Al preguntársele a qué cree que se debe la enorme popularidad de la selección tahitiana de beach soccer entre los habitantes de Espinho, Raimana Li Fung Kuee deja clara la respuesta incluso antes de pronunciar la primera palabra: con una sonrisa de oreja a oreja. La simpatía y la amabilidad, tanto como su calidad en la arena, hacen que los Tiki Toa se hayan convertido en prácticamente ciudadanos honoríficos de Espinho en el poco más de un mes que llevan aquí, desde que llegaron para su periodo de adaptación y entrenamientos antes de la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA. 

“Esa es la mayor riqueza de nuestro país: la gentileza, las sonrisas. Es nuestro sello característico. Poder viajar al extranjero y compartirlo con otros pueblos es lo más bonito que nos ha dado el deporte en estos últimos años”, dice a FIFA.com Kuee, Balón de Bronce adidas en la anterior edición del Mundial, celebrada precisamente en Tahití, en la que los suyos fueron semifinalistas. “Espinho ya es nuestra casa: siempre nos entrenamos en la playa, visitamos las escuelas de surf —porque en nuestro país también las tenemos—, viajamos hasta Porto, intercambiamos regalos. Hasta el punto de que la gente se ha acostumbrado a nosotros. Y después del torneo voy a pasar unos días más aquí con mi familia, para visitar la región”.

Desde el principio, los tahitianos se encontraron tan cómodos en la Costa Verde que, entre sus paseos, han incluido un destino que no es exactamente el preferido de las opciones turísticas. El guardameta Jonathan Torohia es bombero en su país, y quiso aprovechar el viaje para visitar la sede de sus compañeros Bomberos Voluntarios de Espinho. “Para mí es una atracción: conocer a mis colegas, ver cómo trabajan y qué equipos utilizan en otra parte del mundo”, explica —riéndose, huelga decirlo— el dorsal número 1 tahitiano.

Favoritos y aun así simpáticos
La simpatía de los tahitianos ya nos había dejado un puñado de anécdotas parecidas en otras ocasiones, especialmente en su histórica participación en la Copa FIFA Confederaciones 2013, cuando el público brasileño se apasionó por el equipo que representaba a Oceanía. En Portugal, la gran diferencia es que en el caso del beach soccer no se trata de un plantel que se contenta con tener la oportunidad de disputar el torneo, sino que figura entre los favoritos.

Entre su primera participación en un certamen mundialista de la FIFA —de fútbol campo, la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Egipto 2009—, la clasificación para la gran cita del beach soccer de Rávena 2011 y la brillante campaña en el Mundial de esta disciplina que organizó dos años después, los últimos tiempos han cambiado por completo el perfil de Tahití.

“Todo ha ocurrido muy rápido, y en el caso del beach soccer nuestro desarrollo nos ha permitido convertirnos realmente en un equipo capaz de rivalizar con los mejores del mundo, aun siendo una pequeña isla del Pacífico”, afirma Kuee, poco después de la victoria sobre Paraguay que aseguró a los tahitianos su presencia en los cuartos de final del Mundial a falta de una jornada en la fase de grupos. “Ya no somos una sorpresa, y la gente espera grandes cosas de nosotros, pero creo que hemos aprendido bien a afrontar esas expectativas. Y, sobre todo, lo que no podemos dejar de hacer, seamos desconocidos o candidatos al título, es seguir sonriendo. Así es Tahití”.