Normalmente son las grandes ligas europeas las que copan los titulares durante los períodos de fichajes, pero hace cinco meses se vivió una sorprendente excepción. El foco no se centró en las competiciones de España, Inglaterra o Alemania, sino en la Super League china. Fue la que más dinero gastó en nuevos jugadores como Alex Teixeira (unos 50 millones de euros), Jackson Martínez (unos 42 millones) o Ramires (28 millones).

Y no parece una casualidad o una moda pasajera. El fútbol chino está creciendo con la firme intención de ser competitivo cuanto antes. Con el respaldo político, el balompié está atrayendo a grandes estrellas mundiales que llenan estadios, al tiempo que trabaja en el fomento de la cantera. Algunas medidas en esta dirección son que el fútbol profesional sólo permite tener a cuatro extranjeros en cada club y únicamente alinear a tres de ellos simultáneamente, mientras que en las categorías inferiores está prohibido el concurso de jugadores de otros países.

Uno de los casos más relevantes es el Guangzhou Evergrande FC, que disputó la Copa Mundial de Clubes de la FIFA en 2013 y 2015 y que desde hace unos años dispone de la cantera más grande del mundo, con más de 2.500 jugadores jóvenes y 170 técnicos. Desde julio de 2014, el alemán Marco Pezzaiuoli, exentrenador de la Bundesliga y de las categorías inferiores de la selección germana, es el responsable de las promesas del Guangzhou, desde la categoría sub-9 hasta la profesional.

“Es como una pequeña ciudad con escuelas. Los chicos pasan allí la mayor parte de su tiempo y los fines de semana se van a casa con sus familias. Antes era casi imposible organizar competiciones con muchos partidos debido a la inmensidad geográfica de este país. Ahora se organizan pequeños torneos regionales que tienen más del doble de encuentros que antes. Poder jugar partidos es fundamental para los jugadores en formación”, explica Pezzaiuoli en alusión a su trabajo en unas instalaciones que se extienden a lo largo de más de 350.000 metros cuadrados y que cuentan con 47 campos de fútbol de diferentes tamaños.

El preparador alemán revela que habla mucho con Luiz Felipe Scolari, el entrenador del primer equipo, que quiere estar siempre informado sobre la formación de los técnicos, los contenidos de los entrenamientos y los aspectos que se trabajan en las facetas ofensiva y defensiva.

La experiencia internacional
Esta semana, el Guangzhou Evergrande FC participa por primera vez en el Campeonato Juvenil FIFA/Blue Stars. Tras la participación del Beijing Guoan FC, que ocupó el octavo puesto en la edición de 2009, el Guangzhou es el segundo equipo chino que disputa esta competición juvenil.

“Queremos tener la oportunidad de aplicar a un nivel más elevado lo que los jugadores han aprendido. Espero que ganemos algún partido y que demostremos que sabemos jugar un fútbol moderno y de calidad, tanto en lo técnico como en lo táctico, y que lo hacemos con alegría y entusiasmo. Nuestra intención es que se reconozca el buen trabajo que se está llevando a cabo en China”, añade Pezzaiuoli.

“Los jugadores jóvenes necesitan aprender, y eso sólo es posible viajando a otros países para participar en competiciones como el Campeonato Juvenil, donde tendremos la oportunidad de presentarnos al mundo. Hace un año que disputamos torneos en el extranjero y hemos sufrido derrotas que, aunque sea por las malas, sirven para aprender y para acumular mucha experiencia. Cuando llegué, el equipo era el último de la clasificación, y ahora, con los mismos jugadores, somos campeones. Hemos dado pasos importantes. Cada viaje al extranjero resulta de gran ayuda para el crecimiento del fútbol chino”, continúa el técnico.

Y cualquier ayuda es bienvenida, puesto que, según Pezzaiuoli, el fútbol chino lleva unos 30 años de desventaja con respecto al europeo. “El proceso debe comenzar ya en la guardería. Falta coordinación y experiencias motrices con diferentes tipos de balones. Hablamos de otra forma de ejercicio físico. Interiorizar nuevos conceptos requiere tiempo. No se pueden forzar las cosas, porque se trata de un proceso de desarrollo gradual. Estoy convencido de que en treinta años habrá jugadores chinos brillando en las grandes ligas europeas. Estamos ante un gran desafío. Además, queremos que nuestra selección se convierta en una habitual en los Mundiales y que tenga suficiente competitividad como para lograr algún título”, explica este técnico de 57 años.

“En cualquier caso, China debe mantener su propia identidad. No puede limitarse a copiar el modelo del fútbol de élite alemán o italiano, sino que debe conservar su cultura y sólo de forma puntual recurrir a influencias de otros países para enriquecerse”, advierte.

Pezzaiuoli está seguro de que organizar una Copa Mundial de la FIFA supondría “un gran paso para el fútbol chino. Los estadios ya se llenan de espectadores que acuden a apoyar a la selección o a su club. El siguiente escalón para seguir popularizando el fútbol sería albergar un Mundial”.

Con el sueño de un Mundial en China en el horizonte, a corto plazo la meta es conseguir la clasificación para la que supondría la segunda participación del combinado chino en una cita mundialista. Por ahora, el conjunto asiático se encuentra en la tercera ronda de la fase de clasificación para Rusia 2018, pero la tendencia es positiva y el futuro, prometedor. “Estamos en el principio del camino, pero las perspectivas son magníficas”, concluye.