Todas las frases hechas que nos ha dado el fútbol sobre los guardametas y su triste destino de ser los únicos jugadores que buscan evitar los goles en vez de marcarlos valen muy poco en el beach soccer actual, por no decir nada. La velocidad del juego y el refinamiento táctico de los equipos han registrado una evolución pasmosa en la última década, que se ha visto acompañada del correspondiente cambio en el papel de los arqueros. Hasta el punto de que, actualmente, son uno de los elementos fundamentales para anotar tantos.

“Hoy en día, en la mayoría de los casos, el portero es responsable de en torno a un 60% de los goles marcados en una competición. Pensemos en equipos como Irán, España o Italia: la capacidad del guardameta de mandar balones altos con la velocidad y la precisión adecuadas es lo que define buena parte de su juego”, explica a FIFA.com el canadiense Ross Ongaro, uno de los miembros del Grupo de Estudios Técnicos de la FIFA en el Mundial de Espinho.

“Es el arquero quien dicta el ritmo del juego y decide quién recibe el balón en cada acción ofensiva. Para eso, debe valorar: ¿el principal atacante del equipo está siendo marcado por el segundo o el tercer mejor defensa del rival? ¿El equipo contrario está cansado, y entonces conviene acelerar el juego? En realidad es como un base en el baloncesto o un quarterback en el fútbol americano. El entrenador puede diseñar las jugadas, pero quien toma las decisiones estratégicas es el guardameta”.

¡Y también rápido!
Por si esa responsabilidad no bastase, hay un elemento más: todas y cada una de esas decenas de decisiones en cada partido deben tomarse en un máximo de cuatro segundos, el tiempo de que disponen los equipos en el beach soccer para sacar el balón de sus áreas. “En ese tiempo, tengo que mirar todo el campo, optar por la mejor opción y pensar también cómo le gusta recibir el balón a ese jugador”, cuenta el español Dona, Guante de Oro adidas en la última edición de la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA, celebrada en Tahití hace dos años.

Y no se trata únicamente de las preferencias personales de cada jugador que puede recibir el lanzamiento, sino de movimientos tácticos que los guardametas deben observar bajo los tres palos, y ante los que deben reaccionar. “Yo utilizo como referencia el pie bueno. Considerando a un diestro, cuando cae por la derecha, sabemos que es un balón rápido. Si es un zurdo, en la diagonal, el lanzamiento es alargado y más bajo. Y cuando el pívot cae por el centro, la pelota tiene que llegarle de la rodilla para abajo, para permitir o bien controlar y girar hacia la portería o cruzar para los alas”, analiza para FIFA.com Mão, que, aunque pueda parecer entrenador, es el arquero brasileño. “Hasta cierto punto, es algo matemático: hay que calcular el movimiento, el tiempo que se tiene y el paso de cada compañero”.

Lanzar, lanzar y lanzar
Para llegar a ese punto hacen falta, eso sí, muchos entrenamientos. “No es casualidad que actualmente la mayoría de los equipos tengan un entrenador de porteros, que intenta trabajar específicamente la distribución”, explica Ongaro. Esos entrenamientos no se limitan a practicar situaciones de juego, sino que siguen metodologías específicas, como la que describe Mão. “Nosotros, en concreto, utilizamos blancos situados en áreas que simulan los tipos de balones que se emplean en un partido: paralelos, centrales y diagonales. Todos los días, en cada entrenamiento, repito de 50 a 100 lanzamientos. Cansa, pero así se mecaniza el movimiento y se consigue ejecutarlo sin pensar”.

“Por todo eso, ya no se habla de los sistemas tácticos del beach soccer como 1-3, 2-2 o 3-1. Ya no: decimos 1-3-1, y así sucesivamente”, aclara Ongaro. “Hoy en día, el arquero participa tanto que es necesario incluirlo también en la nomenclatura de los sistemas”. Dentro de la arena, no hay sitio para la soledad: nadie es más popular que el arquero.