Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA Rávena/Italia 2011

1 septiembre - 11 septiembre

Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA 2011

Campanadas al vuelo

© Getty Images

Como diría Giovanni Trapattoni, un grande del mundo del calcio, ex seleccionador de la absoluta italiana y actual técnico de la selección de Irlanda, "nunca hay que lanzar las campanas al vuelo": o lo que es lo mismo, nunca hay que creer que un partido es fácil ni que está ganado antes de jugarlo. Muy posiblemente, este refrán tenga todavía más validez sobre la arena que sobre el césped.

Por desgracia para su afición, que se congregó entusiasmada en el Stadio del Mare di Marina di Rávena para animar al equipo por los cuartos de final de la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA, este proverbio se convertirá en el lema de la selección de Italia...

La anfitriona se despidió del certamen por sorpresa, tras la campanada que protagonizó una novata implacable, El Salvador, una selección que nunca había superado la fase de grupos y que ahora incluso se prepara para enfrentarse en semifinales a Rusia. Un sueño de locura. Por el contrario, los italianos están viviendo una auténtica pesadilla y no lo tendrán fácil para olvidar tanta amargura. Al final del partido, la desolación era patente. Con el pitido final, los jugadores se derrumbaron: unos lloraban, otros abandonaban a toda prisa el terreno de juego y otros gritaban para sacar de sí toda la rabia que les producía un resultado por el que nadie habría apostado ni un céntimo, y menos que nadie las figuras de la escuadra tricolor.

Puedo garantizarles que conscientemente nunca hemos subestimado a El Salvador, porque sabíamos muy bien que podía causarnos muchos problemas.

Pese a todo, según Francesco Corosiniti, uno de los pocos que sacó fuerzas de flaqueza para presentarse ante los micrófonos, Italia jamás había infravalorado al rival: "Puedo garantizarles que conscientemente nunca hemos subestimado a El Salvador, porque sabíamos muy bien que podía causarnos muchos problemas". En cuanto a los motivos por los cuales el equipo no emuló aquella hazaña que tanta admiración despertó contra Suiza, el pivote defensivo italiano tiene su propia teoría: "Estábamos demasiado nerviosos, no hemos podido jugar como sabemos. Nos pesaba demasiado el partido y nos hemos arrugado ante la responsabilidad del momento".

Sin embargo, no se trataba en absoluto de su primer encuentro en esta fase final. Los azzurri ya habían roto el hielo tiempo atrás y a lo grande, y habían demostrado hasta el momento que eran capaces de superar la adversidad, que sabían remontar un partido. Baste recordar que, aparte de la gesta conseguida contra Suiza, los italianos habían arrinconado contra las cuerdas a Irán en su primer partido de la presente edición.

Estas actuaciones, al fin y al cabo, han curtido a los hombres de Esposito, pero quizás también los han debilitado, como nos explicó el propio seleccionador al final del partido: "Por desgracia, esta tarde sufrimos la ausencia de muchos jugadores por sanción o lesión y hemos acusado también el cansancio mental. Como faltaba Leghissa, he hecho que Marucci jugara durante más minutos. El equipo ha evolucionado bien sobre la arena, aunque le ha faltado un pelín de experiencia con el balón en los pies y no ha acabado de aprovechar la posesión".

Sin el capitán Leghissa ni el artillero Soria, y con Feudi a medio gas, el equipo perdió combatividad y potencial ofensivo, y en ningún momento encontró la fórmula para pararle los pies a un muchacho fabuloso, el salvadoreño Frank Velásquez. El dorsal número 11 de El Salvador jugó en estado de gracia, hasta el punto de que anotó cuatro goles, incluida la diana decisiva en el tiempo suplementario que condenó a los italianos. Velásquez dio alas a El Salvador, pero en la primera parte Italia había volado mucho más alto, espoleada por los tantos de su homólogo, Paolo Palmacci.

En cualquier caso, hemos jugado un Mundial estupendo, y debo felicitar a mis muchachos por lo bien que lo han hecho.

Uno de los jugadores italianos que más destacaron en el encuentro de la eliminación fue precisamente el propio Palmacci, el líder del grupo y autor de cuatro anotaciones, quien muy posiblemente jugó ayer su mejor partido con la camiseta azzurra, aunque en vano. Massimiliano Esposito tuvo palabras de elogio y gratitud para su número 11 y para el resto de sus pupilos, que al final recibieron el caluroso aplauso de los espectadores. "En cualquier caso, hemos jugado un Mundial estupendo, y debo felicitar a mis muchachos por lo bien que lo han hecho”, manifestó el entrenador. “Creo que el equipo ha correspondido al cariño que le ha dedicado este espléndido público".

Ahora, Esposito debe encarar la delicada misión de pasar página lo antes posible y, sobre el actual armazón del equipo, ampliar la plantilla y mejorarla cualitativamente. Con ello, conseguirá que la desilusión no se instale en el seno del fútbol playa italiano, que por otra parte posee una de las estructuras más competitivas y desarrolladas del mundo. Pero, sobre todo, demostrará que ha aprendido la dura lección de la arena: un gol de ventaja no significa absolutamente nada, porque basta un segundo para que suenen campanadas.

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