La final de la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA Rávena/Italia 2011, entre Rusia y Brasil, no solo servirá para decidir cuál es el mejor equipo del planeta, sino para confirmar o negar la validez de dos estilos distintos: la solidez táctica de los europeos contra la calidad individual de los actuales tetracampeones.

El partido
Rusia-Brasil, Stadio del Mare, Rávena, 11 de septiembre de 2011, 18:30 (hora local)

El contexto
No es casualidad que, en el momento mismo en que terminó la segunda semifinal, este sábado, muchos ya empezasen a hablar de “una partida de ajedrez” para referirse a la final que disputarán rusos y brasileños. Y es difícil pensar en dos equipos de tanta calidad que, para llegar hasta aquí, dependan de recursos tan diferentes.

Los rusos son sólidos y precisos: realizan sus cambios en bloque. No tienen estrellas, pero tampoco ningún jugador que haga disminuir su nivel a lo largo de los 36 minutos. Se emplean a fondo en la defensa y aprovechan las jugadas ensayadas a balón parado, sean saques de banda o de esquina, mejor que ningún otro equipo del mundo. Así han alcanzado sin sobresaltos una final inédita.

Nada de eso es fundamental para el tremendo éxito de los brasileños, campeones de las cuatro últimas ediciones del torneo. Aunque sí es un conjunto organizado, y que cuenta por ejemplo con un guardameta de la talla de Mão, la Seleção sabe que la calidad individual es lo que le permite marcar diferencias. Nadie tiene a su disposición a más jugadores desequilibrantes que Alexandre Soares. Y eso significa gente de talento en el campo de principio a fin.

El camino hasta la final
La selección rusa es cualquier cosa menos irregular. Practica un juego organizado y, aunque no haya protagonizado una campaña repleta de momentos de fantasía, ha sido un equipo interesante, no cabe duda. Los campeones de la Euro Beach Soccer League son los únicos que han ganado sus cinco encuentros en Rávena en el tiempo reglamentado: contra Nigeria (8-4), Tahití (5-0) y Venezuela (7-3) en la fase de grupos y, a continuación, en cuartos y semifinales, frente a los dos representantes de la CONCACAF, México (5-3) y la sorprendente formación de El Salvador (7-3).

El trayecto de los brasileños hasta la final ha sido un poco cuestionado, si bien puede achacarse al altísimo nivel al que nos tiene acostumbrados. Y, de hecho, no es natural que una Seleção pródiga en goleadas salga de una primera fase con solo 11 tantos a favor y una victoria en los penales sobre Ucrania (tras igualar a 3-3) y por tres goles de diferencia ante México (5-2) y uno contra Japón (3-2). En cuartos de final el cuadro sudamericano sufrió bastante contra una valiente Nigeria, y necesitó la prórroga para vencer por 10-8. Brasil solo volvió a ser el de siempre en su ya tradicional eliminatoria ante Portugal, en semifinales: en un choque sumamente reñido, comenzó de nuevo perdiendo, pero remontó y se impuso por 4-1.

Números que hablan
42: por segunda vez consecutiva, el capitán brasileño, Benjamin, será el jugador de mayor edad dentro de la cancha en una final del torneo mundialista. Ya había sido así en Dubai 2009, con 40 años y cinco meses, y ahora, a los 42 años y tres meses, el número 10 vuelve a ser el más veterano de todo el certamen.

Las frases
“En los últimos años hemos crecido mucho tanto física como técnicamente, pero esta será nuestra primera final, así que no sabemos exactamente qué esperar. El fútbol playa es un deporte de los más imprevisibles. Solo sé que vamos a dar todo lo que podamos y que, sin duda, será nuestro partido más difícil”, Ilya Leonov, capitán de Rusia.

“Es un partido contra un equipo táctico, tremendamente disciplinado, pero que al mismo tiempo tiene un excelente poder ofensivo. Para nosotros, está el aspecto positivo de que es un rival al que le gusta atacar y no se limita a defender, como podría ser el caso de Ucrania. Creo que va a ser un duelo excepcional. Probablemente la mayor final de todos los tiempos”, Alexandre Soares, seleccionador de Brasil.