrecido en Nassau, el futuro se presenta prometedor.